Balón Cuadrado | “¡Lás-ti-ma Mar-ga-ri-to! Síndrome del Tri
La Selección Mexicana de Futbol, involuntariamente, encarna al inconmensurable fracasado, Margarito Pérez.
Por Stephen Crane
Hace 40 años, desde 1986, se desgrana el amargo premio de consolación, que parece involuntario epitafio en la tumba del Tri, cada amargo cuatrienio, que se resumen en seis palabras:
Juegan como nunca, pierden como siempre.»
Subyace la esperanza de que, ahora sí, dentro de cuatro años, será exhumado ese pesadillesco sueño, con la misma quimera: quedar entre las ocho mejores del mundo.
Aunque suene a comedia bufa el título de esta columna tiene que ver cómo, desde el humor involuntario, ahora comenzamos a glorificar las derrotas del México mundialista. Sepultamos el término fracaso -salvo excepciones-, bajo losas marmóreas desde la manipulación mediática, para hacer una curiosa metamorfosis, casi delirante:
Convertir la irrefrenable desilusión redonda, vestida de verde, en triunfo. Porque se perdió con dignidad, hubo empatía entre los jugadores. Y sobre todo porque nunca en la historia había terminado en el primer lugar de fase de grupos con nueve puntos.
Y más bien, como veremos más adelante, es un espejismo.
Así, bañados con las aguas de la ilusión y la esperanza, nos sentimos menos desgraciados, pequeños.
Aclaración: muchos no saben quién era Margarito Pérez.
Fue personaje nodal de un programa televisivo que simbolizaba las crónicas derrotas y fracasos de un pueblo agarrado al clavo ardiente de la eternamente vacua esperanza. Fue ícono de la llamada Caja Idiota. Humor directo y sin tapujos en sus sketches. Reflejaba la vida cotidiana del país, burlándose de la política, la farándula y hasta de nosotros mismos. Irreverente, divertida. Con ácida, corrosiva, sorna decía lo que pocos se atrevían.
Arrancaba risas con dolorosas verdades. Similar al futbol.
Por eso vale explicar sus principales características.
Fue el personaje principal de La Caravana, programa de comedia y sátira social transmitido a finales de los años 80 por Imevisión (hoy TV Azteca) que se burlaba de los programas de concurso de Telesistema Mexicano -ahora Televisa. Sobre todo “Sube Pelayo, sube”.
Bañada de esperanza triunfal, encarnaba la irremisible derrota del mexicano pobre, marginal, miserable, espejo involuntario -en buena medida- del Tri.
Fue creado, escrito y estelarizado por los comediantes Víctor Trujillo, Brozo, y Ausencio Cruz. El show es recordado por su propuesta. Eran personajes estrafalarios -Margarito con apariencia de pobre y su cachucha-, conocidos por acuñar frases icónicas de la cultura popular, sinónimo de fracaso:
«¡Lás-ti-ma, Mar-ga-ri-to!»
Aún hay quienes, hasta la fecha, la lanzan con amable sorna cuando alguien no logra su objetivo.
Trujillo interpretaba al conductor Johnny Latino, que era un juego de palabras -yo ni le atino. Hacía tres preguntas a Margarito, que Cruz actuaba. Siempre erraba en la última respuesta.
Y, con cara de eterno desamparo, se quedaba sin premio. Duele,sólo recordar esa imagen.
De ahí surgía la frase de Johnny Latino:
“Lás-ti-ma Mar-ga-ri-to”.
Así el Tri.
Por eso nos refocilamos en la canción Cielito Lindo que, consciente o inconscientemente, es un himno a la derrota, auto-inmolación voluntaria o involuntaria:
“..canta, canta y no llores…”
O la canción de El Rey: «… yo se bien que estoy afuera..»

Que nos hace un pueblo grandiosamente pequeño. Impensable, casi delirante, que México sea la tercera liga más poderosa de América Latina y jamás, después de haberMéxico ha jugado 18 de 23 mundiales -tres veces sede-, ha conquistado un título. Brasil y Argentina, juntos, acumulan ocho campeonatos (cinco y tres -y contra España va por la cuarta-), respectivamente.
