Hasta 650 mmdp costaría reconstruir Mazatlán si fuera devastada por un ciclón categoría 5

  • Seguramente volvería a levantarse, así lo hizo desde el siglo XIX, después de guerras, invasiones, epidemias, crisis económicas y huracanes. Hoy, la reconstrucción puede ser la oportunidad de ordenar y repensar la ciudad.-
  • Reconstruir Mazatlán podría llegar a 650 mil millones de pesos y regresaría a la normalidad plena entre 6 y 8 años.-
Por Mario Martini / Valentina Ramírez
Coordinación de campo: Brian Ramírez
Mazatlán, Sinaloa.

Mazatlán, Sin. 21 octubre 2025.-En el amanecer posterior al huracán Mario, Mazatlán vuelve a recordarse a sí misma. Como una ciudad que ha aprendido a sobrevivir entre viento, vaivenes del mar y las sacudidas del tiempo. Lo ha hecho antes —tras guerras, invasiones, epidemias, crisis económicas y otros huracanes— y volverá a hacerlo.

Desde el siglo XIX, cada golpe de la historia se ha convertido en un punto de inflexión: la reconstrucción del puerto tras los estragos de los invasiones de 1847 y 1864, la resurrección del comercio marítimo tras la fiebre amarilla, el auge turístico tras el ciclón de 1943, y la modernización urbana después del huracán Olivia en 1975. Hoy, casi medio siglo después, Mazatlán enfrenta un reto mayor: reconstruirse con inteligencia, planificación y respeto al territorio. El precio de crecer sin orden

Los estudios de vulnerabilidad elaborados por Conselva, Costas y Comunidades y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza muestran con crudeza los efectos acumulados de décadas de crecimiento urbano desordenado. Colonias levantadas sobre arroyos canalizados, humedales convertidos en fraccionamientos, deforestación en la cuenca del Presidio y una red pluvial incapaz de absorber lluvias cada vez más intensas.

El documento identifica más de 102 mil personas expuestas directamente a riesgos climáticos y prevé que, de no intervenirse, la cifra podría llegar a 144 mil habitantes vulnerables para 2030. Las zonas más frágiles siguen siendo las que bordean el estero Urías, el arroyo Jabalines y las márgenes del río Presidio. En palabras del estudio, la ciudad vive un desequilibrio socioambiental donde los servicios ecosistémicos —bosques, manglares, selvas bajas— se degradan al mismo ritmo en que crecen las áreas impermeabilizadas. Cada hectárea urbanizada sin drenaje adecuado se traduce en nuevos riesgos de inundación y pérdida de suelo fértil.

Costo y horizonte de recuperación

Costo base estimado 2027: $385 mil millones MXN (rango: Conservador $250–320 mil millones; Base $350–420 mil millones; Severo $500–650 mil millones).

¿Cuánto tardaríamos en “volver a la normalidad”?

  • Normalidad operativa (12–18 meses): restablecimiento de electricidad, agua parcial, ejes viales y aulas mínimas.
  • Normalidad urbana (3–4 años): servicios estables, mayoría de viviendas y comercios reconstruidos.
  • Normalidad plena (6–8 años): infraestructura crítica completa, salud y educación repuestas, obras mayores de protección costera y control pluvial.
Notas: Para 145 mil viviendas, un plan a 5 años exige ~29 mil unidades/año (~2,400/mes).
Redes: 2,000 km de agua, 2,000 km de drenaje y 2,500 km de vialidades requieren frentes simultáneos por cuadrantes.
Fuentes base: Protección Civil, Cruz Roja/FGS, SEDENA/IMSS, Gobierno Estatal, FMCN–Conselva 2025 y proyección P23 2027

Costo y horizonte de recuperación

Costo base estimado 2027: $385 mil millones MXN (rango: Conservador $250–320 mil millones; Base $350–420 mil millones; Severo $500–650 mil millones).

¿Cuánto tardaríamos en “volver a la normalidad”?

  • Normalidad operativa (12–18 meses): restablecimiento de electricidad, agua parcial, ejes viales y aulas mínimas.
  • Normalidad urbana (3–4 años): servicios estables, mayoría de viviendas y comercios reconstruidos.
  • Normalidad plena (6–8 años): infraestructura crítica completa, salud y educación repuestas, obras mayores de protección costera y control pluvial.

Notas: Para 145 mil viviendas, un plan a 5 años exige ~29 mil unidades/año (~2,400/mes).
Redes: 2,000 km de agua, 2,000 km de drenaje y 2,500 km de vialidades requieren frentes simultáneos por cuadrantes.

