Observatorio | De líder a ídolo | Por Mario Martini
Por Mario Martini | P23
Para pasar de líder a ídolo, el primer requisito es que los fieles seguidores esparzan la idea de que no estás muerto.
Así nacen las leyendas.
Elvis Presley nunca se fue de Las Vegas.
Juan Gabriel sigue apareciendo en conversaciones íntimas.
Pedro Infante camina, dicen, por calles de Mérida.
La mitología popular necesita un ingrediente esencial: la duda.
Y esa categoría de leyenda se consigue con el misterio de la muerte y la poca información de las pompas fúnebres, como ocurre con el supuesto abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, que ha estado bajo sospecha desde el operativo en Tapalpa hasta el cortejo fúnebre que, según imágenes de moto-reporteros que siguieron al convoy a la salida de la FGR, “ni caja mortuoria visible llevaba, si acaso un bulto envuelto en una bolsa blanca forense…”.
El hermetismo no apaga rumores. Los alimenta.
No se conoce la identidad pública de la persona que reclamó el cuerpo. Se informó que presentó coincidencia genética como prueba. Un ADN como carnet de identidad.
Pero el misterio persiste.
También resulta sospechoso el descuido oficial de la escena en Tapalpa, donde reportes señalan que civiles pudieron ingresar sin mayores restricciones. ¿En verdad el líder criminal más poderoso del mundo —con ingresos estimados por agencias internacionales en decenas de miles de millones de dólares anuales— llevaba contabilidad escrita a mano como tienda de barrio? ¿O esas “pruebas” quedaron ahí para construir una narrativa conveniente?
La historia enseña que cuando la muerte es borrosa, el mito crece.
Todos esperarían un sepelio monumental, una demostración de fuerza del llamado Cártel Jalisco Nueva Generación, organización que presume su poderío en redes sociales. Pero no ocurrió.
Y ahí está la clave.
Con los elementos disponibles, parece que el gobierno operó no sólo para neutralizar a un objetivo criminal, sino para desactivar la liturgia del martirio. Evitar que el líder mutara en ídolo.
Porque los líderes mueren.
Los ídolos no.
Saludos cordiales,
MM
