El Iconoclasta/Mi historia como mesero

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Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

Si fuiste mesero en cualquier giro restaurantero, sabrás la importancia del trato del mesero al cliente, pero también del cliente al mesero y las recompensas y las consecuencias de las situaciones negativas o positivas que se presentan: desde la emblemática propina por un buen servicio, hasta hechos impronunciables por situaciones desagradables.

Sin duda, la cortesía y el respeto son fundamentales en las relaciones humanas.

Desde los trece años de edad tuve la más amplia variedad de empleos, pero un trabajo que tuvo una poderosa influencia formativa en mi persona fue ser, durante mis años mozos, mesero en el Hotel Executivo, hoy Wyndham Executivo Culiacán.

Mi situación era precaria y me hacía falta dinero, por lo que después de clases y en vacaciones, decidí trabajar de mesero.

Inicié mi carrera como mesero en el restaurante El Cucú, del que guardo gratos recuerdos y sigue existiendo con otro nombre.

También transité por la cadena de restaurantes Sandy´s y fui contratado para algunos eventos en la Sala Azteca y el Country Club.

Me tocó trabajar también, de manera breve, en el restaurante Los Arcos como ayudante de cocinero, garrotero y mesero.

Me gané la vida asando y vendiendo pollos, como despachador en una cooperativa escolar y conocí también, en otra época de mi vida, a los cocineros y las cocinas industriales de los centros penitenciarios de Sinaloa.

Aprendí por experiencia en la escuela de la vida hasta que tuve un maestro formal en la persona de José Isaías Medina Ríos, quien impartió un curso para instrucción de meseros en el Hotel Executivo, y llegó a ser coordinador de banquetes de 17 salones para eventos especiales.

El hoy ingeniero agrónomo Isaías Medina, y exitoso empresario, laboró en el Hotel Executivo de octubre de 1984 a abril de 1995 y en una parte de ese periodo fue mi maestro.

Este fin de semana me invitó a desayunar el profesor Juan Ramón Manjarrez Félix, y tuve la grata sorpresa de encontrar a Isaías Medina al frente del Restaurante El Huanacaxtle, un agradable espacio campirano ubicado en el kilómetro 12.5 de la Carretera Culiacán – Guamúchil, en la salida norte de esta ciudad.

Antes y después de un opíparo platillo, degustar unos totopos con salsa y queso, acompañado de café de la olla, tuve la oportunidad de saborear, por cortesía de Isaías, unas tradicionales empanadas rellenas de panocha recién salidas de un horno de adobe, y de postre el exquisito jamoncillo.

Isaías me enseñó, hace casi cuatro décadas, cómo servir la comida, la bebida, la copa, montar las mesas, poner los cubiertos, dirigirme al cliente, caminar con las charolas con bebidas y platillos e incluso me dio una amplia instrucción que me permitió conocer sobre vinos y licores, entre otras muchas cosas.

Recuerdo también con nostalgia las enseñanzas que me dio Pilar Antonio Mendoza Pastor, quien desafortunadamente ya falleció. Ambos fueron mis maestros para meserear.

Isaías hizo un chat de meseros amigos del Hotel Executivo el 24 de octubre de 2014 y formar parte de él me trae gratos recuerdos. Este 2024, voy a cumplir diez años en ese grupo virtual.

Como mesero vives e interactúas con diferentes personas y aprendes a ser amable y tolerante incluso con la gente grosera.

No pueden imaginarse las situaciones tan negativas que pasan en el día a día. Hay mucha presión y adrenalina para entregar las órdenes a tiempo y lidiar con clientes exigentes a los que sonríes con tranquilidad, aunque por dentro quieras salir corriendo para meterte en la cocina o el cuarto frío para gritar.

Es, muchas veces, sumamente estresante.

Si las cosas salen mal los reclamos invariablemente se hacen sin educación, rara vez las quejas son presentadas con corrección o el cliente busca ser agradable.

Muchas personas actúan de una forma, al reclamar el servicio de los meseros, que haría palidecer a los sádicos capataces de las haciendas estadounidenses de Virginia en los tiempos de la esclavitud.

Si el servicio demora por la cocina o por alguna razón ajena, el mesero lleva siempre la peor parte.

Probablemente por eso aprendes con estoicismo y extrema prudencia a tratar a personas que piensan, actúan y ven las cosas diferentes que tú.

Con las horas extras, el trajinar y los desvelos, crece tu círculo de amistades y de anécdotas que con los años sigues recordando con nostalgia y felicidad.

