ESPECIALES

Mazatlán creció, los servicios envejecieron y los proyectos ejecutivos siguen en pausa

• Tres décadas de parches para una ciudad que construyó torres, pero sigue resolviendo su infraestructura cuando ya colapsó

Mazatlán, Sinaloa | 22 de septiembre 2026

MARIO MARTINI & VALENTINA RAMÍREZ | PARTE I

Aunque se habla de improvisación en la gestión gubernamental y ausencia de proyecto ejecutivo, aún deberá explicarse qué fue lo que ocurrió con el HomePort de cruceros turísticos que Mazatlán perdió ante Puerto Vallarta,

Sin embargo, este suceso fallido obliga a mirar hacia las gestiones que hace el municipio del puerto para resolver rezagos históricos de servicios públicos fundamentales que pudieran comprometer su futuro en el corto y mediano plazo, según conclusiones de estudios de vulnerabilidad climática recientes.

Mientras el boom inmobiliario y turístico transforma la fachada del puerto, debajo de las calles se desarrolla otra historia: colectores que llegan al final de su vida útil, obras emergentes para contener derrames, un basurón clausurado y proyectos que necesitan superar la etapa del discurso para convertirse en expedientes técnicos capaces de atraer recursos y llegar a la construcción.

Mazatlán padece una crisis estructural porque las administraciones municipales han privilegiado la obra estética y visible sobre soluciones de fondo (invisibles para el votante, pero vitales ante desastres naturales).

¿Cuántos proyectos ejecutivos tiene el municipio listos para buscar presupuestos estatales y federales que resuelvan de manera integral rezagos en materia de drenaje, basura, energía e inundaciones?


Contraste

La ciudad y puerto tiene una postal y una factura. La postal está en la superficie: torres de condominios, hoteles, restaurantes, plazas comerciales, nuevos desarrollos y una franja turística que continúa modificando el perfil urbano del puerto.

La factura está abajo: corre por las tuberías, aparece en los socavones, se acumula en las calles cuando llueve, emerge en forma de aguas residuales y se hace visible cuando una infraestructura diseñada para una ciudad más pequeña ya no responde a las exigencias actuales.

No es una contradicción nueva, pero en 2026 es cada vez más difícil ocultarla porque el puerto creció y sigue creciendo sin controles ni planeación, mientras la infraestructura de los servicios se quedó muy atrás.

Porque una ciudad no se sostiene solamente con lo que vemos en la superficie: vialidades, edificios y desarrollos inmobiliarios. Necesita colectores capaces de conducir sus aguas residuales; infraestructura pluvial para desalojar las precipitaciones; sitios técnicamente adecuados para disponer de residuos sólidos; redes eléctricas capaces de soportar la demanda y resistir los fenómenos meteorológicos. Y, antes de todo eso, necesita algo menos visible: proyectos ejecutivos para ir a tocar puertas.


Emergencia como método

En 2026, JUMAPAM ha documentado una sucesión de intervenciones sobre infraestructura sanitaria deteriorada.

En mayo, el organismo inició trabajos provisionales para controlar los derrames provocados por el colapso de un tramo del colector Nishizawa, entre Villa Verde y Bugambilias. La propia Junta informó que la solución definitiva requería un proyecto multianual estimado inicialmente en unos 21 millones de pesos y que se encontraban en curso los trámites correspondientes.  Un mes después, la obra emergente había concluido, mientras la rehabilitación integral continuaba su proceso institucional. 

En agosto, JUMAPAM reportó trabajos de rehabilitación en seis sectores de la ciudad, con aproximadamente 320 metros lineales de redes en proceso de renovación por problemas asociados con la antigüedad de las tuberías. En uno de los puntos, un socavón obligó a intervenir un subcolector. 

Ese mismo mes, otra intervención fue ejecutada bajo la modalidad de Proyecto de Obra Emergente en Infonavit Jabalíes para sustituir una red de atarjeas de más de 40 años de antigüedad. 

Y en septiembre, después de una creciente del arroyo Jabalines, la paramunicipal trabajaba en la reconstrucción reforzada de una estructura que protege un colector sanitario. El organismo explicó que el pozo de visita original había sufrido daños severos por la fuerza de la corriente y el arrastre de agua y basura. 

  • .Cuando una ciudad pasa buena parte de su capacidad operativa reparando infraestructura que ya falló, la pregunta deja de ser solamente cuánto cuesta repararla. Hay que preguntar cuánto cuesta no haberla sustituido a tiempo.

La otra ciudad

El problema de Mazatlán no puede medirse solamente en metros de tubería sino también en años.

Una parte de la infraestructura sanitaria del puerto fue construida cuando la ciudad tenía otra población, otra densidad urbana y otra intensidad inmobiliaria.

