Observatorio | ¿Quién levanta la mano? | Mario Martini

Por Mario Martini | P23

Algunos tal vez piensen que el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, generó en automático una larga fila de aspirantes con la mano en alto, listos para asumir el cargo de CEO del poderosamente evidente imperio criminal del Cártel Jalisco Nueva Generación.

La lógica empresarial aplicada al crimen organizado sugiere eso: cae el jefe, se abre la vacante. Y en un cártel con estructura vertical, músculo financiero, presencia internacional y control territorial en buena parte del país, el relevo no es menor. No se trata de dirigir una tiendita de barrio; se trata de heredar una marca con franquicias, rutas y alianzas internacionales. 

Pero el momento no parece propicio para entusiasmos.

En entrevista con Jorge Fernández Meléndez, la Zar Antidrogas de Estados Unidos Sara Cárter lanzó un mensaje que no permite interpretaciones, y tampoco es una invitación al ascenso corporativo: quien levante la mano para suceder al liderazgo del CJNG será objetivo prioritario del gobierno estadounidense. 

“No tendrán dónde esconderse”, advirtió. Vamos a ir por ustedes. Los vamos a agarrar. Los vamos a destruirlos”, advirtió.

En esas condiciones, la sucesión puede ser un premio fugaz, pero más bien tiene cara de sentencia.

Medir el agua a los camotes

Más que una estampida de aspirantes, lo que parece haber es previsión. El vacío de poder no siempre se llena de inmediato; a veces se administra. Se prueba el terreno. Se observa la reacción del gobierno mexicano, pero sobre todo la del estadounidense.

El mensaje que vino de Washington no fue retórico. En el contexto actual —con presión bilateral, listas negras ampliadas, cooperación reforzada y un discurso de mano dura de Donald Trump que ya olió la sangre en Tapalpa, asumir la sucesión equivale a colocarse una Diana en la frente. Y ningún jefe criminal sobrevive mucho tiempo cuando se convierte en “target prioritario”.

Si alguien decide alzar la mano, solo caben dos hipótesis:

1. El kamikaze.

El que asuma el poder se sacrificaría por el grupo. Su viaje será efímero, pero el control inmediato pudiera satisfacer egos. Intentar reacomodar  fuerzas, aplastar rivales internos y externos, aun sabiendo que la cacería internacional será inmediata. Tendría que dejar de dormir. 

2. El negociador.

El que entiende el poder como moneda de cambio. Tomar el control para pactar condiciones: entregas selectivas, reducción de violencia estratégica, intercambio de información. No sería la primera vez que un liderazgo criminal busca sobrevivir menos por las balas que por los acuerdos.

Pero ambos escenarios parten de la misma premisa: el trono quema.

El imperio bajo presión

El CJNG no es solo una organización violenta; es una red financiera, logística y transnacional. Su poder se sostuvo en expansión territorial, brutalidad sanguinaria y capacidad de adaptación.

Pero si algo dejó claro el mensaje de Sara Carter es que el liderazgo visible será tratado como objetivo estratégico. Y en ese tablero, levantar la mano implica tener muchos talentos o ninguno.

¿Quién levanta la mano?

¿El hambre de poder?

¿El cálculo frío?

¿La desesperación interna por evitar fracturas?

¿O la tentación de negociar desde la cima?

Como ocurre en la política, levantar la mano en el crimen organizado puede ser mortaja y epitafio.

Con la advertencia directa de Washington, más que una fila ordenada de sucesores, lo que hay es cautela, lo que conocemos como “medirle el agua a los camotes”. .

Saludos cordiales

MM