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El Gitano: militares, poder, intriga, carnaval y muerte

  • Nota del autor: En 1981 nació Paralelo 23 con una idea sencilla y exigente: contar Sinaloa desde sus historias, sus personajes y también desde sus desgracias. Uno de nuestros primeros reportajes surgió casi por accidente o quizás por la suerte que también juega en la cancha del periodismo de investigación.

Mazatlán, Sinaloa | 30 agosto 2026 | Mario Martini | P23

Después de investigar el caso de un fotógrafo “pesetero” que llegó a Mazatlán durante el Carnaval de 1979 y terminó encarcelado, acusado de un asesinato que no recordaba haber cometido, empecé a cultivar una relación de amistad con el juez de Primera Instancia del Ramo Penal de Mazatlán, Alfredo Franco Rodríguez.

Un día, el juez llamó a la redacción de Nuevo Diario y me hizo una oferta que terminaría cambiando el rumbo de Paralelo 23 y se convertiría en una obsesión que me persigue hasta nuestros días.

—Están haciendo limpia en el juzgado y van a quemar muchos documentos. Yo sé que te gusta la historia. Date una vuelta cuando puedas para revisar lo que pueda servirte…—

Entre los expedientes destinados al fuego apareció uno que me sobresaltó: las actuaciones judiciales del asesinato del gobernador de Sinaloa Rodolfo T. Loaiza, ocurrido en la madrugada del lunes del Carnaval de 1944.

Empecé a revisar hoja por hoja, como quien entra en una novela policiaca. Había personajes, pistas, contradicciones, testimonios y, detrás de todo, uno de los episodios más oscuros de la historia política sinaloense: ¿quién ordenó la muerte del gobernador?

La investigación terminó convertida en una serie de reportajes publicada en las primeras ediciones de Paralelo 23 y en la novela histórica El Vendedor de Corbatas. Ahora, 45 años después, recuperamos aquel trabajo como parte de nuestra conmemoración de aniversario, no para mirar al pasado con nostalgia, sino para volver a leerlo con los ojos del presente.

  • Rodolfo T. Loaiza: el asesinato que estremeció a Sinaloa en 1944.

Mario Martini | Paralelo 23, 1981

Primera edición impresa: 1981

Edición digital: Agosto 2027

A 37 años de la tragedia, el general Macías Valenzuela,, inculpad por El Gitano, apuntó:

El asesinato de Loaiza fue asqueroso”

Por Mario MARTINI

Fotos de don Miguel Valadés Lejarza

Suavecito, muy quedito, la vieja nos lo dijo. Tuve que acercarme hasta oler sus labios secos, de encías huérfanas, para oír: 

  • el próximo 21 El Gitano asesinará al gobernador Loaiza. Así nomás lo dijo y desapareció sin dejar rastro”.

Al servicio de militares

Que nunca estuvo en la escuela, por lo que no sabe leer ni escribir y recuerda que sus padres lo pusieron a trabajar en el campo desde niño. Con el tiempo, e independientemente de su actividad de agricultor, el declarante ha procurado entablar relaciones de carácter social y político con personas civiles y militares de significación y principalmente con las que han desempeñado puestos públicos y tenido a su cargo mando de fuerzas, recordando entre los elementos militares al General Leobardo Telechea Nolasco que fue comandante de una corporación en (El) Rosario, en la época en la que era Jefe de la Zona de Sinaloa el General Agustín Mustieles; que también recuerda haber entablado amistad con los Generales Rafael Cerón Medina y Arturo Ponce de León

Que recuerda que cuando desempeñaba el cargo de Comandante de la Zona Militar de Sinaloa el General Agustín Mustieles, fue requerido por el General Telechea para que sometiera al orden a Claudio López.

