ESPECIALES

Mientras Mazatlán se derrumba, Escuinapa encontró cómo salvar sus playas

• La erosión e indolencia oficial ponen en riesgo una de las principales actividades económicas de Sinaloa.

• Escuinapa ya protegió por ley sus dunas; Mazatlán sigue perdiendo arena frente al mar

Sinaloa | 25 junio 2026 | Por Mario Martini | Especial P23

Mientras el mar continúa arrancando concreto del malecón de Mazatlán, cuyas autoridades responsabilizan únicamente al mar de fondo, existe un municipio sinaloense que decidió enfrentar el mismo problema desde otra perspectiva: proteger primero la naturaleza.

El reciente colapso de un tramo del malecón mazatleco reactivó un debate que especialistas ambientales vienen planteando desde hace más de quince años:

la infraestructura rígida, por sí sola, no detiene la erosión costera. En muchos casos, incluso la acelera.

Frente a esa realidad, la organización Conselva, Costas y Comunidades A.C. desarrolló uno de los diagnósticos científicos más completos sobre la evolución de las playas del sur de Sinaloa y diseñó un modelo de política pública que hoy coloca a Escuinapa como referencia nacional.

Medio siglo de evidencia

El programa Playas para Siempre analizó la evolución de la línea costera entre 1970 y 2018, utilizando fotografías aéreas, imágenes satelitales y herramientas geoespaciales para medir, cada 50 metros, el comportamiento de las playas de un municipio que incluso fue considerado en el proyecto foxista“Escalera Náutica” y que colinda con Marismas Nacionales, área natural protegida que abarca más de 133,000 hectáreas de humedales y resguarda entre el 15% y el 20% de los manglares del país.

Los resultados revelan una tendencia sostenida de pérdida de arena a lo largo del litoral sur de Sinaloa.

Entre los hallazgos destacan:

  • Un corredor de 4.64 kilómetros con erosión severa en Teacapán.
  • Alta vulnerabilidad en los 42 kilómetros de playas de Isla Palmito de Verde.
  • Alteración del transporte natural de sedimentos por cambios en los ríos Baluarte y Las Cañas.
  • Incremento del riesgo por infraestructura costera que modifica el movimiento natural de la arena.

Los investigadores concluyeron que las playas no desaparecen únicamente por los huracanes o el cambio climático. La principal aceleración del fenómeno proviene de las obras humanas que interrumpen el ciclo natural de sedimentos.

La naturaleza también construye infraestructura

Durante miles de años las dunas costeras funcionaron como el principal sistema de defensa del litoral porque absorben la energía del oleaje, almacenan arena y alimentan nuevamente la playa después de tormentas.

Cuando esos sistemas son sustituidos por hoteles, avenidas, estacionamientos o muros de concreto, la energía del mar deja de disiparse sobre la arena y comienza a impactar directamente contra las estructuras.

Es precisamente el fenómeno observado actualmente en varios sectores del malecón de Mazatlán, construido sobre la duna costera.

Escuinapa hizo lo que ningún municipio había hecho

Como respuesta a los estudios científicos, Conselva impulsó el Programa Municipal de Ordenamiento de la Zona Costera (PROMECE).

El Cabildo de Escuinapa aprobó posteriormente un decreto que convirtió al municipio en el primero de México en proteger legalmente sus dunas y playas arenosas mediante legislación local.

El instrumento estableció:

  • Franjas libres obligatorias de construcción;
  • Zonas de amortiguamiento;
  • Clasificación de cinco niveles de erosión;
  • Prohibición de nuevas estructuras rígidas en áreas críticas;
  • Actualización dinámica de la línea permitida para construir conforme avanza la erosión.

No se trata únicamente de conservar paisaje. Se trata de permitir que las playas continúen funcionando como infraestructura natural de protección.

Mazatlán enfrenta un problema distinto y más costoso

Aunque Rosario, Escuinapa y Mazatlán comparten procesos erosivos, la diferencia radica en el nivel de urbanización.

En Mazatlán la erosión impacta directamente por:

  • Hoteles;
  • Vialidades;
  • Infraestructura pública;
  • Redes hidráulicas;
  • Zonas comerciales;
  • El malecón más emblemático del país.

Los estudios de Conselva identifican una pérdida promedio cercana a 1.08 metros de playa por año en sectores críticos.

Cuando desaparece esa franja de arena, el oleaje comienza a excavar debajo del concreto. El resultado son socavones, fracturas y colapsos estructurales como los observados recientemente.

La paradoja del concreto

Sandra Guido, directora ejecutiva de Conselva, ha sostenido que Mazatlán eliminó gradualmente sus defensas naturales.

Donde antes existían dunas hoy predominan muros. Donde antes existía playa ancha hoy existen banquetas, vialidades y desarrollos inmobiliarios. La consecuencia es que el mar golpea directamente las cimentaciones.

Cada reparación de emergencia protege un punto específico, pero muchas veces transfiere el problema algunos cientos de metros más adelante.

La solución basada en la naturaleza

Los especialistas proponen aplicar las denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN).

Entre ellas destacan:

  • Conservación de dunas costeras;
  • Restauración de vegetación nativa;
  • Recuperación de playas mediante manejo integral de sedimentos;
  • Establecimiento de franjas libres de construcción;
  • Ordenamiento territorial adaptado a la dinámica costera.

Estas medidas ya son utilizadas internacionalmente porque resultan más sostenibles que aumentar indefinidamente la infraestructura rígida.

Tecnología para anticipar el siguiente colapso

Además de las soluciones ecológicas, especialistas plantean incorporar herramientas de monitoreo permanente.

Una de ellas es la tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging), utilizada mundialmente para vigilar carreteras, puentes, presas y zonas costeras.

El sistema permite:

  • Detectar deformaciones milimétricas antes de que aparezcan grietas visibles;
  • Medir el volumen exacto de arena, roca o concreto perdido por erosión;
  • Identificar socavaciones debajo del malecón;
  • Construir modelos tridimensionales de alta precisión;
  • Comparar escaneos periódicos para anticipar zonas de riesgo.

La información serviría tanto a autoridades como a inversionistas privados para tomar decisiones antes de que ocurra un nuevo colapso.

Editorial P23

La erosión costera ya no representa únicamente un problema ambiental porque además compromete infraestructura pública, reduce playas turísticas, incrementan riesgos para hoteles y vialidades; amenaza ecosistemas pesqueros; y pone en riesgo una de las principales actividades económicas del estado.

Mientras Escuinapa decidió blindar jurídicamente sus dunas mediante una política pública sustentada en ciencia, Mazatlán enfrenta ahora el desafío de decidir si continuará respondiendo con reparaciones de emergencia o si incorporará instrumentos de ordenamiento costero, restauración ecológica y monitoreo tecnológico que permitan convivir con un litoral cuya dinámica cambia año tras año.

La evidencia científica demuestra que la naturaleza recuperaras lo que le pertenece y lo hará mientras los gobiernos locales atienden otros asuntos de mucho menor prioridad o, lo que es aún peor, escondan información de permisos de obra y certificados de factibilidad de servicios públicos que están bajo sospecha por falta de transparencia y rendición de cuentas.

Este año el Superniño podría poner a prueba la infraestructura costera de Sinaloa y, por supuesto, sacarla a flote la corrupción e irresponsabilidad de las autoridades de los últimos tres lustros que prefirieron pasar por encima de advertencias y propuestas científicas como esta.

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