LA PATRIA INTIMA

Julio Berdegué Aznar: de los campos de concentración, a Mazatlán| Mario Martini

Para muchos lo valía, pero no fue monedita de oro; hoy lo recordamos al cumplirse 95 años de su natalicio.-

Por Mario Martini | P23

Corpulento, ex jugador de futbol americano de los burros blancos del Instituto Politécnico Nacional, con invernales barbas maximilianas, sagaz, perceptivo, se mete súbitamente en el recuerdo que lo lleva sin escalas a una imagen fija que carga en su Patria Íntima: un pequeño de 6-7 años, recargado el rostro sobre  la malla de gallinero, mira desfilar un ejército devastado por el terror, el hambre y la derrota.

Se entierra en el acojinado sillón, cruza los brazos por encima de la cabeza y mira en lontananza imágenes repetidas cada día, cada noche, siempre:  el bombardeo de la ciudad de Guernica, recuerdo que pende de la pared principal de su oficina llena de reconocimientos, diplomas y fotos con familiares, políticos de alto nivel y un puñado de amigos para toda la vida; soldados republicanos atrincherados detrás de una mula muerta; el desfile de entuertos que llevan el uniforme y la voluntad hechos jirones; aviones que surcan el cielo español y bombardean sin clemencia a la población civil.

Se le aguadean los ojos, corta pedazos de una hoja de papel y los amasa con índice y pulgar hasta hacer una bolita perfecta que acomoda en el escritorio para hacer otra y otra y otra y otra…hasta la despedida.

Como si estuviera en la íntima soledad, solloza al momento que describe escenas de la guerra fratricida que lo expulsó de su tierra. Es una película repetida mas veces que las de Pedro Infante: a las 4 de la tarde del 26 de abril de 1937 las legiones aéreas Cóndor y Saboia, del bando nacional, aniquilan a la población vasca de Guernica;  en las principales ciudades españolas se libran batallas fratricidas;  las sirenas ululan día y noche; los comestibles escasean; las madres lloran; los niños duermen debajo de las camas, escenas que un niño de 6 años cargará por siempre y reproducirá a la menor provocación entre sollozos del adulto que durante la segunda mitad del siglo 20 fue el núcleo de la controversia social y política en el mundo pesquero, turístico y político de México.

• Muere el hombre y nace la leyenda

De Julio Berdegué Aznar se han contado muchas historias.  Se le conoce como un hombre de carácter recio y eje de polémica, características que surgieron en la España de su infancia y que más tarde fueron alentadas en la juventud por una defensa sin cuartel de La Patria que hizo suya y amó sin regateos.

Nació en Madrid el 14 de abril de 1931, fecha en la que se proclamó  la segunda República Española, 5 años antes de la guerra civil española que llevó al poder al dictador fascista Francisco Franco.  Los primeros años madrileños transcurrieron para el pequeño sin sobresaltos, pero al cumplir los 7 la vida apacible de una familia de nivel medio-alto cambió radicalmente por la guerra. 

Atrapados en la capital española por las cruentas batallas, su padre, médico de profesión, hizo arreglos para abandonar el país. Gracias a que el médico hablaba varios idiomas, la familia Berdegué Aznar obtuvo la autorización para refugiar a su familia en los campos de concentración que el gobierno francés habilitó para recibir a miles de refugiados que huían de la guerra. Fueron imágenes grabada para siempre en los ojos de un niño de 7 años que con sus padres y hermana andaron los campos de la desgracia y conocieron los profundos niveles a los que puede llegar la degradación humana.

El escape de España y los Pirineos

Vivió su primera infancia bajo el estallido de la guerra. Su padre, el médico Julio Berdegué Valdor, era un ferviente defensor de la Segunda República Española y operaba como responsable del traslado de heridos en combate. Tras la inminente caída de Barcelona ante el avance de las tropas franquistas en 1939, la familia se vio obligada a huir a pie a través de la ruta montañosa de los Pirineos hacia Francia.

Al cruzar la frontera, siendo solo un niño, Julio experimentó el confinamiento en los precarios campos de concentración franceses destinados a los exiliados españoles. Su padre logró sacarlo de allí junto a su madre, Ángela Aznar, y su hermana Mercedes, para abordar una de las embarcaciones de rescate. 