Estando presente Rodolfo Valdez Valdez fue protestado en términos de Ley y por sus generales dijo llamarse como está escrito, originario de Agua Caliente de Gárate, Distrito de Concordia, Estado de Sinaloa, de treinta y cuatro años de edad, casado, agricultor y comerciante, con domicilio en la calle de Guanajuato número dieciocho de la expresada población de Agua Caliente. Examinado en forma y en relación con los hechos que se investigan, declaró:

Que con autorización del General Telechea buscó y encontró al mentado Claudio López en compañía de su segundo de nombre Anastacio, quienes al ver al de la voz trataron de sacar sus pistolas pero fue muy tarde, ya que recibieron varios disparos que les causaron la muerte.

Que como acostumbra prestar su colaboración a las autoridades, recuerda Millán hijo, y corrieron la versión de que lo habían hecho de acuerdo con el declarante, lo que no es exacto. Por ello, el general Cerón Medina lo llamó y le hizo saber esta versión.

Que para el efecto se hizo acompañar de otro individuo de nombre General Peraza Salazar ya fallecido y que era comandante de policía de Concordia. Al localizar a los hermanos Lizárraga y al tal Calvillo intercambiaron disparos, habiendo muerto los dos Lizárraga y Calvillo.

…habiéndole ofrecido el declarante al mencionado militar que él se encargaría personalmente de presentárselos vivos o muertos, con lo que estuvo de acuerdo el General Cerón Medina.

Que para el efecto se hizo acompañar de otro individuo de nombre General Peraza Salazar que ya fallecido y que era comandante de policía de Concordia. Al localizar a los hermanos Lizárraga y al tal Calvillo intercambiaron disparos, habiendo muerto los dos Lizárraga y Calvillo.

Casi nadie hizo caso de la vieja, en parte, porque su voz se extinguía y, en parte, porque el alboroto del Carnaval se venía encima. Su advertencia se fue con el viento helado que acostumbra correr en febrero.

Que en cierta ocasión solicitó al General Cerón Medina que lo presentara con el General Pablo Macías Valenzuela de quien le parece que entonces desempeñaba el cargo de Comandante de la Zona. Que hecha la presentación llegó a tener pláticas con el General Macías, quien se interesó por saber sus antecedentes y, en uno de los viajes que hizo a Mazatlán para vender su maíz, fue llamado por conducto del chofer del General Macías para que pasara a entrevistarse con él. Que recuerda que dicho chofer era nombrado como Chuy y que era teniente o quizá subteniente.

“ME DECÍAN El Gitano por la fachita…” Fue una manda, su madre no cortarle el pelo y vestirlo de mujer si sobrevivía a la viruela.

-Entonces el General Pablo Macías Valenzuela, al quedar solos, le dijo al de la voz que había recibido orden superior para matar a Loaiza. De modo que el indicado para hacerlo, según la orden que había recibido, era el propio dicente, El Gitano.

Es orden de la superioridad y tú eres el indicado para este asunto.

El exponente le dijo:

-General, este asunto lo sabe ya el señor General Cerón Medina y que entonces el General Macías Valenzuela, poniéndose de pie e inclinándose hacia el de la voz y levantando la mano derecha para recalcar lo que iba a decir, le respondió: de este asunto ni su mamacita de usted ha de saber nada, porque si este secreto se espolvorea antes de que se lleve a cabo, usted es dueño…

Que el de la voz ya no contestó nada, dejando que Macías Valenzuela agregara:

el Carnaval es el momento indicado.

Que el de la voz no sabe cuanto tiempo antes de los hechos en que perdió la vida el coronel Loaiza tuvo la plática que ha relatado con el General Pablo Macías Valenzuela, pero si está cierto de que mediaron no sólo días sino algunos meses.

Todo estaba listo para celebrar otro Carnaval y nunca más se nos volvió a aparecer la anciana que se llevó para sus adentros los secretos de quien sabe cuántas cosas. Nunca tuvimos la oportunidad de volverla a ver, cuantimás entre tanta gente.

Domingo de carnaval

El domingo de Carnaval llegué a Mazatlán, por la tarde. Me resistía a venir porque sabía que era cosa seria.

