Mazatlán, Sin. | 10 abril 2026 | Redacción P23
Escuinapa no está en calma. Está en crisis. En menos de tres semanas, cinco policías municipales han sido asesinados, lo que detonó la renuncia de al menos 32 elementos y un paro activo dentro de la corporación.
La salida masiva ocurre en medio de una escalada de violencia vinculada a la disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa, que ha convertido al sur del estado en una zona de alta tensión.
Los agentes que permanecen en funciones han denunciado falta de garantías de seguridad y problemas salariales, lo que agrava el debilitamiento institucional en el municipio.
Este escenario no es aislado. Desde 2025, Escuinapa ha registrado enfrentamientos armados, bloqueos carreteros y uso de drones con explosivos en la región, como parte de la guerra interna del crimen organizado.
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A pesar de este contexto, la Secretaría de Turismo de Sinaloa confirmó la realización de la edición 122 de las Fiestas del Mar de Las Cabras, del 21 al 25 de mayo.
La Secretaría de Turismo de Sinaloa informó que el evento se realizará del 21 al 25 de mayo de 2026, con una expectativa de entre 60 mil y 80 mil asistentes y una derrama económica estimada en 60 millones de pesos.
La festividad, conocida por la instalación de cerca de 890 enramadas en la playa de Las Cabras, reúne a familias enteras que se trasladan durante varios días para convivir, acampar y participar en actividades culturales, gastronómicas y musicales.
Autoridades como Celia Jáuregui Ibarra, subsecretaria de Turismo, destacaron que se trata de una tradición que “fortalece la identidad local”, mientras que el alcalde Víctor Manuel Díaz Simental subrayó que estos eventos fomentan la convivencia social y el orgullo comunitario.

Autoridades estatales y municipales sostienen que la celebración fortalece la identidad cultural y la convivencia social, incluso en un entorno marcado por la violencia.
EDITORIAL P23
La escena es incómoda:
un municipio que pierde a su policía… y al mismo tiempo se prepara para celebrar.
No es contradicción. Es síntoma.
Cuando el Estado se debilita, la sociedad no desaparece: ocupa el espacio.
Las enramadas en la playa no son solo tradición.
Son una forma de sostener comunidad en medio del miedo.
Escuinapa no está negando la violencia.
Está aprendiendo a convivir con ella.
Y eso es, quizá, lo más inquietante.
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