La familia Berdegué consiguió espacio en la bodega del buque francés Flandre. Tras una dura travesía marítima en condiciones extremas, el barco atracó en el puerto de Veracruz el 21 de abril de 1939

A su llegada, fueron cobijados por la política de puertas abiertas del entonces presidente Lázaro Cárdenas. El Fondo de Ayuda para los Refugiados Españoles les brindó sustento inicial, lo que permitió a su padre revalidar su profesión médica en la Ciudad de México. 

Esta profunda hospitalidad marcó de por vida a Julio Berdegué, quien desarrolló una inmensa gratitud hacia el general Cárdenas. Décadas después, consolidado como un titán hotelero en Mazatlán, nombró al circuito principal de su complejo turístico, El Cid Resorts, en honor al mandatario mexicano y erigió un busto en su memoria

Con estas imágenes siempre presentes, ni un solo minuto de su vida dejó de agradecer al general Lázaro Cárdenas del Río haberle abierto a su familia, a la de su futura esposa Dolores y a más de 40 mil refugiados españoles la puerta de un país maravilloso, al que llegaron sin aliento y con la esperanza aniquilada en el buque francés Flandre, una tarde veracruzana de 1940.
Estudió la educación secundaria y preparatoria en el Colegio Madrid y en la Academia Hispano Mexicana donde fue compañero del también destacado biólogo mexicano Dr. Juan Luis Cifuentes Lemus, entre otras personalidades del mundo de la ciencia, el arte y la política.

Julio Berdegué Aznar conoció a Dolores Sacristán Roy dentro del círculo social de la comunidad del exilio español en la Ciudad de México, un entorno donde las familias republicanas refugiadas compartían lazos culturales, históricos y de solidaridad mutua. 

El círculo del exilio

Al igual que la familia Berdegué, la familia de Dolores Sacristán Roy huyó de España tras la caída de la Segunda República y el triunfo del franquismo, encontrando en México un nuevo hogar. Los refugiados de la época solían agruparse estrechamente en la capital del país. Compartían espacios educativos como el Instituto Luis Vives o el Colegio Madrid, centros comunitarios y reuniones donde los jóvenes de la segunda generación del exilio crecieron juntos y mantuvieron vivas sus raíces.

Noviazgo y matrimonio

Tras un periodo de noviazgo impulsado por estas afinidades compartidas, se casaron a finales de la década de 1950. Al poco tiempo de contraer matrimonio, la pareja emprendió un viaje hacia Estados Unidos. Se trasladaron a San Diego, California, donde Julio —quien ya se había graduado como biólogo en México— consiguió un empleo especializado en la Comisión Internacional del Atún. 

Su llegada a Sinaloa

Después de su experiencia en California, la pareja decidió regresar a México cuando a Julio le ofrecieron dirigir unas empacadoras pesqueras. Se instalaron primero en Escuinapa, Sinaloa, un pequeño poblado al sur del estado. Fue ahí donde, en 1957, nació su primer hijo, Julio Antonio Berdegué Sacristán, actual secretario de Agricultura de México. 

Eventualmente la familia se mudó de forma definitiva a Mazatlán, donde procrearon a sus otros tres hijos (Carlos, Fernando y Mariano). Juntos trabajaron codo a codo para edificar desde los cimientos el imperio turístico e inmobiliario de El Cid Resorts, convirtiéndose en una de las familias más influyentes y queridas del sector hotelero mexicano.

Sobre su  aportación como biólogo, Ramón Enrique Morán Angulo escribe:

En la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional estudió la licenciatura en Biología, titulándose en 1954 con la tesis “Peces de importancia comercial de la costa nor-occidental de México”, investigación que le hizo recorrer los centros pesqueros del Pacífico occidental mexicano, entre ellos Mazatlán y Guaymas, y cuya publicación marcó su presencia perenne en los anales de la ictiología mexicana; de 1954 a 1956 estudió una maestría en la Universidad de California en los Ángeles. De las pocas publicaciones que elaboró, destaca la de su tesis de licenciatura publicada por la Secretaría de Marina en 1959, como también aquella titulada “Perspectivas de Desarrollo de los Recursos Acuáticos (Pesca, Piscicultura, Utilización de Vegetación).” Igualmente publicó en 1969 “Mesa Redonda sobre Problemas Demográficos de México”, editado por el Instituto Mexicano de Recursos Renovables A. C. 

