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- Toca tierra a las 3:15 de la madrugada con vientos máximos sostenidos de 325 kilómetros por hora (km/h), rachas de hasta 400 km/h y desplazamiento al nor-noroeste a 19 km/h.
- Viento, lluvia y sirenas toman por sorpresa a mazatlecos y autoridades que tardan en reaccionar.-
- Informe preliminar de Protección Civil: 8 mil damnificados, 65 km de litoral afectado, 120 desaparecidos y 4 mil viviendas con pérdida total.
Cobertura especial de Paralelo 23 – Periodismo Democrático y Tropical
Por Mario Martini / Valentina Ramírez / Brian Ramírez y equipo de Fotoperiodistas desplegado en la ciudad

Cerca de la medianoche el cielo anunció el drama.
En menos de una hora, el malecón de la avenida del Mar —el más largo de América Latina con casi 30 kilómetros urbanizados— y el tradicional Paseo de Olas Altas fueron cubiertos por grandes olas que formaron un muro de agua.
El sistema eléctrico colapsó en toda la ciudad; algunas sirenas ulularon durante unos minutos, pero luego callaron, dejando el espacio al sonido del viento y los ruidos metálicos de anuncios espectaculares, autos golpeando estructuras y palmeras arrancadas de cuajo.

Las colonias Juárez, Montuosa y El Infiernillo quedaron sumergidas bajo las aguas bravas del arroyo Jabalines, que partieron en dos el puente Juárez y las construcciones vecinas.
Cientos de familias quedaron atrapadas en las azoteas de las casas que resistieron; en un instante, las invasiones del arroyo Jabalines desaparecieron bajo la corriente. Una vecina de la Juarez narró el drama.

El agua me llegó al pecho en segundos, dijo
La naturaleza finalmente le dio la razón a los habitantes de las colonias Labastida Ochoa, Huertos Familiares y Los Laureles, que en mayo de 2025 denunciaron el desvío ilegal del arroyo por parte del Ayuntamiento de Mazatlán sin notificación oficial ni permisos de la Conagua.
Advirtieron que esa acción incrementaría el riesgo de inundación. Los tres asentamientos fueron enterrados por la enorme cantidad de agua del huracán nunca visto en la historia del puerto.

Desvío ilegal del arroyo y dos años de omisión abonaron a la desgracia.
Desprevenidos
El caos se desató no solo por la fuerza del meteoro, sino por la falta de medidas preventivas de las autoridades que ignoraron las advertencias del Servicio Meteorológico Nacional y del Centro Nacional de Huracanes de Miami, que anticiparon el violento impacto del fenómeno.
En un primer recorrido del equipo desplegado por Paralelo 23, los daños eran evidentes: el Mercado José María Pino Suárez, inaugurado el 5 de mayo de 1900 y símbolo del centro de abasto de la ciudad, quedó reducido a escombros; su estructura decimonónica fue lanzada por el aire y azotada contra el piso.
La avenida Aquiles Serdán, principal corredor comercial del puerto, prácticamente desapareció, dejando rastros de ropa y mercancías entre el fango.

El Mercado Pino Suárez, construido por la Fundición de Sinaloa a fines del siglo XIX, fue reducido a un recuerdo.
En el Centro Histórico, el kiosco de la plazuela Machado, ícono del puerto, fue arrancado de su base, mientras los edificios alrededor contemplaban erguidos la destrucción, resistiendo el embate del viento que sopló con furia durante más de una hora. Las casas de las calles Constitución, Sixto Osuna, Carnaval y Belisario Domínguez, construidas en el siglo XIX, permanecieron firmes, aunque con severos daños estructurales.

Plazuela Machado, en el corazón del Centro Histórico.
Muchas voces advirtieron que Mazatlán estaba colgado de alfileres. “Mario” confirmó que buena parte de la población vivía en zonas propensas a inundaciones: el Centro Histórico, los márgenes de los esteros y colonias como López Mateos y Toreo finalmente quedaron bajo el agua.
Paralelo 23 confirmó que el estadio Teodoro Mariscal también sufrió daños severos; aunque sus cimientos resistieron, la estructura del techo y las butacas quedaron esparcidas en varios kilómetros a la redonda.
Otro símbolo del puerto, el Monumento al Pescador —conocido popularmente como Los Monos Bichis—, fue derribado por ráfagas de viento que lo arrojaron a la Playa Norte.
El viento tampoco perdonó las esculturas de la Mujer Mazatleca, Pablo Neruda y José Ángel Espinoza Ferrusquilla, dispersas entre lodo y restos del paseo Claussen.