Por recomendación del mismo General Macías Valenzuela conseguí a alguien de mi confianza para que me ayudara con el encargo.

Que recuerda que se entrevistó con Felipe Gil, oriundo de Mazatlán, conocedor del lugar y que a la sazón andaba huyendo. Le dijo: hay un detalle serio en Mazatlán que tenemos que llevar a cabo, prepárate.

Nos quedamos de ver el domingo al oscurecer en la casa que en Mazatlán tenía el mismo Felipe Gil.

Antes estuve en la casa de mi compadre Antonio Montaño, por la calle Zaragoza.

Que el de la voz salió dirigiéndose hacia el centro para ver como estaban las cosas para localizar y hacer el plan; hace ver que su recorrido lo hacía a bordo de un carro de alquiler, como hay tantos en Mazatlán y sin que el conductor estuviera en antecedentes con el de la voz; que en este recorrido, más o menos a las once o doce, vio el declarante que llegaba y hacía su entrada al hotel Belmar el Coronel Rodolfo T. Loaiza.

Que el declarante se fue por Felipe Gil, a quien le dijo:

vámonos a cierto asunto y en el auto de alquiler se fueron al hotel Belmar, habiéndole dicho al chofer: aquí espéranos, no te vayas a ir, háblete quien te hable.

Ya en tierra, le dije a Felipe Gil:

aquí está el asunto. Traigo órdenes de la Superioridad de matar a Loaiza y aquel me repuso: lo que mandes.

Al entrar al hotel me encontré con Manuel Echegaray, a quien le dije que se quedara en el pasillo, que no me tardaba, que iba en busca de algo.

Eran entre las doce o una de la madrugada. El dicente fue a la cantina y pidió una coca cola y unos aperitivos para algunos amigos que estaban presentes. Que quería parecer espléndido.

Que desde ese sitio vio para dentro y localizó el sitio en el que estaba presente el Coronel Loaiza, sentado y dándole el frente en medio de mucha gente, ocupando el lugar distinguido.

RODOLFO VALDEZ Valdez, El Gitano

Una vez que lo vi, pagué las copas que se habían consumido y sin perderlo de vista esperé a que tocaran una pieza, pues comprendía que al oirse la música, la gente que estaba con el Coronel Loaiza se levantaría a bailar y sería menos notorio cuando me dirigiera hacia él.

Las cosas se desarrollaron como las tenía planeadas y entonces me dirigí hacia él, Loaiza, y sin decirle ni una sola palabra al pasar por su espalda y como si fuera hacia otro sitio, saqué la pistola que cargaba del lado derecho, automática, calibre 38 super y le hice dos disparos; caminé unos tres pasos y vi que cayó de su asiento.

Que los disparos los hizo andando, a una distancia como de seis metros; que le parece al de la voz que el Coronel Loaiza cayó de lado, sin que lo precise porque no hizo estación, sino que procuró la fuga.

EL CADAVER de Loaiza, en el Hotel Belmar. Foto: Michel Valadés Lejarza

Sentí que por la espalda me hacían fuego, volví el rostro y localicé al que disparaba, le disparé otros dos tiros y vi que cayó.

—Que el de la voz siguió hacia adelante hasta encontrarse con Felipe Gil, quien tenía el encargo de facilitarle la salida, evitando estorbos de corinaje o de otro género, sin que haya tomado mayor participación en el asunto.

—-Que al continuar su fuga disparándole desde adentro, uno de las balas tocó a su amigo Manuel Echegaray, hiriéndolo, por lo que el de la voz pretendió sacarlo de ahí, cogiéndolo en brazos y conduciéndolo hasta el mismo carro que lo seguía esperando. Al poco tiempo murió Echegaray.

—Que salieron a la Palma (Sola), donde se apropió de una gaveta donde sepultaron al mentado Echegaray. Que del Hotel a la Palma hicieron más o menos tres horas de camino.

