Del “olvido al no me acuerdo”: Semana Santa eclipsa el triunfo republicano de 1864 en Mazatlán

Por Mario Martini | Especial P243

Mazatlán, Sinaloa, 05 abril 2026.-Entre bandas, playa llena y hoteles al tope, la historia volvió a quedar para después, atrapada entre el “olvido y no me acuerdo”.

Mientras Sinaloa vive otra Semana Santa en modo carnaval -con destinos llenos de costa a sierra-, crucificciones teatrales, iglesias a media agua y playas al tope, uno de los episodios más importantes del siglo XIX mexicano pasó en silencio. Los 162 años del pírrico triunfo republicano sobre la invasión francesa en Mazatlán, aquel 31 de marzo de 1864, no ameritó ni una ofrenda floral ni una simple guardia de honor.

No hubo acto relevante, ni ceremonia visible, ni discurso oficial que recordara que este puerto resistió lo que otras ciudades no pudieron. Y que desde 2023 puede presumirse ante el mundo como “Ciudad y Puerto Heroicos” como si fuera denominación de origen. Como lo hacen los poblanos cada 5 de mayo.

Mazatlán fue escenario de uno de los momentos más simbólicos de la defensa republicana. En plena intervención francesa, la capital de Sinaloa – fue la única del país que no cayó completamente bajo control imperial.

Ese episodio fue narrado por Ignacio Ramírez, El Nigromante, testigo presencial y cronista de la época, quien dejó constancia del momento con tono urgente y directo:

“El enemigo, rechazado con firmeza, no pudo sostenerse en el puerto; la resistencia de los republicanos fue tan decidida como eficaz.”

Son líneas del periodista que hoy suenan a muchos años, palabras lejana, borradas por el ruido del turismo salvaje que depredador y pone en riesgo la viabilidad de los vulnerables servicios públicos municipales.

Memoria y espectáculo

Mazatlán sí recuerda el episodio a la manera de contar su historia íntima: por carnavales. Cada año, durante el Carnaval, miles de personas presencian el Combate Naval, un espectáculo de fuegos artificiales que recrea la batalla contra los franceses. Es uno de los eventos más concurridos y celebrados. Pero también es memoria bajada al piso del entretenimiento.

Agenda que no miró atrás

La historia, otra vez, fue desplazada en la agenda oficial que privilegió otras actividades.

La omisión no es menor. Ese mismo 31 de marzo, fecha clave del triunfo republicano, la presidenta municipal de Mazatlán, Estrella Palacios Domínguez, sostuvo una jornada pública intensa, pero sin espacio para un mínimo recordatorio.

De acuerdo con su agenda oficial, el día arrancó con la Mesa Regional de Seguridad y Construcción de Paz, seguido de actividades vinculadas al turismo como la atención por el arribo del crucero Norwegian Jade y el inicio de operaciones del vuelo Guadalajara–Mazatlán.

La jornada continuó con sesiones administrativas del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte, la inauguración de un espacio recreativo dentro del programa Qué Bonito Mazatlán, y cerró con un evento ligado al Carnaval: el Primer Concurso de Fotografía del Carnaval Internacional de Mazatlán 2026.

Una agenda cargada, agotadora, pero completamente alineada a seguridad, promoción turística y operación institucional. Ni un acto, ni una mención, ni un gesto público dedicado al 31 de marzo de 1864.

Silencio en tierra adentro

En Navolato, la memorable batalla de San Pedro al mando del general Antonio Rosales, tampoco se registraron ceremonias de alto perfil.

Hoy, la guerra no es contra ejércitos extranjeros, sino contra el olvido. Y en esa batalla, la historia parece retroceder frente a la lógica del turismo, la ocupación hotelera y la agenda económica cuando en realidad es otro insumo que pudiera aprovecharse en nichos de mayor rentabilidad turística en el país y el extranjero.

Queda claro que Semana Santa no solo llena playas, hoteles y deja temblando a los habitantes permanentes con servicios como agua y drenaje que están rebasados en su capacidad operativa. Esta liturgia también vacía efemérides.

Editorial P23

Sinaloa celebra, pero no todo lo que debería. Entre el carnaval permanente y la derrama económica, el triunfo republicano de 1864 quedó reducido a una nota al margen, a un dato de archivo, a una historia que sobrevive más en la pirotecnia que en la memoria pública. Y así, entre el bullicio, la música y el gentío, la historia vuelve a pasar desapercibida.

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