Fuentes base: Protección Civil, Cruz Roja/FGS, SEDENA/IMSS, Gobierno Estatal, FMCN–Conselva 2025 y proyección P23 2027

Soluciones que ofrece la naturaleza

Pero la tragedia puede convertirse en oportunidad. En su portafolio de Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), Conselva propone restaurar el equilibrio entre la ciudad y su entorno: reforestar cuencas, recuperar los manglares que amortiguan las marejadas, promover techos y jardines verdes en el área urbana y diseñar corredores biológicos que conecten el Cerro de la Nevería con el sistema de esteros y el río Presidio. En síntesis: convertir el espacio territorial actual en una ciudad esponja.

¿Qué es una ciudad esponja y para qué sirve?

Una ciudad esponja es un territorio urbano diseñado para absorber, infiltrar y almacenar el exceso de agua de lluvia —o de marea— reduciendo así las inundaciones y la escorrentía, al mismo tiempo que reutiliza esa agua como recurso para la ciudad. En lugar de ver el agua como un enemigo al que hay que evacuar rápidamente, se le permite permanecer —en jardines hundidos, pavimentos permeables, humedales urbanos o techos vegetados— para luego liberarse de forma controlada o recargarse en el subsuelo.
Los beneficios de una ciudad esponja son múltiples: reduce el riesgo de inundaciones, mejora la calidad del aire y del agua, disminuye la isla de calor urbano, y puede incluso recargar acuíferos y generar nuevos espacios verdes para la comunidad.
En el mundo, ciudades como Shanghái y Copenhague han impulsado programas de infraestructura verde con este enfoque. En México, distintas urbes han comenzado a incorporar jardines de lluvia, captación pluvial y áreas de retención como parte de su adaptación climática.

Recomendaciones de Conselva

Conselva ha planteado una serie de acciones específicas para que Mazatlán avance hacia el modelo de ciudad esponja: pavimentos permeables en avenidas y camellones, jardines de lluvia, sistemas de captación pluvial en edificios públicos y privados, pozos de infiltración y lagunas de regulación; restauración del estero El Infiernillo como vaso regulador y barrera natural; integración paisajística e hidráulica de los arroyos urbanos (Jabalines, Urías y afluentes) como corredores de gestión hídrica y biodiversidad; y reforestación de la cuenca del Presidio para disminuir escorrentías y azolves.
Asimismo, propone actualizar reglamentos de construcción y uso de suelo para que todo nuevo desarrollo incorpore infraestructura verde y superficies permeables mínimas; planear el crecimiento “de la cuenca hacia la ciudad” (enfoque de gestión integrada del agua); crear incentivos fiscales para techos y muros verdes; y establecer un programa municipal permanente de mantenimiento de drenes, desazolves y monitoreo de puntos críticos de inundación.

Reconstruir con planeación y memoria

El desafío inmediato es evitar repetir los errores de 1975 y 2025. La reconstrucción no puede limitarse a levantar muros y reponer techos, sino a redefinir la relación entre el mar, la ciudad y sus habitantes. Los planes parciales del Centro Histórico y de la Zona Dorada deberán incluir medidas para fortalecer la infraestructura verde, preservar edificios patrimoniales y crear refugios climáticos comunitarios.
El Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) y el Ayuntamiento cuentan con diagnósticos técnicos sólidos. Lo que falta, advierten los expertos, es voluntad política y coordinación entre los tres niveles de gobierno para traducirlos en acciones tangibles. Mazatlán tiene ante sí la posibilidad de convertirse en un modelo de resiliencia costera en el Pacífico mexicano. La memoria como brújula Los mayores del puerto aún recuerdan el rugido de Olivia, y ahora sus nietos cuentan la furia de Mario. Entre ambas tormentas hay un hilo invisible: la obstinación mazatleca de no rendirse.
El viento destruye, pero también limpia. Y el agua, cuando se le escucha, enseña por dónde no volver a construir. Si algo distingue a Mazatlán es su capacidad de levantarse sobre su propia historia. No desde la nostalgia, sino desde la inteligencia colectiva que aprendió —a fuerza de golpes— que la naturaleza no perdona el descuido, pero recompensa la prudencia…y la planeación ordenada.
Fuentes: Estudios de Vulnerabilidad Socioambiental ante el Cambio Climático (FMCN-Conselva, 2025); Portafolio de Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN); IMPLAN Mazatlán; Plan Parcial del Centro Histórico. © Paralelo 23 Comunicación www.paralelo-23.com

Galería

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario