POLÍTICA

Los Berdegué: herencia, cercanía, ruptura y poder

Mazatlán, Sinaloa | Domingo 03 de mayo 2026 | Mario Martini

Durante buena parte del siglo XX, Mazatlán fue un enclave donde el poder económico y el político caminaban en la misma dirección. La clase empresarial no solo producía riqueza, también influía de manera directa en la designación de autoridades estatales y municipales.

Desde finales del siglo XIX y hasta los años ochenta, los presidentes municipales surgían de ese círculo o de la Cámara de Comercio Eran perfiles cercanos, “defactores” (gerentes) les llamaban, confiables, alineados a los intereses de un grupo que entendía el poder como extensión natural de la empresa.

En ese contexto se inscribe la figura de Julio Berdegué Aznar, empresario pesquero que alcanzó un lugar central en la economía del Pacífico mexicano. Su influencia no se limitó a la actividad productiva. Formó parte de una generación que incidió en decisiones públicas y que asumió un papel activo en la definición del rumbo local. Cuando el control de las candidaturas regresó plenamente al PRI, Berdegué fue uno de los críticos más visibles de ese reacomodo. Su postura fue firme directa y constante.

Los dioses del Olimpo nos han castigado”, decía al conocer el nombre del candidato priista

Largo trayecto

De acuerdo con la semblanza no autorizada, publicada en el libro ala Patria Íntima de Mario Martini, el trayecto de los Berdegué-Sacristán fue épico:

La guerra lo expulsó de España y lo arrojó, siendo niño, a los campos de concentración en Francia. De ahí, con su familia y miles de refugiados más, encontró en México un punto de partida. Nunca olvidó que su vida comenzó de nuevo en un país que no era el suyo, pero que decidió hacerlo propio.

Estudio biología marina en El Instituto Politécnico Nacional, donde refrendó su devoción y gratitud por Lázaro Cárdenas

En el corazón del fraccionamiento El Cid, desarrollado por la familia Berdegué, el circuito principal lleva su nombre y remata en un busto del general. No es un gesto ornamental, es una declaración permanente de origen y lealtad.

España-Francia-Morelia-CdMx-Escuinapa

Su historia en Sinaloa comienza en Escuinapa, en la empacadora de camarón del gobierno. Ahí se asentó profesionalmente y ahí nació su primer hijo

El entorno era el del trabajo operativo, la industria en formación, el contacto directo con la materia prima y con una economía que apenas consolidaba sus cadenas de valor. Ese origen marcaría el desarrollo posterior de su trayectoria empresarial.

Con el tiempo, Berdegué Aznar construyó uno de los complejos pesqueros más importantes del país. Expandió operaciones, integró procesos y posicionó su actividad en mercados internacionales. Su nombre quedó asociado a una etapa de crecimiento sostenido del sector. También a una forma de hacer empresa con fuerte presencia pública y con disposición a confrontar decisiones gubernamentales cuando las consideraba adversas.

Mientras ese proceso se consolidaba, su hijo tomó una ruta distinta. Fue el único de los tres hermanos que no permaneció en el negocio familiar. Fernando y Carlos continuaron en la estructura empresarial. Julio optó por construir un camino propio, alejado de la operación directa de las empresas. La decisión implicó distancia, pero también definió un perfil distinto desde etapas tempranas.

Expulsión del camarón; giro al turismo

Cuando el padre alcanzaba su punto más alto como empresario pesquero en el Pacífico, el hijo ya se desarrollaba en otro ámbito. No participó en la administración del grupo ni en la expansión del negocio. Su trayectoria se orientó hacia la formación académica, el análisis y el diseño de políticas públicas. Fue una separación clara respecto al origen empresarial. O tal vez premonitoria sobre lo que vendría

La decisión del gobierno de excluir a la iniciativa privada de la captura de camarón en 1972 redefinió su trayectoria. Lejos de retirarse, Berdegué transformó el golpe en oportunidad y volcó su inversión al turismo. Así comenzó el desarrollo de El Cid, uno de los complejos que marcaron el crecimiento de Mazatlán” (La Patria Íntima/MM)