Su primer empleo fue en la Dirección General de Pesca, de la Secretaría de Marina, y luego, de 1958 a 1960, laboró como biólogo pesquero en la Comisión Interamericana del Atún Tropical, con sede en San Diego California y Panamá.
Regresó a México como director de las empresas Pesqueras de Sociedad
Mexicana de Crédito Industrial, S. A.,  propietaria de varias plantas empacadoras como la Congeladora Mexicana en Guaymas; Pesquera Matancitas en Baja California, en Sinaloa; Nueva Pesquera de Topolobampo y Empacadoras de Escuinapa. Su trabajo en estas empresas le dio la experiencia para fundar sus propios negocios pesqueros en 1963: “Pesquera Dolores”, “Mares Tropicales” y “Tropical Marine”, llegando a construir uno de los principales complejos pesqueros mexicanos con barcos camaroneros y almacenes refrigerantes en Mazatlán y Los Ángeles, California, fábricas de hielo, congeladoras, camiones refrigerados y distribuidoras de camarón mexicano en Estados Unidos y Japón. En 1981 fue nombrado presidente de la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y en 1999 creó la Fundación para la Conservación de los Picudos y Especies en Peligro de Extinción A. C. 

De los múltiples y diversos reconocimientos que recibió en el área de la Biología, destacan aquellos del Departamento del Interior de los Estados Unidos, la Fish and Wildlife Service en 1954, en 1955 recibió un diploma de honor por la International Cooperation Administration de los EE.UU. Asimismo, en el año 2001, la Billfish Foundation de EE.UU. le reconoce su lucha a favor de la protección y conservación de los picudos. Pero de manera especial, ocupa sin duda un destacado lugar en la historia de la Ictiología mexicana.

Como egresado politécnico jamás dejó de colaborar como ex alumno. Lo hizo de callada manera, pero su contribución no pasó desapercibida:  en  2002 recibió la presea de honor “Amalia Solórzano de Cárdenas”, otorgada por  el Consejo Nacional de Egresados del IPN; y en 2005, la presea “Lázaro Cárdenas”, otorgada por el Consejo Consultivo del IPN como egresado distinguido.
Especies reservadas

Al aplicar si concesiones la reserva de especies marinas al cooperativismo nacional, decretada por el presidente Adolfo López Mateos, el presidente Luis Echeverría Álvarez, de ribetes socialistas, ordenó en 1972 la expulsión de la iniciativa privada de las capturas de camarón.

Con la liquidación de sus activos bien pudo marcharse del puerto o del país a vivir la viuda sin sobresaltos, pero prefirió invertir en la industria turística que en esa década era todavía una modesta empresa familiar. Siempre enredado en la polémica, hizo millonarios a varios líderes ejidales del Venadillo, donde construyó el gran complejo turístico El Cid en Mazatlán –hoy integrado por los hoteles El Cid, El Moro, Granada y Marina de El Cid, campos de golf, club de tenis, casas y condominios y dos marinas, una en Mazatlán y otra en Puerto Morelos de la Rivera Maya.

Antes de incrustarse en el turismo, invirtió en otras pesquerías con un muy particular sentido nacionalista. No comprendía por qué los mexicanos teníamos que comprar el bacalao a la flota noruega, “si los mexicanos podemos pescarlo”. Se asoció con algunos empresarios y se fue a pescar bacalao a los mares del norte. Cuando el gobierno Noruego llegó con la cuota del pescado acordada con el gobierno mexicano, el mercado nacional ya estaba saturado con la producción de Berdegué y asociados.
Un juez federal giró  orden de aprehensión en su contra por contrabando de bacalao y fue trasladado al Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, donde hizo amistad y practicó tenis con el ingeniero Jorge Díaz Serrano, ex director de PEMEX, quien en cuatro años convirtió a México en la cuarta potencia petrolífera mundial y  en 1983 fue desaforado como senador y arrestado por un fraude cometido durante su gestión al frente de la paraestatal. Los amigos, particularmente José E. Carranza Beltrán, hermano del alma, lo rescataron y pusieron de nuevo al frente del proyecto hotelero e inmobiliario más importante de la época, detonador de la marina que hoy presenta el desarrollo más importante de todos los tiempos.

