¿Recuerda usted la “fruta de horno”?
Mazatlán, Sinaloa | 18 mayo | Francisco Chiquete
Las tiendas de barrio mantienen su esencia, aunque sus dueños las reformen imitando a los Oxxo. Junto a los refrigeradores patrocinados por marcas refresqueras y lecheras, hay rústicos exhibidores con frutas y verduras, y sobre el mostrador principal, inacabables artículos de pequeños productores, que humildemente los dejan a consignación; es decir, si no se venden, no ganan, y si se pudren, pierden.
Siguen siendo el punto de reunión de señoras y cada vez más señores que hacen el mandado, en diálogo o debate con el tendero, aunque el desfile de proveedores estorba cada vez más la fluidez en discusiones sobre la cuatroté, la salud, la inseguridad, los escándalos familiares de la cuadra y, por supuesto, los deportes.
Anteayer, la eterna batea del pan, con su cubierta de plástico transparente, me llamó la atención no solo por los voluminosos encanelados o las llamativas orejas, las conchas señoriales y los invariables elotes: en la esquina de siempre estaban los niños envueltos, esos rollos de pan suave rellenos de alguna mermelada simple y espolvoreados con azúcar. Pero esta vez las rebanadas de rollo presentaban un aspecto diferente. El tradicional color natural fue cubierto con un fuerte rosa mexicano, y encima, chispas de coco rallado y algún fruto seco. Era más bien una fruta de horno, aquellos panes de lujo que se vendían en unas cuantas carretas, todavía a principios de los setenta.
Recuerdo particularmente a un señor chaparrito, muy moreno, que empujaba una carreta pequeña, proporcional a su altura. Se estacionaba en una esquina del Cine Zaragoza, donde con gran amabilidad repartía su producto en bolsas de papel de estraza, muy comunes entonces. Después apareció cuadras adelante, siempre sobre la Aquiles Serdán, en una esquina cercana al Cine Diana.
Como entonces no había mucho comercio nocturno, la fruta de horno era una buena opción para cenar en el trayecto a casa, y aun para llevar a la familia. Alguna tarde vimos que la gran sonrisa de su vendedor había desaparecido y, en su lugar, despachaban dos muchachas, muy probablemente hijas suyas.
La fruta de horno era un pan casi exótico, algo más fino y elegante que las piezas ordinarias de las panaderías, con mucho dorado, mucho adorno externo, colores muy llamativos. El altero pulcramente ordenado era un imán para la vista. Dice Google que viene de los estados del sureste.
Aunque algunas panaderías tenían sus piezas de repostería, no era fácil hallar panes de más calidad, excepto el Restaurante Pekín, que tenía una ventanilla especial para exhibir su riquísimo pan de piezas pequeñas y apetitosas. Curiosamente, también el Jano y el Oriental, restaurantes chinos de gran tradición, tenían sus “ventanas reposteras”, ante las que se detenían casi todos los niños.
Hoy muchos restaurantes han revalorado sus panaderías y producen cosas de alta calidad, y hay negocios muy especializados e incluso emprendedores que hacen sus roles artesanales de canela y sus croissants rellenos. Mención aparte merecen el Restaurante Doney y la Cafetería La Acrópolis, que por separado elaboraban maravillas únicas en sus tiempos.
Cuando mi padre entraba en el ánimo nostálgico, recordaba que de niño vendía fruta de horno y cocada dorada, cargando su batea y sus cabrillas.
Quizá evadimos al destino, porque mi hermano Chito y yo también vendimos pan por las pedregosas calles de la colonia Montuosa, apurándonos para ganarle a Manuel, el patrón, que al oscurecer, después de hacer pan todo el día, salía con su carreta a ofrecer su mercancía al grito de “¡Paaaan!, ¡a seis por un peso!”, mientras nosotros (y todos los demás vendedores de esa panadería de la colonia Reforma) lo teníamos que vender a veinte centavos la pieza.
No solo los precios han cambiado. Hoy puede decirse que los panes de alta gama cuestan hasta medio salario mínimo; también ha cambiado el comercio.
Don Yorch, el de la esquina, ya dispone de terminal para cobrar con cargo a las tarjetas bancarias, pero igual conserva en activo la histórica libreta en que apunta los fiados de la semana, verdadero sistema de financiamiento popular. Tu opinión importa
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