  • La historia completa de Julio Berdegué Aznar, de la guerra civil en España al desarrollo turístico de Mazatlán, al gobierno de Sinaloa. Semblanza en:

La comparación entre ambos no es lineal, pero sí reveladora. Berdegué Aznar ejerció influencia desde el poder económico en un momento en que ese poder tenía capacidad directa de incidir en la política local. Su hijo ha construido presencia desde el ámbito técnico y ha transitado hacia la esfera pública por una vía distinta. No hay continuidad en el método, aunque sí en la determinación.

Hoy, ese trayecto individual coloca al hijo en una posición inédita dentro de la historia familiar. Está en la antesala de asumir la gubernatura de Sinaloa. Llega por un proceso propio, desvinculado desde hace años de los negocios que dieron origen al apellido en la entidad. Su perfil responde a otra lógica de formación y de inserción en la vida pública.

La historia de ambos permite observar el cambio de época. De un modelo donde la empresa definía candidaturas y decisiones políticas, a otro donde el acceso al poder se construye desde trayectorias técnicas y estructuras institucionales. En ese tránsito, la figura de Berdegué Aznar permanece como referencia de una etapa, mientras que la de su hijo representa la adaptación a un contexto distinto.

No se trata de una sucesión, sino de una transición. Padre e hijo comparten origen, pero no el camino. Uno consolidó poder desde la empresa en un entorno donde esa influencia era determinante. El otro ha llegado al umbral del poder político a partir de una trayectoria independiente. En esa diferencia se explica buena parte del momento actual.

Camino propio

Julio Berdegué Sacristán: el agrónomo que llevó el campo al centro del poder

En un país donde el campo ha sido históricamente relegado a la retórica política, la figura de Julio Berdegué Sacristán emerge como una excepción: un técnico con peso internacional que ha logrado insertar la agenda rural en los más altos niveles de decisión pública.

Ingeniero agrónomo de formación, Berdegué no es un político tradicional. Su trayectoria se ha construido en la intersección entre la investigación, la política pública y los organismos multilaterales. Durante años, fue una de las voces más influyentes en América Latina en temas de desarrollo rural, desigualdad territorial y seguridad alimentaria, particularmente desde el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP), institución que dirigió y desde la cual impulsó un enfoque que rompía con la visión asistencialista del campo.

Su apuesta ha sido clara: entender el desarrollo rural no como un problema sectorial, sino como un fenómeno estructural vinculado a la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades en los territorios. Bajo esa lógica, promovió políticas basadas en evidencia, con énfasis en productividad, inclusión y sostenibilidad.

El reconocimiento internacional no tardó en llegar. Su trabajo lo llevó a colaborar estrechamente con organismos como la FAO, donde consolidó una visión regional sobre los sistemas agroalimentarios, en momentos en que América Latina enfrentaba tensiones entre crecimiento agrícola, cambio climático y seguridad alimentaria.

Sin embargo, su llegada al centro del poder en México marca un punto de inflexión. Pasar del diseño de políticas a su ejecución implica no solo conocimiento técnico, sino capacidad política. Y ahí es donde su perfil enfrenta el mayor desafío: traducir diagnósticos complejos en decisiones concretas dentro de un entorno marcado por presiones sociales, intereses económicos y urgencias presupuestales.

Berdegué representa, en ese sentido, una apuesta poco común: la de incorporar perfiles técnicos de alto nivel en un ámbito donde suele predominar la lógica política. Su desempeño será medido no solo por la solidez de sus ideas, sino por su capacidad para operar dentro de un sistema que rara vez concede tiempo para la gradualidad.

En un país atravesado por la desigualdad territorial, el reto es mayúsculo. El campo mexicano no solo demanda productividad, sino justicia social, resiliencia climática y acceso real a mercados.

Hoy tendrá la oportunidad de demostrarlo desde el gobierno de Sinaloa, relanzando al llamado Granero de México que hoy está en crisis

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