Mazatlán limpia manglares pero no toca a los responsables

Por Paralelo 23 | Especiales

Hay imágenes que no admiten discurso: ramas arrancadas, concreto roto, bolsas negras abiertas como heridas, y una retroexcavadora empujando lo que debería estar protegido por ley. Mazatlán amaneció otra vez limpiando lo que nunca debió ensuciarse.

El dato oficial es contundente, pero incompleto: 42 toneladas de residuos retirados, de las cuales 32 toneladas son escombro de construcciones. No basura doméstica. No irresponsabilidad ciudadana total. Escombro. Material de obra. Restos de desarrollo.

La autoridad presume la colecta como hazaña, pero no investiga. No denuncia. No castiga.

El propio gobierno municipal lo admite sin decirlo del todo: los esteros —Infiernillo, Urías, El Castillo— están siendo usados como tiraderos. Como vertederos.

No completamente por vecinos o turistas irresponsables. Por constructoras a las que les interesa la ganancias y muy poco el daño ecológico porque -al terminar de construir-recogerán sus utilidades y abandonarán la plaza, dejando la víbora chillando para autoridades omisas y para las generaciones que tendrán que lidiar con los efectos del cambio climático que cada vez están más cerca, según reciente estudio circulado por la organización ciudadana Conselva, Costas y Comunidades.

En medio del boom inmobiliario que ya lleva más de 15 años, Mazatlán creció hacia el agua, sobre el agua y, en muchos casos, contra el agua. Sin transparencia suficiente. Sin vigilancia efectiva. Sin consecuencias.

.Invadió esteros, humedales, lagunas y manglares ante la complacencia de autoridades de los 3 niveles: “desarrollo al precio social y ecológico que sea”, ha denunciado la AC Acciones Colectivas de Sinaloa que encabeza el Despacho Jurídico Álvarez y Asociados.

Las jornadas de limpieza —loables, necesarias— terminan funcionando como una especie de ritual fugaz: limpiar lo que el negocio ensucia. Y funciona también como una invitación a seguir ensuciando, al fin y al cabo habrá quien venga a limpiar con costo al erario público.

Ecología sin responsables

Dos mil voluntarios. Estudiantes. Funcionarios. Colectivos. Todos recogiendo lo que otros tiran. Pero en la escena falta alguien: el responsable. Ni nombres. Ni sanciones. Ni clausuras ejemplares.

Mientras tanto, organizaciones como Conselva, Observatorio Ciudadano de Mazatlán y el portal Son Playas han documentado durante años violaciones sistemáticas a la normatividad ambiental y la reducción sistemática de zonas naturales de amortiguación que funcionan como defensas de la ciudad ante fenómenos meteorológicos.

“No hay desastres naturales, los desastres los hacemos las personas al atentar contra la ecología”, ha reiterado Raquel Zapién de Son Playas.

Denuncias que han llegado hasta instancias federales como Semarnat y Profepa. Denuncias que, por lo regular , se diluyen o se convierten en amenazas contra quien denuncia o documenta infracciones a la ley.

El costo de señalar

No es un dato menor que voces como la de Sheila Arias, desde el Observatorio Ciudadano de Mazatlán, hayan denunciado irregularidades en desarrollos inmobiliarios… y enfrentado presiones que ameritaron denuncia penal y medidas de protección para la periodista.

Porque en Mazatlán, como en muchas ciudades donde el dinero corre más rápido que la ley, defender el manglar puede ser más riesgoso que destruirlo.

El manglar no es paisaje, es defensa El problema no es estético. No es una postal sucia.

El manglar es infraestructura natural: protege contra huracanes filtra contaminantes sostiene biodiversidad regula el equilibrio costero

Destruirlo —o usarlo como basurero— no es solo ilegal: es hipotecar el futuro ambiental de la ciudad.

La simulación perfecta

Mazatlán limpia.

Mazatlán convoca.

Mazatlán suma voluntades.

Pero también: Mazatlán calla nombres. Mazatlán evita responsabilidades. Mazatlán normaliza el daño.

Y así, entre jornadas ecológicas y boletines optimistas, se construye una narrativa cómoda: la del “esfuerzo” gubernamental sin meterse en conflictos regulatorios o sanciones ejemplares para detener la impunidad.

Porque si el gobierno ya reconoció el problema, si hay evidencia, si hay toneladas cuantificadas, ¿por qué no hay responsables?

Porque mientras el manglar siga siendo más fácil de limpiar que de proteger, Mazatlán seguirá creciendo temerariamente sobre su propio encubrimiento.