Mar de fondo y erosión de playas elevan el riesgo por fuerte oleaje en Mazatlán y Los Cabos
Mazatlán, Sinaloa | 27 de julio de 2026 | Redacción P23
El fuerte oleaje registrado en las costas de Mazatlán y Los Cabos obedece principalmente al fenómeno oceánico conocido como mar de fondo, un proceso natural que transporta grandes masas de energía desde tormentas y sistemas de baja presión ubicados a miles de kilómetros de distancia en el océano Pacífico.
Aunque en muchos casos el cielo permanece despejado y no se registran vientos intensos en la costa, las olas llegan con gran fuerza al litoral, generando corrientes de resaca, inundaciones en zonas de playa y riesgos para bañistas, embarcaciones menores y comercios ubicados frente al mar.
En el caso de Mazatlán, especialistas y organizaciones ambientales advierten que el impacto del oleaje se ha intensificado debido a la erosión progresiva de las playas. La reducción de la franja de arena ha disminuido la capacidad natural de amortiguar la energía del mar, lo que facilita que las olas alcancen infraestructura turística y zonas recreativas.

Durante la temporada de ciclones tropicales en el Pacífico, el mar de fondo puede combinarse con marejadas y fuertes vientos, provocando olas superiores a los dos metros y, en episodios extraordinarios, cercanas a los siete metros de altura. Ante estas condiciones, Protección Civil recomienda respetar los señalamientos, evitar ingresar al mar cuando exista bandera roja y mantenerse informado mediante los avisos oficiales.
CONTEXTO P23
El mar de fondo se genera por tormentas y sistemas de baja presión ocurridos en mar abierto, principalmente en el Pacífico Sur. Las olas recorren miles de kilómetros prácticamente sin perder energía hasta impactar las costas mexicanas. En Los Cabos, la interacción entre el océano Pacífico y el Golfo de California incrementa la intensidad del oleaje, mientras que en Mazatlán la erosión costera agrava sus efectos sobre playas e infraestructura.
EDITORIAL P23
El mar de fondo no es un fenómeno extraordinario; lo extraordinario sería seguir ignorando sus consecuencias. Cada temporada confirma que la prevención debe ir más allá de colocar banderas en las playas. La protección del litoral, la recuperación de playas erosionadas y una adecuada planeación urbana son indispensables para reducir riesgos. La naturaleza avisa con tiempo; corresponde a las autoridades y a la sociedad escuchar esas advertencias.
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