Más de 100 menores asesinados y miles desplazados: la infancia como territorio de la violencia
Sinaloa | 13 de abril de 2026 | Por Mario Martini | P23
La violencia derivada de la disputa interna del Cártel de Sinaloa no solo se mide en homicidios: también expulsa, rompe familias y transforma la infancia en un territorio de sobrevivencia.
Registros extraoficiales documentan al menos 106 niñas, niños y adolescentes asesinados en 17 meses, desde septiembre de 2024. Algunos murieron en fuego cruzado; otros, en ataques directos contra sus padres y algunos más por cautiverios prolongados.
A este escenario se suma el desplazamiento forzado interno, que obliga a familias completas a abandonar su vida de un día para otro.
Parte de guerra
- Más de 100 menores asesinados
- Desapariciones sin registro de adolescentes de 13 a 17 años
- Reclutamiento y cautiverio forzado documentado
- Más de 90 adolescentes detenidos por delitos mayores
Infancias del desplazamiento
De acuerdo con José Carlos González Alarcón, dirigente de la organización Human RIGTH México. el fenómeno ha escalado en el sur del estado.
Actualmente registran 1,547 familias desplazadas en Mazatlán, provenientes de comunidades de Rosario, Concordia y San Ignacio, así como de otros estados como Guerrero, Zacatecas y Veracruz.

Niñez afectada
El registro incluye:
- 820 niñas y niños
- 234 adolescentes
Entre los casos documentados se reportan:
- Agresiones físicas y sexuales
- Dos casos de trata de menores (recuperados)
- Menores utilizados en actividades vinculadas a grupos delictivos
- Depresión y riesgo suicida
- Enfermedades graves, incluido cáncer
- Trauma severo por exposición a violencia armada
Hay menores que no pueden convivir socialmente; el trauma por las bombas los marcó”.
Testimonios

Dos niños de la comunidad de El Naranjo, en Concordia, quedaron solos tras el asesinato de sus padres. La familia había aceptado regresar a su comunidad bajo promesas de seguridad. Ya de vuelta, los adultos fueron ejecutados. Los menores fueron enviados en un autobús desde la sierra hasta la central camionera, sin acompañamiento institucional. Desde ahí, una red civil logró trasladarlos a Sonora. El retorno, en este caso, fue la antesala de la tragedia.
Revictimización
En otro caso, una mujer desplazada denunció agresiones sexuales y amenazas de muerte contra ella y sus hijas. La carpeta no avanzó. Tiempo después, autoridades le solicitaron volver a denunciar porque “no encontraban el expediente”. Ante la revictimización y el riesgo, la familia fue reubicada fuera de su comunidad, sin garantías de justicia. La impunidad no solo detiene los procesos: obliga a huir otra vez.
Dormir entre muertos
Uno de los relatos más extremos documenta a un niño desplazado junto a sus hermanos. Su madre fue víctima de violencia sexual y permaneció retenida durante dos semanas en un cuarto donde había múltiples cuerpos sin vida, en la zona de Matatán. El menor fue rescatado en condiciones críticas. Se le habilitó un espacio improvisado en una vivienda abandonada; una carretilla funcionó como cama. El niño falleció tiempo después y fue sepultado en el panteón de Urías. Su caso permanece bajo resguardo por la sensibilidad y el riesgo que implica su exposición.


la muerte como destino
Denuncias sin respuesta
La organización reporta 9 denuncias penales sin avance, además de otros casos que no se denuncian por falta de credibilidad en las autoridades.
Hay más casos que no se denuncian por la falta de confianza en las instancias”, afirma González Alarcón.
Atención desde la sociedad civil
Ante la falta de respuesta institucional suficiente, la asociación ha intervenido en:
- Más de 600 menores reinsertados en escuelas en Mazatlán
- Cerca de 160 cirugías anuales gestionadas en IMSS, Hospital General y traslados a Culiacán y Ciudad de México

Retornos sin condiciones de seguridad
La organización advierte sobre retornos sin garantías: en comunidades rurales de Sinaloa, como Las Iguanas, se documentaron casos donde familias fueron regresadas sin condiciones mínimas de seguridad, quedando incomunicadas y atrapadas en medio del conflicto territorial.
Vida cotidiana alterada
La infancia en Sinaloa crece bajo condiciones de alerta permanente:
- Escuelas con protocolos por balaceras
- Suspensión de clases
- Aislamiento social
- Abandono de espacios públicos
Estudios académicos advierten efectos como ansiedad, estrés postraumático y maduración acelerada.
Violencia extendida
La doctora Jhenny Judith Bernal Arellano, directora del Instituto de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de Sinaloa, advierte que el fenómeno dejó de ser focalizado.
Antes ocurría en ciertos estados; hoy se ha extendido. En el caso de Sinaloa, el principal factor del desplazamiento es la violencia”.
Desplazamiento y desaparición
El desplazamiento y la desaparición pueden ir de la mano, pero no son lo mismo”.
Mientras el desplazamiento ocurre por causas externas, la desaparición implica una dimensión más grave vinculada a intervención de autoridades o actores específicos, dice.
Tendencia de la violencia
Aunque se ha registrado una ligera disminución reciente en agresiones a defensores y periodistas, el panorama sigue siendo crítico.
Es muy pronto para hablar de una tendencia”.
La expectativa institucional es clara: la violencia continuará.
Infancia que narra el miedo
En comunidades afectadas, niñas y niños expresan la violencia a través de dibujos, relatos y silencios.
Especialistas identifican:
- Normalización del riesgo
- Pérdida de la inocencia
- Procesamiento temprano del trauma
Editorial P23
La violencia en Sinaloa se intensificó desde septiembre de 2024, con efectos directos en comunidades rurales. Desde entonces, el desplazamiento interno ha crecido sin una política pública integral, trasladando la responsabilidad a organizaciones civiles y redes de apoyo, mientras las infancias quedan expuesta a efectos prolongados de violencia estructural.
Cuando una familia huye, la infancia también se desplaza y fractura. Los datos muestran una crisis sostenida, pero la respuesta institucional sigue siendo fragmentada. Mientras el Estado administra cifras, la niñez absorbe el impacto completo. Y cuando el miedo se vuelve cotidiano, el daño deja de ser coyuntural y se convierte en herencia. ¿Quién está asumiendo esa responsabilidad? Opina.
