En febrero de 1944, el gobernador de Sinaloa fue asesinado en plena madrugada de Carnaval.
Por Mario Martini |Especiales P23 | Parte II
No fue un asalto.
No fue un arrebato.
Fue un crimen que expuso una lucha por el poder en el México posrevolucionario.

El gobernador Rodolfo T. Loaiza cayó a las 1:45 de la madrugada mientras Mazatlán seguía celebrando.
La disputa que nadie quería admitir
Desde 1943, la sucesión en Sinaloa estaba en tensión. Loaiza representaba una corriente dentro del grupo revolucionario dominante. No todos estaban cómodos con su liderazgo.
Había encabezado la persecución de agricultores del sur de Sinaloa que jamás apoyaron sus aspiraciones, utilizando la bandera del agrarismo cardenista aunque en la región no había latifundios. Loaiza era señalado de haber ordenado el asesinato de Poncho Tirado, el presidente municipal más querido de todos los tiempos, para quitarlo del camino hacia la gubernatura.
El nombre que comenzó a mencionarse fue el del general Pablo Macías Valenzuela, jefe de la Tercera Región Militar, enemigo jurado de Loaiza.
Años después, publicaciones retomadas por Paralelo 23 rescataron declaraciones donde se le señalaba como presunto autor intelectual.
Macías lo negó.
Llamó al crimen “asqueroso”.
Pero la sospecha nunca desapareció del todo.

El Gitano y la frase que reabrió la herida
El presunto autor material, Rodolfo Valdez Valdez, “El Gitano”, aseguró que actuó por órdenes superiores.
Yo asesiné al gobernador porque lo ordenaron”.
La frase volvió a circular décadas después y reavivó una pregunta que sigue abierta:
¿Quién se benefició con la muerte del gobernador? La respuesta a boten pronto: el general Macías Valenzuela que lo suplió en el cargo y luego ganó la gubernatura en la elección siguiente.
¿Un parteaguas en la violencia política?
Historiadores locales sostienen que el asesinato marcó un antes y un después en Sinaloa.
El mensaje fue claro: las disputas internas podían escalar hasta el magnicidio. Aunque después, la intriga llegó hasta el círculo político de Maximino Ávila Camacho..
Después de 1944, la violencia política no desapareció, pero cambió de forma.
El símbolo que quedó
El dato que más pesa no es solo la bala.
Es el escenario.
Carnaval.
Música.
Luces.
Un gobernador muerto.
Mazatlán siguió celebrando cada año.
Pero la política ya no volvió a ser la misma.
Papel del general Cerón Medina
En el entramado apareció otro nombre clave: General Rafael Cerón Medina, quien firmó la licencia del Gitano para que pudiera portar armas, especialmente una pistola .38 súper, la favorita de “los dorados”

Transcripción del documento
REPÚBLICA MEXICANA
SECRETARÍA DE GUERRA Y MARINA
(En sello lateral: Secretaría de la Defensa Nacional)
ASUNTO: Se le concede licencia para la portación de arma de fuego.
Mazatlán, Sin., 29 de mayo de 1942.
Sr. Rodolfo Valdez
Presente.
ANTECEDENTES: Su escrito sin fecha, y esta Jefatura…
(Parte del texto central ilegible por deterioro y manchas)
Se hace constar que se le concede licencia para la portación de arma SUPER calibre 38, número 30558…
…la presente en Mazatlán, Sin.
SUFRAGIO EFECTIVO. NO REELECCIÓN.
(Firmas manuscritas ilegibles parcialmente por manchas)
Nombre de quien autoriza (visible en firma y texto)
Se distingue:
General Brigadier D.E.M. Rafael Cerón Medina
(El resto de firmas manuscritas están parcialmente cubiertas por manchas de tinta y no son legibles con claridad suficiente).
Declara Cerón Medina
Presente el C. General Brigadier Rafael Cerón Medina declaró:
—Que como a los 45 minutos del día lunes de carnaval se encontraba en el casino Benito Juárez, en compañía de los generales Flores Palafox e Ignacio Medina Otero, cuando llegaron rumores de que el coronel Loaiza había sido muerto; inmediatamente se dirigieron a la guarnición de la Plaza para tomar las medidas necesarias para la aprehensión del Gitano, ya que antes habían acudido al Hotel Belmar donde el señor Alfredo Duarte Chaydez les había informado de que el asesino había sido el Gitano.—
Su figura conectaba estructuras militares con el poder civil regional. No hubo sentencia que probara conspiración mayor. Pero tampoco hubo narrativa única que convenciera a todos.
El expediente nunca cerró del todo en la opinión pública.
El castigo a Cerón Medina fue enviarlo a un regimiento desmantelado a Sonora.
Declara el Gitano
Consignado en un grueso expediente, Rodolfo Valdez Valdez declaró:
Estuvimos en la tarde dando vueltas por Mazatlán. Visite a unos amigos y nos fuimos al Regis para hacer tiempo…”
Luego relata que llegaron el Belmar él, su cuñado Manuel Echegaray y Felipe @el gustillo” Gil.
Nos sentamos en la barra, donde invité refrescos a unos amigos…Esperé que tocara la música, el gobernador y la reina no se pararon a bailar. Me dirigí hacia ellos, los guardaespaldas me dejaron pasar porque me conocían, pasé detrás de la mesa y disparé…”
Declara que salieron corriendo hacia la calle, entre dispares de los guardaespaldas que hirieron a Echegaray. Afuera los esperaba un auto en marcha que los sacó de la ciudad con rumbo a La Palma Sola. El vehículo falló y tuvieron que detenerse a la salida del puerto, mientras un convoy militar pasaba veloz con rumbo a la ciudad.
¿El fin de una secuela de violencia política?
Algunos historiadores sostienen que el asesinato de Loaiza marcó el cierre de una etapa.
Hasta entonces, la violencia política en Sinaloa funcionaba como mensaje interno: disciplinamiento, advertencia, ajuste de cuentas entre facciones revolucionarias.
Después de 1944, el régimen entendió que los magnicidios regionales erosionaban la estabilidad nacional.

No desapareció la violencia.
Pero cambió de forma.
El carnaval como símbolo
El dato más poderoso no es solo el crimen.
Es el escenario.
Mazatlán celebraba. La música sonaba. La ciudad estaba enmascarada.
El poder fue ejecutado mientras la fiesta seguía.
Ese contraste convirtió el asesinato en mito político.
No fue solo un homicidio.
Fue una escena histórica.