Observatorio | General Mérida llevó llave y candado | Mario Martini
Sinaloa, 03 junio 2026 | Mario Martini | P23
Algunas señales sugieren que la Secretaría de la Defensa Nacional decidió ponerse el huarache antes de espinarse y entregó sin condiciones al general Gerardo Mérida al FBI.
Los reporteros que cubren el proceso en Brooklyn describieron a un general visiblemente disminuido, agotado, hasta extraviado, con pérdida de peso, uniforme carcelario, encadenado de manos, cintura y pies, y sujeto a un dispositivo de seguridad poco habitual incluso para personajes de alto perfil como Hannibal Lecter.
La imagen contrasta con la trayectoria de quien hasta hace poco ocupó uno de los cargos más sensibles en materia de seguridad pública en Sinaloa. También contradice la hipótesis de una entrega negociada con privilegios o consideraciones especiales a cambio de información privilegiada. Por lo visto, todo indica lo contrario.
La carrera militar de Mérida no corresponde al perfil de un oficial menor. Egresó del Heroico Colegio Militar en 1979 como subteniente de Infantería. Es licenciado en Administración Militar, cuenta con estudios de maestría en Seguridad y Defensa Nacional y formación doctoral en Derecho.
A lo largo de más de cuatro décadas ocupó posiciones estratégicas dentro de la estructura castrense, incluyendo la dirección de la Escuela Militar de Inteligencia y comandancias en entidades particularmente complejas como Michoacán, Tamaulipas, Oaxaca y Puebla.
Por eso resulta relevante lo que está ocurriendo en Nueva York. Durante la audiencia más reciente, la jueza Katherine Polk determinó aplazar el procedimiento hasta agosto para permitir la revisión de una cantidad considerable de material probatorio entregado por la fiscalía. En los tribunales federales estadounidenses los aplazamientos suelen obedecer a razones procesales concretas, y una de ellas es precisamente la incorporación de nueva evidencia.
A partir de ahí comienzan las especulaciones.
Versiones extraoficiales sostienen que Mérida habría aportado una o varias cajas con documentos, registros electrónicos y dispositivos de almacenamiento digital relacionados con las investigaciones en curso. Hasta este momento no existe confirmación pública de este trascendido. Lo que sí existe es una percepción creciente de que la fiscalía estadounidense considera que aún hay elementos por procesar, posibles líneas de investigación por desarrollar y personajes por imputar..
Si parte de esas versiones terminan confirmándose, el caso dejaría de ser únicamente el juicio contra un ex funcionario del gobierno rochista. Podría convertirse en una ventana hacia estructuras de protección política, institucional y criminal que durante años operaron bajo la sombra de la guerra contra el narcotráfico y de los sucesivos cambios de gobierno.
Por eso la imagen de Brooklyn resulta más elocuente que muchos discursos. Un general formado en inteligencia militar, con acceso a información sensible durante décadas, sentado frente a una corte federal estadounidense, es un hecho que trasciende a una persona y alcanza a instituciones completas.
Las señales todavía son incompletas. Pero si el proceso avanza en la dirección que hoy sugieren los indicios, Gerardo Mérida no sólo habría llevado la llave para abrir un boquete en el casco de la Cuarta Transformación. También habría llevado el candado de su propia celda.
Saludos cordiales.
MM
