Cuando Paralelo 23 aprendió a volar con el Chato Patrón
En febrero de 1981, la revista Paralelo 23 círculó el número 3 que costaba 20 pesos y fue cincelada a puro pulmón franciscano y mucha convicción .-
- Este tercer ejemplar retrata al Mazatlán de principios de los años ochenta. La portada reúne algunos de los temas que ocupaban entonces la conversación pública: controversias en el manejo financiero del Ayuntamiento, episodios de la historia política local, el asesinato del gobernador Loaiza, los primeros años de la aviación y el testimonio de personajes que formaban parte de la memoria viva de la ciudad.
Mazatlán, Sin | 23 agosto 2026 | Crónicas de Aniversario | Mario Martini & Juliana Pérez Arroyo | P23
La portada es, por sí misma, un viaje en el tiempo.
- Después de 37 años, habla El Gitano
- Controversias y falsedades en el manejo financiero del Ayuntamiento”
- La historia de los dos Zúñiga”
- El asesinato del gobernador Loaiza y, entre todo aquello, una historia que hoy nos resulta particularmente entrañable: “Los primeros años de la aviación, vistos por el Gran Chato Patrón”.
En la página legal, aparece el equipo :
Director General
Mario Martini
Subdirector Editorial
Francisco Chiquete
Gerente
Juan Rivera
Colaboradores
- Miguel Valadez Lejarza
- Antonio Hass
- Francisco Hinojos
- Melvin Cantarell
- Eduardo Valdez Vizcarra
- Juliana Pérez Arroyo
- Alfredo Franco Rodríguez
- Salvador Negrete Hernández
- Víctor Hugo Sánchez Malof
- Carlos Bueno
- Sergio Galindo Valle
- Manuel Burgueño Ordúño
- Roberto Castillo
- Abraham García Ibarra
Fotografía
Antonio Ibáñez
Suscripciones y Circulación
Irma Zatarain y Cristina Isabel Romero
Tel. 162-43
Registro en Trámite.
Además, el directorio incluía la leyenda que garantizaba absoluta libertad editorial, pero también delegaba la responsabilidad al autor.
Los artículos firmados son responsabilidad absoluta del autor.
La fotografía de portada fue una aportación de Niguel Valadez Lejarza, entonces cronista de la ciudad. Carnaval de 1929
Detrás de Mario Martini y Francisco Chiquete, había una mezcla de entusiasta terquedad y oficio periodístico que es indispensable para circular una publicación cuyo propósito central era molestar al poder.
En ese número publicamos una entrevista con el querido y admirado Alfredo el chato Patrón Rivas que le contó a la reportera Juliana Pérez Arroyo la historia de la aviación en Mazatlán que bien podría producir Netflix en una serie policiaca.
Paralelo 23 no sólo estaba haciendo periodismo, estaba, sin proponérselo, reuniendo la memoria de Mazatlán, con el apoyo de amigos y empresas que reconocieron el impetuoso esfuerzo de esta institución expedición editorial.
Cuarenta y cinco años después, insistimos en lo mismo: seguir contando historias.
Mario Martini | agosto 2026




El Chato Patrón: 45 años de mandar gente a volar
Mazatlán, Sinaloa | Febrero de 1981 | Juliana Pérez Arroyo
Aquel año de 1934 sería decisivo en la vida de Alfredo “Chato” Patrón Rivas, pues marcó el comienzo de su carrera en la aviación dentro de la empresa Aerolíneas Centrales, primera compañía aérea que operó en Mazatlán.
Hoy, en la era supersónica, de las imponentes obras de infraestructura, las enormes pistas de aterrizaje, los más modernos equipos y sistemas de comunicación y operación utilizados para el despegue y aterrizaje de las naves, causa risa al Chato recordar aquellos días en que tuvieron que utilizar “lo que había para volar”.
A cuarenta y cinco años de dedicarse por entero a la actividad aérea, trabajando con verdadera devoción, a tal grado de considerársele un símbolo de hospitalidad, responsabilidad y como el representante caballeroso de la Compañía Mexicana de Aviación, pasan por su mente tantas y tantas anécdotas ocurridas a lo largo de su carrera.

Recuerdos imborrables, como cuando el radiooperador de La Paz le informaba del estado del tiempo diciéndole:
Vientos fresquecillos del norte, levantando piedras de regular tamaño en las pistas”.
Con estos escasos datos, el Chato, ya sabía de qué forma tendría que realizar las señales para que la nave aterrizara sin problemas en la marisma que utilizaban como pista.
El primero de enero de 1981, el Chato Patrón cumplió 45 años de servir a Aeronaves de México.
La evolución de la compañía ha sido constante desde ese tiempo, primero adquiriendo más equipo de dos, tres y cuatro motores para después dar paso a los Douglas DC2, de 14 pasajeros; posteriormente, el DC-4, y más recientemente el avión de cabina DC-6 para transportar 60 pasajeros. Fue Mexicana de Aviación la primera empresa que introdujo el avión de propulsión a México, hasta llegar a operar los más modernos equipos de aeronáutica.

