OBSERVATORIO

Observatorio | Nunca tan cerca del lecho presidencial

• Por lo menos, dos mazatlecos han estado cerca del poder presidencial en momentos distintos de la historia. ¿Qué beneficios recibió Mazatlán con esa cercanía?

MARIO MARTINI

Mazatlán ha estado cerca del poder presidencial en muy pocas ocasiones, por lo menos dos documentadas. Y, cuando esa circunstancia se ha presentado, la ciudad no siempre ha sabido convertir la cercanía en gestión, inversión o soluciones para sus rezagos.

La historia tiene al menos dos nombres que obligan a mirar hacia atrás: María de los Dolores Izaguirre Castañares, esposa del presidente Adolfo Ruiz Cortines, y ahora Jesús María Tarriba Unger, esposo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, Primer Caballero en la historia de México, ambos nacidos en Mazatlán. 

María Izaguirre llegó a Los Pinos en 1952, mazatleca, de familia vinculada a la vida naval y con relaciones en los círculos sociales y religiosos de la época, fue una mujer de presencia singular en el entorno presidencial.

El 3 de julio de 1955 se convirtió, además, en la primera mujer mexicana en depositar su voto en una elección federal, después de que -en un claro madruguete político- Ruiz Cortines promulgara en 1953 la reforma constitucional que reconoció a las mujeres el derecho al sufragio federal. 

Sobre aquella primera dama se han contado muchas historias, algunas documentadas y otras que corresponden a la novelesca política, alentadas por su propio marido que se regocijaba al obligarla a rechazar caros regalos a cambio de audiencias presidenciales. Precisamente, la foto emitiendo su voto la muestra con un elegante abrigo de pieles que contrasta con la severa austeridad del presidente. Tampoco resulta sencillo demostrar cuánto de esa posición de privilegio se tradujo en beneficios concretos para Mazatlán, si los hubo o si alguna autoridad local se arrimó a solicitarle algún favor

Setenta años después, otro mazatleco habita la órbita matrimonial del poder presidencial. Jesús María Tarriba Unger nació en Mazatlán el 1 de septiembre de 1962 y está casado -en segundas nupcias de ambos- con Claudia Sheinbaum Pardo desde 2023. La propia presidenta ha utilizado públicamente ese vínculo para explicar su cercanía con Sinaloa y Mazatlán. 

Tarriba no ocupa un cargo público ni existe evidencia de que intervenga en las decisiones del gobierno. Su trayectoria ha sido fundamentalmente científica y financiera. Precisamente por eso, la oportunidad para Mazatlán no está en suponer que el parentesco abre automáticamente las puertas del presupuesto, sino en observar si los políticos locales han sabido colocar sobre el escritorio presidencial los proyectos que la ciudad necesita en instalaciones sanitarias y recuperación de espacios ambientales que durante siglos han operado como zonas de amortiguamiento para la ciudad.ñ y que la “modernidad” ha devastado.

Y en este contexto aparece el Home Port. Mazatlán presentó en agosto de 2025 un proyecto para convertir su actual terminal en un puerto de origen y destino para cruceros, con una inversión estimada de entre 400 y 450 millones de pesos que cambiaría la posición de Mazatlán en el mercado naviero. 

Un año después, el 4 de septiembre de 2026, Puerto Vallarta abrió una convocatoria federal para desarrollar una terminal con tres posiciones para cruceros, en una superficie de 95 mil 172 metros cuadrados.

La diferencia radica en que Vallarta ha venido trabajando en infraestructura turística, conectividad aérea y fortalecido nexos con líneas navieras y empresas financieras del ramo, mientras que Mazatlán se quedó estacionado en una escala importante del circuito de cruceros, pero no dio el salto hacia una terminal de salida y llegada.

El propio sector empresarial mazatleco ha cuestionado públicamente por qué el proyecto anunciado para Mazatlán terminó desplazado hacia Vallarta. ¿Qué hicieron los políticos mazatlecos para defenderlo?

Es cierto que una ciudad no puede depender de la cercanía personal con Palacio Nacional, pero -al estilo de la política mexicana que no ha cambiado sino todo lo contrario- puede ayudar a abrir puertas cuando hay proyectos, argumentos, estudios, presupuesto, alianzas y, sobre todo, insistencia y persistencia. No la hubo

Mazatlán tiene viejos problemas que requieren esa insistencia: agua, drenaje, protección ambiental, recuperación de cuencas, infraestructura portuaria y conectividad. Algunos necesitan miles de millones de pesos; otros, simplemente, que una autoridad decida integrarlos a la planeación de la ciudad y no a una colección de ocurrencias trianuales o sexenales.

Gobernar una ciudad turística y portuaria exige algo más que inaugurar tramos de calles o encabezar jornadas de limpieza: levantar la mirada y tocar las puertas donde se decide el futuro de las inversiones con visión de largo aliento.

Mi abuela Catalina Ibarra, mujer absoluta de El Pozole de Villa Unión, tenía una manera más sencilla para explicar estas limitaciones: “es como pedirle peras al olmo”.

Es lo que hay. Ni modo

Saludos cordiales

MM