En abril de 2026, por ejemplo, el organismo informó la sustitución de 90 metros de tubería en Infonavit Jabalíes debido a un problema de colapso atribuido a la antigüedad de los ductos.  El organismo ha descrito infraestructura de más de 40 años en algunos sectores.

Eso no significa que cada nuevo desarrollo sea responsable de un colapso. Tampoco permite afirmar, sin estudios hidráulicos, que las torres condominales hayan rebasado por sí solas la capacidad de toda la red, pero sí plantea una cuestión que Mazatlán debe responder con documentos:

¿La capacidad de su infraestructura básica ha sido actualizada al mismo ritmo que el crecimiento urbano?


Los 100 millones del relleno sanitario

Si existe un caso capaz de resumir la tesis de esta investigación, es el del nuevo relleno sanitario. El problema era conocido, pues el basurón de Urías llevaba años bajo cuestionamientos ambientales y técnicos.

En enero de 2025, el gobierno de Sinaloa anunció un paquete de 600 millones de pesos para tres obras en Mazatlán. Entre ellas estaba la construcción de un nuevo relleno sanitario, con una inversión anunciada de 100 millones de pesos

El anuncio parecía resolver una parte de la ecuación.

Había una necesidad.

Había una obra identificada.

Había recursos anunciados.

Pero faltaba demostrar que el proyecto estaba suficientemente maduro para convertirse en construcción.

Y ahí apareció el problema que interesa a este reportaje: el dinero no sustituye al proyecto ejecutivo.

Porque para construir un relleno sanitario no basta con señalar un terreno. Se necesita, entre otras cosas, resolver la propiedad y disponibilidad del predio, estudios ambientales, condiciones del suelo, diseño de las celdas, manejo de lixiviados, drenajes, control de biogás, caminos internos, capacidad, vida útil, operación, clausura y cumplimiento de la normatividad ambiental.

La obra puede tener nombre, presupuesto anunciado y respaldo político, pero si el expediente técnico no está listo, la obra no existe.


Fin del basarón

Mientras el nuevo proyecto permanecía en el terreno de las gestiones, el viejo basurón llegó a su límite administrativo.

La Profepa ejecutó el 1 de julio de 2026 la clausura total y definitiva del sitio de disposición final de residuos sólidos urbanos y de manejo especial ubicado en terrenos del ejido Urías.

La autoridad federal informó que el procedimiento derivó de irregularidades relacionadas, entre otras cosas, con incumplimientos a la NOM-083-SEMARNAT-2003 y la falta de estudios para determinar la peligrosidad de los lixiviados. También señaló que el Ayuntamiento había recibido una multa de 10 millones 444 mil 60 pesos mediante resolución del 2 de diciembre de 2025. 

El Ayuntamiento promovió un juicio de nulidad, pero el Tribunal Federal de Justicia Administrativa confirmó posteriormente la legalidad y validez de la actuación de Profepa, de acuerdo con la propia autoridad federal. 

La clausura convirtió el problema del basurón en una urgencia que no nació en julio de 2026. Venía de años atrás.

Y eso vuelve inevitable la pregunta:

  • ¿Por qué una necesidad conocida durante años no llegó a tiempo a una solución técnica, financiera y ambientalmente lista para ejecutarse?

Problema conocido

Mazatlán no está descubriendo en 2026 que necesita resolver su disposición final de residuos. Tampoco acaba de descubrir que existen colectores envejecidos, ni que el agua de lluvia necesita infraestructura para ser conducida, ni que una ciudad costera debe considerar sus condiciones meteorológicas al diseñar infraestructura estratégica.

Los diagnósticos existen, las necesidades están identificadas y los problemas aparecen recurrentemente.

Lo que debe investigarse es cuántas de esas necesidades llegaron a convertirse en proyectos ejecutivos completos y cuántos permanecieron en la etapa de diagnóstico, propuesta, anuncio o gestión preliminar.

Ahí está la diferencia entre una ciudad que pide obras y una ciudad que está preparada para gestionarlas.


Drenaje y bombeo

El caso del colector Nishizawa ofrece otro ejemplo: primero colapsó la infraestructura, después llegó la obra provisional y mientras tanto, avanzó el proyecto para la rehabilitación integral.

Finalmente, en agosto de 2026 comenzó formalmente la rehabilitación del colector Jabalíes Norte, dentro del programa PROAGUA 2026, con participación del Ayuntamiento, el gobierno estatal y la federación.

El proyecto contempla 615 metros lineales de colector, con una inversión de 21 millones de pesos, de acuerdo con JUMAPAM. 

Aquí aparece una diferencia fundamental porque el Nishizawa no se quedó en el parche, el proyecto llegó a una etapa en la que pudo concurrir financiamiento de los tres niveles de gobierno.

Ésa es precisamente la diferencia: una emergencia obliga a responder y un proyecto ejecutivo permite gestionar.