De todos estos años laborando para Mexicana, Patrón Rivas, sólo permaneció tres fuera de Mazatlán, lugar que está íntimamente ligado con su persona, su esposa Carmina y sus hijos.
El tiempo que permaneció en la capital del país le sirvió para mejorar notablemente en su trabajo. Allá ocupó la jefatura de oficina para posteriormente regresar a Mazatlán como gerente regional, cargo que ocupa desde 1948.
Vicisitudes a granel encontramos a cada paso en la vida del Chato Patrón. Han pasado muchas cosas desde que la empresa se fue extendiendo poco a poco a diferentes ciudades del país y del extranjero.
Desde su crecimiento de personal, comparado con las únicas dos personas con que empezó y que fue fueron él y Alfonso Gómez Palacios a funcionar Aeronaves de México y ellos tenían que darles todo el servicio, al igual como lo han hecho con casi todas las líneas aéreas que operan en Mazatlán.
Mexicana de Aviación en Mazatlán dice el Chato, teníamos una pequeña oficina en el hotel Belmar y eramos dos empleados que teníamos que hacerle de todo.
Terminábamos de vender boletos y atender al público, para salir raudos hasta el aeropuerto —una marisma que se encontraba ubicada atrás del estero del infiernillo, en la salida norte—. Allí le hacíamos de maleteros, despachadores, dábamos servicios de rampa y para que la nave aterrizara teníamos que calcular el horario para que llegara y saliera con marea baja.
Tengo muy presente el día que llegó el primer pasajero, el temor más grande para nosotros era de que a última hora se arrepintiera de viajar y lo que hicimos fue llevárnoslo al bar del hotel Belmar en donde le invitamos dos o tres tequilas dobles. Cuando se subió al avión no sabía ni cómo se llamaba.
Cuando recién empezó a operar Mexicana de Aviación en Mazatlán lo hacía con aviones de un solo motor y para seis pasajeros; la primera ruta que cubrió fue México-Guadalajara-Mazatlán-Los Mochis-Hermosillo-Mexicali-San Diego y posteriormente se cambió esta última ciudad por Los Angeles. Los vuelos se efectuaban tres veces a la semana.
Como eran los únicos que operaban en Mazatlán siempre hubo cupo lleno; después entró lo que hoy es Aeroméxico, cubriendo la ruta Mazatlán-Nogales, Mazatlán-La Paz y Culiacán.

AÑOS HA, el Chato Patrón
posó junto con Robert Taylor.
Posteriormente, la compañía fue mejorando al adquirir acciones de Pacific American Airwest.
Para entonces ya contábamos con aviones de cuatro motores para dar paso a los DC-2, de 14 pasajeros, el DC-3, DC-4 y más recientemente el avión de cabina DC-6 para transportar 60 pasajeros.
Fue Mexicana de Aviación la primera empresa que introdujo en México el avión de propulsión, hasta llegar a operar los más modernos equipos de aeronáutica en la actualidad.
Las anécdotas a lo largo de 45 años han sido numerosas. Recuerda la ocurrida a un famoso detective quien llevaba consigo a un ladrón muy conocido llamado “Cancholas”, iban a México pero deberían de hacer escala en Mazatlán para surtir combustible y mientras esto se hacía el ladrón huyó, aquello fue una verdadera revolución buscando al ladrón a quien no fue posible capturar.

“Aerovías volaba aquí mi trabajo era mantener a pilotos de espíritu aventurero fuera de dificultades. Ahora mi misión es
que todo turista disfrute al máximo de su estadía en Mazatlán”.
También recordó cuando Ramón Cázares era jefe de aeropuerto en Mazatlán -hoy es gerente de ventas para agencias de viaje en México, de la CMA.
Se encontraba en el aeropuerto para esperar el vuelo que venía de Culiacán, en el que viajaba el Ing. Ernesto del Valle, jugador profesional que se encontraba hundido en deudas y éste para salir de ellas compró un seguro de vida, posteriormente, un boleto Culiacán-La Paz y puso la bomba en el avión.
La intención de esta persona era que el avión explotara en el mar y para ello había invitado a un compadre para que lo acompañara a La Paz, éste sin imaginarse el plan tramado, a última hora , mandó al compadre y cual sería su sorpresa que el avión era en el que viajaba a Mazatlán.
Ya estando en Mazatlán la bomba de tiempo explotó justo en el momento en que Ramón Cázares se agachó a guardar la máquina de escribir y documentos volando gran parte de la oficina, y escapándose de una muerte segura.

Me siento plenamente orgulloso de mi trabajo, de la gente que colabora conmigo, pues jamás Mexicana de Aviación ha tenido problemas en estos 45 años que ha operado en Mazatlán.
Mis funciones y obligaciones, expresa el Chato Patrón, han cambiado junto con las naves. Cuando Aerovías volaba aquí mi trabajo era mantener a pilotos de espíritu aventurero fuera de dificultades. Ahora mi misión es que todo turista disfrute al máximo de su estadía en Mazatlán.
A cuarenta y cinco años de labor del Chato Patrón, se le rindió un merecido homenaje en el que participaron sus amigos, compañeros y altos funcionarios de Mexicana de Aviación.


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