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Mazatlán paga la factura: cambio climático y crecimiento sin control elevan la vulnerabilidad de la ciudad

Investigación advierte que 144 mil mazatlecos podrían quedar en zonas de alta vulnerabilidad climática; inundaciones, sequía y crecimiento desordenado: el diagnóstico más completo sobre el puerto

Mazatlán, Sinaloa | 10 de junio de 2026 | Redacción P23

Mazatlán enfrenta una creciente vulnerabilidad socioambiental derivada del cambio climático, particularmente por fenómenos asociados al agua, como inundaciones, tormentas intensas, sequías prolongadas y presión sobre la infraestructura urbana, concluye el Estudio de Vulnerabilidad Socioambiental ante el Cambio Climático de Mazatlán difundido por la Red del Agua UNAM.

El estudio identifica que 102 mil 377 habitantes de Mazatlán están actualmente expuestos a peligros asociados al clima, distribuidos en 2 mil 349 manzanas urbanas, principalmente por inundaciones fluviales y costeras, erosión litoral e inestabilidad de laderas. Además, alrededor de 186 mil personas presentan algún grado de sensibilidad socioeconómica, mientras que 755 instalaciones urbanas y 56.6 kilómetros de vialidades registran condiciones de vulnerabilidad.

Los investigadores advierten que, de mantenerse las tendencias actuales de crecimiento urbano, para 2030 la población en situación de vulnerabilidad alta y muy alta podría aumentar a 144 mil 307 habitantes, un incremento cercano a 42 mil personas respecto a la actualidad.  

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio señala que los principales riesgos para Mazatlán son las inundaciones costeras y fluviales, la erosión de playas y la pérdida de ecosistemas estratégicos.

  • La cuenca del río Presidio aporta hasta 2 mil 703 millones de metros cúbicos de agua al año, mientras que la cobertura vegetal retiene aproximadamente 4.4 millones de toneladas de suelo anualmente, servicios ambientales fundamentales para reducir inundaciones, garantizar abastecimiento de agua y disminuir el azolve de presas y cuerpos de agua.  

El documento proyecta que hacia finales de siglo la región podría registrar un aumento de temperatura de hasta 4.6 grados Celsius y una disminución de las precipitaciones cercana al 13.4 por ciento, escenario que incrementaría la frecuencia de olas de calor, la escasez de agua y los efectos de eventos hidrometeorológicos extremos en Mazatlán.

El documento fue elaborado con la participación del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, la Fundación Gonzalo Río Arronte, el Instituto Municipal de Planeación de Mazatlán (IMPLAN), Conselva, Costas y Comunidades A.C., y especialistas en gestión hídrica y desarrollo urbano. Su propósito es proporcionar información técnica para fortalecer la toma de decisiones públicas y privadas frente a los desafíos climáticos que enfrenta el municipio.

Reitera que la ubicación costera de Mazatlán lo expone cada vez más a eventos meteorológicos extremos que pueden provocar inundaciones urbanas, desbordamiento de arroyos, afectaciones a infraestructura estratégica y daños económicos y sociales en colonias vulnerables. Además, identifica riesgos futuros relacionados con el crecimiento urbano acelerado y la presión sobre los recursos hídricos.

Contexto

De acuerdo con los autores, la investigación busca impulsar políticas públicas más sólidas, promover un desarrollo urbano responsable y fortalecer la capacidad de adaptación de la ciudad frente a escenarios climáticos cada vez más complejos. El documento completo está disponible para consulta pública a través de la Red del Agua de la UNAM.

Mazatlán es uno de los municipios costeros con mayor crecimiento poblacional y turístico del Pacífico mexicano. En los últimos años ha enfrentado episodios recurrentes de lluvias extremas, inundaciones urbanas, erosión costera y periodos de estrés hídrico. Diversos organismos nacionales e internacionales han advertido que estos fenómenos podrían intensificarse durante las próximas décadas debido al cambio climático.

Editorial P23

Los datos del estudio obligan a mirar más allá del discurso climático. Si más de 102 mil mazatlecos ya viven expuestos a riesgos asociados al cambio climático y la cifra podría superar los 144 mil en apenas unos años, el problema no puede atribuirse únicamente a huracanes, lluvias intensas o al aumento de la temperatura global. En Mazatlán, la vulnerabilidad también ha sido construida desde los escritorios y la corrupción.

Durante lo que va del siglo, el acelerado desarrollo inmobiliario ha transformado humedales, cauces naturales, esteros y zonas de amortiguamiento sin que la infraestructura hidráulica creciera al mismo ritmo. A ello se suma una práctica recurrente que rara vez aparece en los estudios técnicos: la expedición de permisos, cambios de uso de suelo y certificados de factibilidad de servicios otorgados bajo criterios más políticos y económicos que ambientales. Cuando una ciudad permite construir sin garantizar drenaje sanitario suficiente, disponibilidad de agua o protección de ecosistemas estratégicos, no sólo autoriza un proyecto; también multiplica futuros riesgos.

El cambio climático está elevando la marea. Pero la corrupción, la improvisación urbana y la ausencia de planeación han estado retirando los diques. El resultado es una ciudad donde cada tormenta cuesta más, cada inundación afecta a más personas y cada temporada de estiaje presiona más los servicios públicos. El estudio de vulnerabilidad es también un diagnóstico sobre las consecuencias de décadas de decisiones que privilegiaron la expansión inmobiliaria sobre la resiliencia urbana. Ignorar esa parte de la historia sería tan irresponsable como ignorar el propio cambio climático.

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