“El Bacho”: oficio y pasión detrás del brillo
Por Mario Martini | Periodismo Democrático y Tropical | Mazatlán · 27 de octubre de 2025
El Bacho” en lo suyo: protocolo puntual, sonrisa franca y fiesta en marcha.
Esteban Peraza Ramos —para todos, El Bacho— fue el carnavalero que convirtió el protocolo en una forma de cariño. La fiesta podía ser estruendo, pero su trato era siempre de voz baja y certeza: las reinas a tiempo, los ensayos en su sitio, el telón justo cuando debía caer. Eso no se improvisa; se aprende en décadas y se ejerce con respeto.
No buscó reflectores. Le bastaba con que la coronación saliera limpia, que los tiempos se cumplieran, que las reinas se sintieran cuidadas. Allí estaba su elegancia: en el detalle invisible que evita un tropiezo, en el gesto que calma nervios, en la mirada que ordena sin humillar.
Con los amigos era lo mismo: discreto, leal, disponible. De los que escuchan antes de opinar. De los que se quedan al final para recoger lo que nadie ve. Por eso hoy, más que llorarlo, lo reconocemos: su manera de estar sostuvo durante años un pedazo del alma del Carnaval.
Oficio detrás del brillo
- Coordinación de protocolos con reinas y corte real.
- Ensayos, horarios, seguridad y acceso a escenario.
- Logística de coronaciones y actos previos.
- Puente entre tradición, autoridades y público.
Ahí está El Bacho. Todo va a fluir bien.” —Frase compartida mil veces entre bambalinas.
Con las reinas: cercanía sin estridencia. El cuidado que no se ve, pero sostiene la fiesta.
Para los que tuvimos la fortuna de tratarlo, queda la conversación lenta, el consejo sin aspavientos, la mano en el hombro cuando hacía falta. Amigo de los que suman sin pasar la factura.
Dice el comunicado luctuoso del Instituto de Cultura;
Siempre presente en el corazón de la fiesta porteña, en 1978 El Bacho obtuvo el título de Príncipe del Carnaval, conquistando al público con su inigualable carisma. A partir de entonces, se convirtió en un pilar fundamental en la organización, junto a personajes carnavaleros como Héctor Díaz y Rigoberto Lewis. Su entrega lo llevó a coordinar reinas y embajadoras y a impulsar eventos como el Baile de Embajadoras y la Elección de la Reina Internacional del Pacífico”.
Y luego descubre sus motivos carnavaleros:
Su pasión por la belleza y la majestuosidad de la fiesta se complementó con su compromiso como servidor público. Dentro del Instituto de Cultura (antes Codetur), coordinó con esmero el envío de convocatorias de la Bienal de Artes Visuales “Antonio López Sáenz” y la recepción de poemarios para competir por el Premio “Clemencia Isaura de Poesía”. Su dedicación fue reconocida en 2017 por el Gobierno de Mazatlán, al entregarle un reconocimiento por 27 años de servicio en la Sala de Cabildo”
Lo que nos deja
Una forma de hacer las cosas bien, sin gritos ni reflectores. La ética del servicio público entendida como hospitalidad. Y un manual de cariño aplicado a la organización de su pasión de tiempo completo: la fiesta que es de todos.
Entre bambalinas: tiempos exactos, sonrisa lista. La fiesta avanza.
Hasta pronto, querido Bacho. En cada carroza, en cada corona, en cada aplauso que llegue a tiempo, estarás.
Foto/archivo: Carnaval de Mazatlán / Amigos de Esteban.
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