OPINIÓN

La fuerza del Estado contra la crítica | Francisco Chiquete

Mazatlán, Sinaloa | 25 mayo 2026 | Francisco Chiquete

No vean TV Azteca, ordenó la presidenta. Intentó después desarrollar una justificación basada en lo que llamó mentiras de columnistas.

No es la primera vez que un poderoso intenta detener las críticas, estableciendo límites a los medios e instrumentos de comunicación.

Pinochet, como Hitler, mandó quemar libros y censuró o destruyó periódicos, que era lo más impactante en sus tiempos.

El bocón de Vicente Fox, que se hizo de imagen y presencia con críticas que llegaban a la desmesura, pidió también no leer. Así serán más felices, dijo a señoras de escasos recursos que fueron a pedirle apoyos.

El PRI, ni se diga: persecuciones, crímenes, encarcelamientos; todo hizo para acallar a los críticos.

Es llamativo que en los gobiernos de la llamada izquierda se insista en acallar la crítica, cuando ellos pudieron llegar al poder gracias a la divulgación de sus puntos de vista, siempre demoledores para quienes ejercían el poder.

¿Ha notado usted el tono despectivo de la presidenta cuando suelta su palabra favorita? “Los comentócratas”, dice cada vez que quiere demostrar su enfado contra las críticas.

Varios de los hoy jerifaltes de Morena fueron en su momento “comentócratas”, y a través de ellos la sociedad conoció otros puntos de vista que al final aceptó.

Hasta Pablo Gómez, que hoy arma fallidas leyes restrictivas, era de los que aparecían hablando mal de los gobiernos. Y qué bueno que lo hicieron, pero hoy se duelen y les indigna que otros ciudadanos ejerzan la crítica.

No vean TV Azteca, dijo la presidenta, y luego se rió con esa risa calcada de YSQ:

Se va a enojar Salinas Pliego”.

No sabe la señora Sheinbaum que, ante cada convocatoria de ese tipo, sus propios seguidores y colaboradores corren a ver los programas que les duelen, aunque sea para saber con qué denostaciones pueden quedar bien.

El problema no es que se enoje Ricardo Salinas Pliego y luego publique algo en “X”. El problema es que hay una señora utilizando todos los poderes del Estado para callar a los que piensan diferente; por cierto, con éxito, pues de lo contrario no les dolería.

A fin de cuentas, el problema no es que les incomode Salinas Pliego. El problema es que les duele la crítica, les duele que la información y las opiniones circulen libremente.

Por eso cerraron el INAI y etiquetan como reservada toda la información sobre sus manejos financieros, convirtiendo el más mísero proyecto en “asunto de seguridad nacional”.

Nuestra presidenta científica recomienda, ordena: no vean TV Azteca, y se pone a la par del palurdo neoliberal Vicente Fox, el de “no lean para que sean felices”.