OPINIÓN

El sector del agua se mira al espejo el 22 de marzo

Por Alejandro Maceira*

El lema de Naciones Unidas para el Día Mundial del Agua 2026 —«Donde fluye el agua, crece la igualdad»— suena benévolo. Pero el dato que lo sustenta no lo es: en 53 países, las mujeres y niñas siguen siendo las responsables de recolectar el agua, y ese tiempo —250 millones de horas diarias— no se dedica a estudiar, a trabajar ni a participar en la vida pública. Cuando más de 2.100 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura y 380 millones de mujeres viven en zonas de estrés hídrico alto o crítico, la desigualdad de género no es una consecuencia de la crisis hídrica: es su mecanismo de transmisión.

Lo que la campaña de la ONU revela no es solo un problema de acceso, sino una paradoja de gobernanza. Las mujeres gestionan el agua en el hogar y en la comunidad —conocen las fuentes, los horarios de suministro, las necesidades reales—, pero representan apenas una quinta parte de la fuerza laboral del sector hídrico global.

En España, el informe Mujeres en la Transición Ecológica 2025 del MITECO lo cifra con precisión: solo una de cada cinco personas empleadas en gestión sostenible del agua es mujer, frente a la paridad práctica en el conjunto de la economía. El 30 % de representación en la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente completa un cuadro en el que quienes más saben del recurso en la base son quienes menos deciden en la cúspide.

A esto se añade un frente nuevo: la huella hídrica de la economía digital. Según datos recogidos por ICEX, 30 minutos de uso de inteligencia artificial consumen más de 600 ml de agua, y el consumo hídrico asociado a centros de datos, semiconductores y energía alcanzó los 23,7 km³ en 2025, con una previsión de crecimiento del 129 % hasta 2050. Si la expansión digital no integra la variable hídrica en su planificación —especialmente en regiones con estrés hídrico donde se concentran los centros de datos—, añadirá presión exactamente donde la equidad ya está comprometida.

Quedan cuatro años para el horizonte 2030 de los ODS 5 y 6. Ambos acumulan retraso, y la ONU insiste en que no se puede avanzar en uno sin el otro. El sector hídrico español —con operadoras que ya mueven sus planes de igualdad y un tejido científico que empieza a integrar criterios sociales en la planificación— tiene capacidad de tracción. Pero la pregunta sigue abierta: ¿va a incorporar la mitad del talento disponible a las mesas donde se deciden infraestructuras, tarifas y prioridades de inversión, o va a seguir gestionándolas con la mitad?

*Director de Agua