Del socavón al proyecto

En agosto, JUMAPAM reportó la rehabilitación de un tramo del subcolector en la colonia Gabriel Leyva después de un socavón registrado entre la avenida Emilio Barragán y la calle Tercera Potrero del Llano. La intervención contempló 112 metros lineales. 

En junio, otro socavón había obligado a intervenir el Subcolector Insurgentes, donde JUMAPAM sustituyó 13 metros de tubería. 

Y en el arroyo Jabalines, una creciente dañó un pozo de visita, obligando a construir una estructura reforzada para proteger la conducción sanitaria frente a futuras corrientes. 

El patrón es visible:

falla → emergencia → reparación → solución técnica específica.

Mazatlán, sin embargo, debe cambiar cambiar ese patrón por este otro:

diagnóstico → proyecto ejecutivo → presupuesto → gestión → obra preventiva.


Chivo expiatorio

No sería correcto afirmar que las nuevas torres son la causa directa de los problemas hidráulicos sin contar con estudios que relacionen cada desarrollo con la capacidad de las redes.

El problema es más amplio. El crecimiento urbano aumenta la demanda sobre infraestructura existente y cuando esa infraestructura tiene décadas de antigüedad, la planeación tiene que anticipar la capacidad necesaria para la ciudad que viene, no solamente reparar la ciudad que ya existe.

Ésa es la verdadera discusión.

¿Qué capacidad hidráulica necesita Mazatlán para los próximos 10, 20 o 25 años?

¿Dónde están los colectores?

¿Dónde están los proyectos pluviales?

¿Dónde están los cárcamos?

¿Dónde están los estudios hidrológicos?

¿Dónde están los presupuestos?

¿Dónde están los proyectos ejecutivos?


Infraestructura invisible

El drenaje no es el único problema que desaparece detrás de la postal turística. Está también la red eléctrica.

Una ciudad costera que recibe tormentas y ciclones necesita infraestructura capaz de resistir y recuperarse de interrupciones.

La discusión sobre cableado subterráneo, nuevas subestaciones y ampliación de redes no debería reducirse a una cuestión de estética urbana, pero tampoco debe convertirse en una solución automática.

Soterrar infraestructura requiere ingeniería, inversión, mantenimiento y diseño adecuado para las condiciones particulares de Mazatlán, incluida la interacción entre agua, suelo, salinidad, inundaciones y energía.

Por eso, también aquí debemos preguntarnos:

¿Qué proyectos existen realmente?

¿Qué está proyectado, presupuestado y listo para ejecutarse?


Tres décadas con la misma pregunta

Mazatlán ha construido infraestructura, rehabilitado redes y recibido inversiones de los tres niveles de gobierno.

Tampoco sostenemos que toda obra de emergencia sea consecuencia de una mala planeación, pues una tormenta extraordinaria puede destruir infraestructura correctamente diseñada, un colector puede fallar o una creciente puede superar una estructura.

Lo que sí merece precisar es algo diferente:

si la ciudad ha construido durante décadas una cartera de infraestructura proporcional a su crecimiento y a sus riesgos.

Porque el verdadero déficit puede no estar solamente en los metros de tubería sustituidos o en los millones gastados.

Puede estar en los proyectos que nunca llegaron a esa etapa.


Proyecto que no vende

Un proyecto ejecutivo no corta un listón, no genera una fotografía espectacular, ni aparecer en una inauguración y tampoco tiene una placa.

Pero es el documento que permite saber cuánto costará una obra, dónde se construirá, cómo funcionará, qué estudios la respaldan, qué permisos requiere y bajo qué condiciones puede contratarse.

Por eso es fácil que políticamente sea menos atractivo que una obra visible, pero cuando llega la emergencia, la ausencia del proyecto se vuelve visible: el drenaje colapsa, la basura no tiene dónde depositarse, la energía falla y la ciudad busca recursos.

Y entonces comienza nuevamente el proceso técnico que debió estar adelantado.

Mazatlán no necesita demostrar que tiene problemas porque los problemas están a la vista. Lo que necesita es demostrar que tiene proyectos ejecutivos para responder a cada uno de los retos urbanos aquí expuestos. .

Proyectos ejecutivos con ingeniería, presupuesto, permisos, terrenos, calendarios, fuentes de financiamiento, con responsables y con capacidad para ser presentados ante el estado, la federación o cualquier instancia financiera porque gestionar no es pedir dinero para una necesidad sino llegar a la puerta con una solución técnicamente sólida


Cierre

Mazatlán ya demostró que sabe crecer, ahora tiene que demostrar que sabe planear su infraestructura y gestionar recursos a partir de proyectos ejecutivos de obra sólidos y viables.

  • Porque sin proyecto ejecutivo, la necesidad puede estar perfectamente diagnosticada, el problema puede ser urgente y hasta puede existir voluntad política, pero la gestión seguirá en pausa.