OBSERVATORIO

Observatorio | Si el amor no se refleja en presupuestos, no es amor verdadero

MARIO MARTINI

Mazatlán, Sinaloa | 17 septiembre 2026 | Paralelo 23

Por sexta vez en lo que va de su mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum visitará Sinaloa el próximo 20 de septiembre. Lo hará cuando han transcurrido dos años y ocho días desde que comenzó la guerra interna del Cártel de Sinaloa, detonada por la entrega de Ismael Mario el mayo Zambada a las autoridades de Estados Unidos.

La presidenta encontrará un Sinaloa herido de gravedad, pero empeñado en salir adelante con la enjundia que históricamente distingue a su gente. El problema es que el carácter de los sinaloenses, por sí solo, no alcanza para levantar una economía golpeada por la violencia. Se necesitan estrategias, apoyos y, sobre todo, presupuestos suficientes para reactivar a las micro, pequeñas y medianas empresas que tuvieron que cerrar, reducir sus operaciones o sobrevivir como pudieron.

Sinaloa no es un estado grande por territorio ni por población, pero durante décadas ha competido económicamente con entidades de mucho mayor calado. Su agricultura, pesca, industria alimentaria, turismo, comercio y servicios le dieron una posición que no corresponde únicamente a sus dimensiones demográficas. No por casualidad se le conoce como el granero del Noroeste.

Sheinbaum ha respaldado el Polo de Desarrollo de Topolobampo, una inversión que puede convertirse en un nuevo motor económico para la región del Pacífico norte. Pero incluso los grandes proyectos tienen una condición elemental: necesitan territorio, comunidad y acuerdos.

El conflicto con los pueblos originarios que se oponen a la obra sigue ahí y tendrá que resolverse mediante política, diálogo y respeto a los derechos de quienes poblaron antes la región. Una inversión multimillonaria no puede construirse sobre un conflicto que nadie quiera mirar.

Tampoco será suficiente que la presidenta llegue a Sinaloa con el recuento de las fuerzas federales desplegadas para enfrentar la violencia. Son miles de elementos, sí, los vemos en cada esquina o en cada Oxxo.

Tampoco bastará con repetir que los delitos alto impacto han disminuido 52 por ciento o más, porque una estadística registra una tendencia, pero no alcanzar a explicar lo que ocurre en la vida cotidiana.

Los números y la realidad sinaloense van en sentido contrario. El día a día está en las familias que han perdido a uno de los suyos; en los bebés asesinados; en los jóvenes muertos por estar en el lugar equivocado; en quienes han tenido que abandonar sus comunidades; en los vehículos despojados; en los negocios que cerraron y en las calles donde la gente aprendió a mirar dos veces antes de salir de casa.

Las estadísticas son necesarias para que un gobierno mida lo que ocurre y rinda cuentas, pero cuando los números se utilizan para cubrir una realidad que la sociedad experimenta de manera distinta, dejan de ser una herramienta de comprensión y se convierten en una forma de distancia e incluso de agravio social. ¿Pueden explicarles a los hijos de la madre asesinada en su frutería, que el crimen entra en el 48% de la violencia que aún persiste? Aquí es donde la frialdad estadística resulta particularmente dolorosa para una sociedad que lleva dos años viviendo entre el miedo, la incertidumbre y las pérdidas.

La presidenta llega a un Sinaloa que necesita algo más que tropas, porcentajes y discursos. Necesita recuperar condiciones para trabajar, producir, invertir, abrir un negocio y volver a vivir con la relativa normalidad de antes. Y para eso, necesita que el cariño por una región se traduzca en carreteras, seguridad, créditos, escuelas, infraestructura, apoyo a las empresas, oportunidades para los jóvenes y recursos para las familias que han pagado el costo de la violencia.

Claudia Sheinbaum conoce Sinaloa de cerca. Tiene, además, un vínculo personal con esta tierra. Pero hay una diferencia entre querer a un estado y dotarlo de lo que necesita porque si el amor no se refleja en el presupuesto, no es amor verdadero.

Saludos cordiales

MM