El monumento «Los Monos Bichis” fue inaugurado el 20 de noviembre de 1958 por el gobernador Gabriel Leyva Velázquez y el presidente municipal Héctor González Guevara.
Tormenta perfecta
Sandra Guido, directora ejecutiva de Conselva, Costas y Comunidades A.C., recordó que hace dos años advirtieron que existían todos los ingredientes para una tormenta perfecta:
La ausencia de obras hidráulicas, el uso de los arroyos como basureros y la urbanización acelerada en zonas bajas. Si hubiéramos dragado y limpiado los 13 arroyos que cruzan Mazatlán, el agua habría tenido salida. Pero preferimos el concreto y la infraestructura gris. El resultado fue éste: un desastre anunciado”.

Sandra Guido, directora de Conselva, Costas y Comunidades A.C.
Ciudad colapsada
El gobernador declaró estado de emergencia a las 6:00 a.m., pero el acceso a Mazatlán seguía bloqueado desde el norte por los daños en la autopista Mazatlán–Culiacán. El aeropuerto Rafael Buelna sufrió graves daños estructurales; varias aeronaves resultaron volcadas y destruidas. Comunidades del sur también fueron afectadas por el desbordamiento del río Presidio.
Sin comunicación y con apoyo federal, estatal y municipal desorganizado, los ciudadanos improvisaron brigadas de rescate, caminando sobre el lodo para salvar la vida y buscar a los suyos. Las escenas se repiten: madres con niños en brazos, ancianos empapados y jóvenes formando cadenas humanas para cruzar calles convertidas en ríos.

Albergues al límite
En los albergues improvisados en escuelas, parroquias y gimnasios —como el Lázaro Cárdenas, el Instituto Cultural de Occidente y la primaria Flores Magón— se reporta hacinamiento, escasez de alimentos y falta de electricidad. Los generadores de emergencia apenas alcanzan para mantener encendidas unas cuantas lámparas y refrigerar medicamentos. Voluntarios de Cruz Roja, DIF y colectivos ciudadanos reparten agua, cobijas y sueros orales, mientras los militares refuerzan la seguridad en los accesos.

Hospitales bajo presión
El Hospital General del IMSS, en la colonia Juárez, trabaja con planta eléctrica y personal reducido. El del ISSSTE, sobre Ejército Mexicano, atiende lesionados en pasillos. En el Hospital Naval y el Militar Regional, la saturación es total: médicos y enfermeras atienden heridos entre el ruido de las lluvias y las sirenas. Se improvisaron áreas de triage en estacionamientos y patios interiores, y los pacientes graves son trasladados a Culiacán en unidades militares.
La infraestructura colapsa
Una primera valoración de la Comisión Federal de Electricidad y Jumapam indica que el 80 % de la red de distribución eléctrica fue dañada. Cientos de postes, transformadores y plantas quedaron fuera de servicio. La planta derivadora de Siqueros, que abastece a la ciudad, fue sepultada bajo el lodo proveniente de la cuenca del río Presidio, erosionada por la deforestación y la agricultura extensiva.


Planta derivadora de Siqueros, bajo el lodo.
Ambas dependencias reconocen que tardarán varios días en restablecer parcialmente la energía y el suministro de agua, debido al grave azolvamiento y la falta de maquinaria pesada en operación.
La desesperación domina las calles: familias corren entre cables caídos, vehículos flotan en avenidas convertidas en ríos y los hospitales saturados intentan resistir la crisis. En la colonia Urías, el agua alcanzó el segundo piso de las viviendas.
Nunca habíamos visto algo así”, dijo un pescador de Playa Norte. “El mar se metió muchos metros adentro, llevándose motores, lanchas y hasta casas completas”.

Balance preliminar
- 8 mil damnificados
- 65 km de litoral afectado
- 120 desaparecidos
- 4 mil viviendas con pérdida total

Finalmente la Virgen de la Puntilla fue vencida por la fuerza del destino.
“Mario” dejó una lección inmediata: la vulnerabilidad urbana no es natural, es construida. Nunca fue buena idea sobrecargar los cerros Del Vigia y de la Nevería que también colapsaron. Lo que falló no fue el cielo, sino la planeación y los hombres. Lo advirtieron los científicos, los urbanistas y los ciudadanos; el desastre se sembró mucho antes de que el huracán llegara.





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