El ascenso de Sergio Torres Félix-.
Culiacán, Sinaloa | 28 de enero de 2026. El diputado local y dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres Félix, se encuentra en estado crítico tras sufrir un atentado armado este miércoles al salir del Congreso del Estado. El legislador recibió dos impactos de bala en la cabeza, por lo que fue sometido a una intervención quirúrgica de emergencia y permanece en terapia intensiva con pronóstico reservado.
El ataque ocurrió sobre el bulevar Niños Héroes (Malecón Viejo), una de las vialidades más transitadas de la capital sinaloense, cuando sujetos armados dispararon directamente contra el vehículo donde viajaban Torres Félix y la diputada Elizabeth Rafaela Montoya Ojeda, también de Movimiento Ciudadano, que resultó lesionada.

Reacciones políticas: condena unánime
El atentado generó una reacción inmediata del sistema político estatal y nacional.
El dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Maynez, condenó el hecho:
Condenamos el ataque armado contra los diputados Sergio Torres y Elizabeth Montoya en Culiacán.
La crisis de impunidad y violencia de México, y en particular de Sinaloa, ha rebasado todos los límites.
Estaremos atentos a la información del caso y a que no haya impunidad.
El gobernador Rubén Rocha Moya condenó los hechos y aseguró que se desplegó un operativo especial de fuerzas estatales y federales para dar con los responsables, afirmando que “no habrá impunidad y se llegará hasta las últimas consecuencias”.
Desde la dirigencia nacional, Movimiento Ciudadano calificó el ataque como “un atentado directo contra la democracia” y exigió garantías de seguridad para legisladores y funcionarios públicos.
La bancada de Morena en el Congreso local expresó solidaridad con Torres Félix, mientras el PRI y el PAN coincidieron en que el hecho confirma que Sinaloa vive una crisis de violencia política sin precedentes.
En redes sociales, alcaldes, exdiputados, periodistas y organizaciones civiles señalaron que el atentado marca un punto de quiebre: por primera vez en años, un dirigente partidista en funciones es atacado en pleno centro de la capital, a plena luz del día.

Ascenso social
Sergio Torres Félix, nacido en Culiacán el 5 de junio de 1966, representa uno de los casos más visibles de movilidad social dentro de la política sinaloense.
Inició su vida laboral como modesto empleado de aseo y limpia municipal y trabajador sindicalizado del Ayuntamiento de Culiacán. Desde ahí escaló posiciones hasta convertirse en líder sindical, posteriormente en funcionario, legislador y alcalde.
Es Contador Público y Licenciado en Derecho por la UAS, y ha ocupado, entre otros cargos:
Regidor del Ayuntamiento de Culiacán Diputado local Diputado federal Presidente Municipal de Culiacán (2014–2016) Secretario de Desarrollo Social municipal Secretario de Pesca y Acuacultura del estado Dirigente estatal del PRI en Culiacán Actualmente: Coordinador estatal de Movimiento Ciudadano

Su papel en el Congreso
Torres Félix es diputado de Representación Proporcional por MC e integra órganos clave:
Junta de Coordinación Política Comisión de Pesca y Acuicultura (secretario) Comisión de Derechos Humanos Comisión de Fiscalización Comisión de Justicia
Su suplente, Carlos Alberto Sánchez Osuna, asumirá la curul mientras dure su proceso de recuperación.
Lectura política del atentado
Más allá del caso personal, el ataque a Sergio Torres Félix es interpretado en círculos políticos como:
Un mensaje directo al poder civil. Una señal de descomposición del espacio público Un punto crítico en la relación entre crimen y política en Sinaloa
Nunca antes, en tiempos recientes, un diputado en funciones había sido baleado tras salir del Congreso, en una zona céntrica, sin escoltas visibles y a plena luz del día.
Para muchos analistas, el atentado no solo pone en riesgo la vida de un político, sino la noción misma de gobernabilidad en un estado donde la violencia ya dejó de ser periférica y se volvió estructural.
Hoy, Sergio Torres Félix se debate entre la vida y la muerte. Su historia —de empleado menor municipal a alcalde, de líder sindical a dirigente estatal— se convierte, irónicamente, en símbolo de otra realidad: en Sinaloa, ni siquiera el poder político garantiza inmunidad frente a las balas.