Todas esas situaciones fuera de tu alcance que debes resolver, las veces que se te caen las charolas de comida, los miles de tropiezos y entregar mal la orden de comida, son parte de esa difícil pero venturosa realidad.

Nos toca de todo. Los clientes engreídos, acosadores, enfadosos, bravucones y hasta locos, drogados o borrachos y las damas petulantes y odiosas en medio de un mar de griterío. Ni qué decir de los que se van sin pagar la cuenta.

Mi historia de mesero, como una innumerable cantidad de trabajos que no pongo en mi currículum vitae, es un valor agregado en mi experiencia que tuvieron que ver con mi desarrollo y mis realizaciones personales.

Además de los trabajos que ya mencioné, fui mandadero, botarga, edecán, ayudante de mil cosas, lavacarros, auditor de Tiendas Ley, subjefe de bodega de MZ, abarrotero en Comercial Mexicana y Tiendas Oxxo, vendedor de muebles de Hermanos Vázquez y Villaverde, obrero federal en la Planta de Pemex de Culiacán, mecanógrafo en El Sol de Sinaloa, oficinista y maestro de escuela primaria, entre otros muchos trabajos que de momento no recuerdo, además de mesero, antes de llegar a la redacción de un periódico y convertirme en periodista y luego en psicólogo.

Tuve la oportunidad de conocer a personas entrañables, desde el más humilde hasta el más encumbrado, artistas y cantantes famosos como Ricky Martin y políticos como Colosio.

A Colosio me tocó tratarlo personalmente en el Hotel Executivo en un servicio en el que coincidí con Isaías Medina, quien fungía como capitán de meseros.

Tuve trato con académicos, escritores y figuras de gran relevancia. Disfruté tantas aventuras como mesero que nada le piden a mis historias como periodista.

Además, debo confesar, que económicamente me fue bien como mesero, además de la paga, en ese tiempo las propinas eran muy buenas. Fue una época de oro para muchos que nos desenvolvimos en la bonanza de tan gratificantes menesteres.

Conocí gente extraordinaria entre mis compañeros meseros que ahora siguen siendo meseros y otros son sacerdotes, cantantes, actores, gerentes, emprendedores, abogados, vendedores, agrónomos, psicólogos o periodistas como un servidor.

También fue mesero del Hotel Executivo el Padre Luis Enrique García Rodríguez, quien el 19 de marzo de 2009 inició su vida sacerdotal.

Ahí cantaron mis amigos del Trío Azteca, Roberto Zazueta, Ramón Camargo y Daniel Murillo. Ahí se conocieron y enamoraron Daniel Murillo y Leticia Guzmán.

Con Lety me tocaría trabajar, ella como administradora, un servidor ya en la faceta de funcionario en el área de comunicación gubernamental.

En el Restaurante El Huanacaxtle también conversé este día con otro compañero mesero de mi época en el Hotel Executivo: el exitoso compositor y cantante Efraín Cervantes Cota “El Payo”, quien ahora se dedica a organizar espectáculos musicales con orquestas con los equipos más modernos y sofisticados.

Con él hablamos de nuestras composiciones, pues el profe Manjarrez, mi amigo Loreto Acosta y un servidor, también componemos y firmamos algunas melodías con el legendario Pepe Cabrera.

Con “El Payo” e Isaías quedamos formalmente de seguir hablando de nuestras composiciones, pues ambos se mueven en el mundo de la música y el espectáculo.

No he asistido a ninguna reunión con mis ex compañeros del Hotel Executivo, pero disfruto ver que nuestras vivencias nos siguen uniendo.

Algunas reuniones han sido en la casa de Irma y Rafael Vizar en la colonia Salvador Alvarado de Culiacán.

Finalmente, quisiera recomendarte a ti lector que, si un mesero te sonríe y te brinda un buen servicio, no pienses que lo hace solamente por la propina.

Agradece su servicio con un “gracias”, más allá de la pequeña gratificación que darás como recompensa: quizás te sorprenda saber que cada vez es menos lo poco que se escucha esta palabra.

Un elogio frente a un superior sería también un buen gesto.

Hay que recuperar el sano hábito de ser agradecido con quien nos ha dado un buen servicio y apreciar, de corazón, el trabajo de un mesero.

De hecho, me encanta servir y en mi fuero interno, con humildad, sigo siendo mesero.

Pie de foto: De izquierda a derecha aparecen Juan Ramón Manjarrez Félix «El Profe», Efraín Cervantes Cota “El Payo”, Miguel Alonso Rivera Bojórquez y  José Isaías Medina Ríos.

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