DominGrilla| ¿Controlará Morena las heridas?
El pleito Graciela-Congreso; cartuchos quemados en la oposición
FRANCISCO CHIQUETE
Lejos de aprovechar la efervescencia de los destapes, Morena ha corrido un velo de misterio sobre los registros de aspirantes a diputados federales y alcaldes, pensando quizá que, entre menos públicas sean las derrotas, menor será el encono de quienes no lleguen a candidatos.
Claro que eso no les importa a los aspirantes. Varios de ellos han exhibido sus registros, ansiosos de hacer imagen para ganar puntos en las supuestas encuestas o para mostrar armas en una negociación posterior.
Por lo pronto, en Culiacán, Jesús Ibarra no solo anunció que se registró como aspirante a «la coordinación» municipal, sino que advirtió su negativa a bajarse de la contienda o a bajar la intensidad de su participación, bajo un argumento con que quiso sonar contundente: los números nos dan ventaja.
Y es que, en la capital del estado, son cada vez más abundantes las aseveraciones de una candidatura supuestamente amarrada para Tere Guerra.
Ibarra no actúa solo, por supuesto. Se dice guiado por Alfonso Ramírez Cuéllar y por la influencia que le pueda quedar a Mario Delgado.
El caso hace evidente la perredización del partido en el gobierno. Todos los caudillos creen tener el sartén por el mango, y el mango también, como dijo Alberto Cortez.
En Sinaloa se jalonean los rochistas, los rochistas renegados amparados por Graciela y Feliciano, y los imeldistas, que alguna vez fueron rochistas. Pero, además, están los de Adán Augusto, que ya habría amarrado la postulación de Ana Ayala en Ahome; los de Ramírez Cuéllar y, por si fuera poco, los que se presumen amigos del primer Chuy del país.
Con tanto jaloneo, más de un damnificado va a quedar resentido y su pecho no será bodega.
En Mazatlán, la lista de los ya registrados no le aporta nada a su partido.
Ninguno de ellos tiene presencia ni capacidad de movilización. De ser candidatos, sus expectativas de triunfo estarían en función de la fuerza que tiene la marca Morena.
Dos casos aparte son los de la alcaldesa Estrella Palacios y el diputado local Carlos Escobar, quienes no han anunciado públicamente su intención de registrarse o abstenerse.
Estrella podría estar en una estrategia de protección o autoprotección. Es el cuadro morenista con más presencia, por su trabajo en la alcaldía, aunque este le ha generado también no pocas controversias. Escobar, por su parte, sabe que sus rivales están esperando que aparezca para descargarle toda la artillería, por lo que ha preferido mantener la incertidumbre sobre su participación.
Tras el cierre de registros, este domingo, se desatarán las pasiones, aunque ya de antemano hay aspirantes de todo tipo, novatos y de larga data en la grilla, que actúan desbocados, violando las leyes electorales. Es cierto que el INE está, como dice Shakira, ciego, sordo, torpe y testarudo a favor de Morena, pero más les valdría guardar prudencia.
PLEITO SÍ HUBO
Dice la gobernadora Graciela Domínguez que no hay pleito entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Las expresiones publicadas dicen que sí, que hubo pleito y de tales dimensiones que no se va a borrar, aunque ya se hayan tranquilizado las aguas.
Si los rochistas sobrevivientes se dicen marginados y arrinconados, es porque los han tratado así.
Claro que ellos mismos debieran entender que ya no están a la cabeza del gobierno ni de las decisiones del partido, pero, además de eso, hay una evidente necesidad de esconderlos, aunque sea debajo de la alfombra, porque ya están muy señalados y estigmatizados.
Pero, además, hay un antecedente: la gobernadora tiene un talante autoritario que no le ayuda a conseguir apoyos, sobre todo de aquellos que están siendo desplazados y quieren llamar la atención.
Pese a todo, al gobernador con licencia no le ha ido mal. Hasta Andrés Manuel salió de su sarcófago a defenderlo (¿eso será bueno?), pero a sus seguidores ya los quitaron de cargos, de posibles postulaciones y de las cercanías de que gozaron en otros tiempos.
Si Rocha Moya se rodeó exclusivamente de cercanos suyos o de recomendados de sus hijos, Graciela Domínguez ha acentuado esa conducta.
Por cierto, hace algunas semanas alguien filtró, quizá de mala intención, que César Julio Saucedo Barrón sería nombrado secretario general de Gobierno.
Saucedo es un viejo maestro universitario que, en el servicio público, es recordado como subsecretario de Pesca en el gobierno de Malova, con un desempeño nifunifaico.
Si siguen los disgustos de los diputados, a la gobernadora le podrían devolver aquella hazaña de regatearle el presupuesto anual al Ejecutivo en turno, aunque sea nomás por fregar.
DE TODO LES CAE
Los promotores de la alianza PRI-PAN-PAS mantienen pláticas con actores políticos y con personajes que se acreditan como representantes de la sociedad civil.
Hay buenos elementos que dejaron una buena imagen tras su paso por el gobierno, pero también hay cartuchos quemados que ven la oportunidad de reconstruir carreras que nunca fueron positivas.
Encima, se da el fenómeno de personajes como Nadia Vega y el doctor Pineda, de El Rosario, en abierta oposición a la alianza u otra forma de lucha conjunta. No se terminan de enterar de que su partido, el PAN, está por los suelos en el ánimo popular —prácticamente tanto como el PRI— y que, si juntos no han podido levantar, jugarla solos es regalarle a Morena hasta la última de las posiciones electorales.