Porque México no tiene con qué conquistar una copa de la mafia-FIFA, ni tendrá.
No basta con apostar a los milagrosos dioses del estadio, siempre veleidosos:
Sí se pude”
O el malhadado:
¿Y sí, sí?”
Es el síndrome futbolero del fatuo “échaleganismo”.
El futbol mexicano está eternamente sostenido de alfileres. Es una hoja al viento de los tormentosos intereses económicos y políticos. Porque es un eficaz opio social. Igual que las telenovelas o los talk-show.
Como digo en redes sociales:
Los Ratoncitos Verdes no son tan malos como yo pienso, no tan buenos como muchos creen. Es un equipo de medio pelo.
Mediocre, pues.
Pero los medios de comunicación nos hacen creer que es la indomable patria victoriosa.
En el mundial 2026, México fue cabeza de grupo como país sede. Tuvo rivales a modo: Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa. Después venció a Ecuador que dejó una estela de polémica. En el quinto juego cayó 2-3 ante la poderosa Inglaterra, cuna del futbol mundial.
En sólo dos minutos el cuadro europeo anotó dos goles. Cuando metió el acelerador apabulló al rival. Casi la mitad del juego México tuvo un jugador más, por la expulsión de un adversario, y no pudo revertir el marcador.
A diferencia de los mundiales de 1970 y 1986, está vez México ni siquiera quedó entre los ocho mejores de 48 equipos. Acabó, insisto, en un milagroso noveno puesto.
No podemos esperar resultados diferentes cuando se tiene la misma política obtusa empresarial deportiva que hace medio siglo: prima el dinero.
Recordemos, además, que Concacaf -de las seis confederaciones de la FIFA-, es la que tiene el peor nivel futbolístico.
Durante un tiempo a México se le consideró “gigante” de la zona. No lo es más. Estados Unidos lo ha dejado a la zaga y no tarda en hacerlo Canadá.
Para la próxima eliminación mundialista 2030, el Tri va a padecer lo indecible para clasificar. Y eso que pasan tres países.
Resultó curioso ver cómo los aficionados mexicanos apoyaban, con un resentimiento, envenenado, soterrado, de venganza, a la Noruega de Erling Haaland en el juego contra Inglaterra, que eliminó a los súper Roedores.
Incluso haciendo el rito colectivo de remo vikingo.
Luego, el equipo inglés fue echado por Argentina y la genialidad de Lionel Messi.
Más allá de filias y fobias, mirado con frialdad comparativamente, Cabo Verde, un país de medio millón de habitantes, en su primer mundial, hizo mejor papel que México: empató 0-0 con España, 0-0 con Arabia Saudita, 2-2 frente a Uruguay y fue eliminado 2-3 por Argentina. Tres de sus rivales han sido campeones del mundo. Dos están en la final.
El Tri, en contraste, se impuso a Sudáfrica, Corea del Sur, República Checa y Ecuador. No olvidemos que México tiene poco más de 130 millones de personas.
Y no hay 11 sepan pegarle al balón.
Previo al juego contra los Ingleses, a una imagen editada del afamado Pato Merlín, ascendiendo una montaña, rumbo a los potenciales rivales, para aspirar al título mundial, escribí en la red social de Linkedin:
Aunque México gane el mundial, no reflejaba la realidad de un futbol -la liguita MX- que siempre, desde la década de los 70, se ha manejado con los pies. No podemos esperar resultados diferentes, cuando son los mismos de siempre, quiénes toman las decisiones.»
La realidad se empeña en darme la razón, que tampoco me importa, porque es predecible:
La Federación Mexicana de Futbol confirmó, hace unas horas, que fue eliminado, definitivamente, el ascenso y el descenso. Y que se había suspendido, de manera temporal, en abril de 2020. Es una de las decisiones más descocadas de los últimos 60 años. Equívoco que traerá graves consecuencias.
Estoy convencido que los verdaderos Ratones Verdes son los zares del balón.
Ni jugadores, ni técnico.
Ellos y sólo ellos.
Y sí, aplica al Tri:
«Lás-ti-ma Mar-ga-ri-to.»
Por los siglos de los siglos.