Desde la tribuna empresarial fue crítico feroz contra los malos gobernantes y se amparó de acciones de gobierno que consideró injustas, como el cobro excesivo de agua potable, lo que a su vez le mereció críticas de distinguidos empresarios que respetaban su derecho a defenderse, pero no avalaban su renuencia a pagar un servicio fundamental para el desarrollo del puerto. Construyó entonces sus propias plantas desalinadora y tratadora de aguas negras para abastecer a sus negocios, manteniendo el amparo contra la autoridad municipal.

Fue crítico del PRI, enemigo jurado del panista Higuera, inexplicable guía moral de Jorge Rodríguez Pasos y admirador de Andrés Manuel López Obrador, a quienes apoyó sin reservas. Sus contradictorias preferencias políticas le granjearon muchas enemistades, afectando a sus negocios y de manera principal a su familia.  

Al único político que veneró sin reservas fue al general Lázaro Cárdenas del Río, de quien hizo levantar en el corazón del fraccionamiento El Cid el busto del general Cárdenas, tapizado por  los cuatro costados con proclamas que Berdegué interpretó como las acciones ejemplares del “Padre del México Moderno”. 
• De carne y hueso

Muy pocos conocen el lado profundo del hombre que como figura pública jamás rehuyó a la polémica y al escándalo. Sin embargo, en la intimidad, con sus 4 hijos y su esposa Dolores, revelaba su parte vulnerable. Fue un convencido de que el combate a la desigualdad debe ocurrir por tres vías: la cultura, la salud y la educación.  
Antes de partir, incansable, le dio forma a un sueño recurrente: trabajó sin descanso para que Mazatlán tuviera una Escuela del Politécnico Nacional, donde jóvenes y adultos tuvieran oportunidad de seguir capacitándose sin necesidad de mudarse a otras ciudades, convencido de que el futuro de México está  ligado al de la educación superior. 

Desde el 21 de agosto de 2007, el Centro de Educación Continua Jorge Carranza Fraser, bautizado así por él mismo en honor a una amistad para siempre, es una opción educativa de excelencia que utiliza las herramientas de la informática para traer  la cátedra de extraordinarios maestros de la ciudad de México  o de cualquier parte del mundo a una aula virtual en Mazatlán.

Cuando se cumplió el primer año de la circulación del periódico modernista Nuevo Diario, de Guillermo Puente Coutiño, entonces alto funcionario del Instituto Mexicano del Café de triste destino, los jóvenes reporteros saltaron a la calle en busca de la noticia principal de la edición especial de aniversario. Muy pocos eran los personajes respetables que en la década de los 70 del siglo pasado se aventuraban a criticar a la dictadura perfecta, descrita por Mario Vargas Llosa.

Berdegué era uno de ellos, fuente generosa de información relevante para el periodista local. Cada entrevista con el entonces empresario pesquero resultaba en una bomba de 8 columnas:

“ los Dioses del Olímpo nos han castigado..Nos han mandado al más inepto de sus hijos…”, decía al opinar sobre la imposición de un presidente municipal o gobernador.

Agradecido como pocos con la patria que hizo suya, con los hombres e instituciones que le abrieron las puertas del campo de concentración para construir una nueva vida en un continente ajeno, mejor amigo que sus amigos a los que como desconocidos ilustres los hizo convivir en las calles de El Cid, por donde se puede llegar a las intersecciones de la avenida Lázaro Cárdenas, esquina Pepe Velasco o José Ramón “el tote” Fuentevilla Peláez.

De don Julio Berdegué Aznar se han contado muchas historias. Tres son probadamente ciertas: su profunda gratitud a hombres e instituciones que le tendieron la mano en tiempos de infortunio; la lealtad sin límites para sus amigos, muchos de los que hoy aquí lo acompañan, el gran amor por su familia y su trabajo silencioso en materia cultural y educativa, legado que el tiempo se encargará de colocar en el lugar exacto de la historia.

Julio Berdegué Aznar falleció el 21 de abril de 2007 en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa que hizo también suya.

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