Pensar el pesar sinaloense por José Gaxiola López

Ha sido un año terrible. De miedo constante, particularmente en Culiacán y en puntos circunvecinos. Ahí, en donde sus habitantes viven en arresto domiciliario sin ser culpables, sin mediar sentencia alguna. Hay mortandad en exceso, demasiados desaparecidos, pérdidas incontables (materiales e inmateriales) en un estado otrora mensajero de esperanza, alegría, amistad y bonhomía.

En esta confusión sangrienta, de terror, de desorden planeado, organizado por quien sabe con qué capricho o, por seres encarnando razas antiguas señaladas por la venganza, por la sangre. Y ya nos pusieron en riesgo, en la incertidumbre y en el desprestigio al ver que las cosas suceden como inalterables, irresolubles, como con cierta normalidad. Pero NO ES NORMAL, aunque algún gobernante o “científico” lo declaren. No por esa razón debes pensarlo, por el contrario, rechaza expresiones que lo afirmen, destiérralas de tu lenguaje. No permitamos que tal situación se normalice y nos orille a la deshumanización.

A la juventud, inmersa en esta vorágine (que los mata) pedirle que entienda al mundo en el que están, que no son una generación perdida a la que los libros le parecen superficiales y leer no es lo de ellos, aprende de memes e imágenes de las redes. Que simplifica y opina con rapidez, porque cree saber todo. Que deja que el celular o su Tablet piense por ella, calcule y le ordene cualquier asunto, incluso falso, sin el mas mínimo margen de prueba porque un algoritmo lo repitió sin cansancio. Pedirle que piense que por su lugar se enseñorean ojos sin mirada, zumbido en los oídos, chácharas lujosas, apariencias y, fuerzas brutas aislando a la reflexión.

En este peligro de superficialidad y apresuramiento, también estamos los adultos y los adolescentes intimados, limitados en el pensamiento, en la lógica y en el juicio. Vale recordar regaños de nuestros padres y abuelos, cuando hacíamos alguna pendejada. Decían; porque no pensaste antes, en que estabas pensando, tan fácil que es pensar, porque no usaste la cabeza, primero piensa muchacho y otras. No olvidar aquel mandato de privilegiar el pensamiento. A recuperarlo para volver a nuestra esencia, porque nosotros no somos así.

El mandato nos llama a pensar lo merecedor de pensarse una y otra vez, lo que más urge que pensemos para actuar en consecuencia, para saber a qué atenernos. Sé que muchos lo han pensado, ahora toca pensar como congregación de esta situación que nos aflige, que nos concierne e interesa para vivir en paz. No solo lo que nos afecta personalmente importa, sino lo que daña al vecino, a los otros, que son personas congregadas ante nosotros, para nosotros. Algunos malpensados dirán que ni al caso, considerar al llamado superfluo, tacharlo de necedad o de grillaría. Pero caen en tergiversaciones, se exponen, adoptan la posición fácil para ahí llevarla, para seguir vagando enredado en el Internet y, en lo indeterminado. Olvidan que somos una congregación que llama a recoger compromisos depositados por vecindad y pertenencia, sin importar diferencias para superar lo que deba hacerse por este nosotros. Porque actuar así, es saber inclinarse hacia lo bueno.

Podemos estar de acuerdo en que la mayoría de nuestras instituciones no sirven o no funcionan. Pero nosotros las creamos, educamos a sus funcionarios, directivos y elegimos a sus mandantes que destrozan la confianza, la fiabilidad institucional. Su responsabilidad no disminuye a pesar del bombardeo de datos e información sin replica. Algunos se creen inteligentes, de disposición moral superior a todas luces desenmascarada. No es que por nuestra parte no aportemos a fin de corresponder los esfuerzos de solución.

Debemos confiar en que la exposición de la gravedad de la situación tenga la fuerza como para echar andar una actividad pensante, una voz manifestante y una acción demandante. Que no haya posibilidad de eludir con evasivas lo que deba hacerse, Que el daño y dolor causado nos haga recuperar la voz, la memoria, el ánimo, el recogimiento y el camino. Para no perder el rumbo gracias al rasgo precursor del pensar de cómo mantenerse en la vía. No pensar en la soledad enigmática, sino en el nosotros, en lo que realmente representamos.

Tenemos una memoria social que da significado y conmemoramos, agradeciendo nuestra esencia de ser sinaloenses. Nosotros que hemos inventado la felicidad, que sacamos lo mejor de la tierra, de la sierra y de los mares, hay que sustraer el ánimo ahora escondido en el fondo del corazón para poder llegar lejos. Recuperar los valores que perduran como la devoción, el trabajo, la amistad y la gratitud de permanecer congregado.

Agradecer sin retribuciones que se ofrenda en correspondencia. Volver a lo que por bien pensado y actuado nos llevaba decididamente hasta el último trance. Porque quien piensa profundo, ama lo más vivo.

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