—Que el dicente asintió que con posterioridad a los acontecimientos que ha relatado, no ha tenido comunicación con el General Pablo Macías Valenzuela y viendo que los días pasaban sin recibir indicaciones suyas, y que todo se le echaba a él, viniéndosele el mundo encima, decidió entregarse.

—Que el apodo de El Gitano le viene de que hasta los diez años más o menos, por promesa de su madre, no le cortaron el pelo y lo vestía de mujer, ya que en esa época había mucha viruela y su madre prometió que si su hijo vivía no le cortaría el pelo y lo vestiría de mujer. Que el de la voz dejó de cortarse el pelo como dos años más y los del pueblo, por esa fachita, le pusieron El Gitano.

—Que desde niño es afecto a las armas.

Actas de defunción

—Siendo las 3:45 horas del día 21 de febrero de 1944 el agente social da fe de que en la orilla de la primera arcada que da entrada al patio Andaluz del hotel Belmar, a la derecha, se encuentra el cadáver del Ciudadano Gobernador del Estado de Sinaloa, coronel Rodolfo T. Loaiza; su cuerpo está boca abajo, la cabeza al norte y los pies al sur, su mano izquierda introducida en el bolsillo trasero del pantalón.

—Presenta dos heridas producidas al parecer por proyectiles de arma de fuego; los orificios de entrada están en la región occipital mediando entre ellos aproximadamente dos centímetros, y los de salida, uno en el párpado inferior del ojo izquierdo y el otro en la región mentoniana, poco abajo del labio inferior.

EL CADAVER de Loaiza, en el Hotel Belmar. Foto: Miguel Valadés Lejarza

A 30 metros, en dirección vertical de la puerta principal, rumbo al poniente, se encuentra otro cadáver, al parecer de un norteamericano.

A las 9 horas del mismo día 21 se tuvo conocimiento de que en el hospital se encuentra el cadáver del joven Rubén Brooks, muerto según parece en el mismo zafarrancho en el que perecieron el gobernador del Estado y el norteamericano Walter Victor Cotchett.

CADÁVER DE Rubén Brooks, hermano del actor Claudio Brooks. Foto: Miguel Valadés Lejarza

Hablan los militares

GENERAL BRIGADIER RAFAEL CERON MEDINA, comandante del 15avo. Batallón con matriz en la plaza de Mazatlán:

—Que en el año de 1942, sin recordar el mes, tuvo oportunidad de conocer personalmente al Gitano; que en alguna visita de las que hacía el Gitano a Mazatlán se entrevistó con el deponente en las oficinas de su cuartel; que con el Gitano no mantuvo ninguna relación de amistad, pero reconoce que Rodolfo Valdez Valdez prestó algunos servicios al Gobierno, tales como el haber logrado la captura de un tal Calvillo que había dado muerte al presidente municipal de El Rosario, Juan Millán.

—Que a poco tiempo de que el general Pablo Macías Valenzuela se hiciera cargo de la comandancia militar del Pacífico en sustitución del General Lázaro Cárdenas, el declarante aprovechó una de las oportunidades que le brindaban las visitas del Gitano para presentarlo con el propio Macías Valenzuela.

—Que pudo darse cuenta de que el gobernador Loaiza sobrellevaba al Gitano, suministrándole dinero.

MACIAS VALENZUELA

Después de más de un año de silencio, el general Pablo Macías Valenzuela hizo declaraciones a la prensa capitalina, ya con la investidura de gobernador del Estado (27 de marzo de 1945).


EL GEERAL Pablo E. Macías Valenzuela, durante una entrevista periodística, en la que expone su versión de los hechos al reportero.

Rechazo con la mayor de las indignaciones -dijo- las imputaciones de un sujeto como El Gitano, que me fuera presentado por el general Rafael Cerón Medina, como un rebelde amnistiado que pretendía garantías para volver a sus trabajos labrando la tierra.

Se las di como Jefe de la Zona del Pacífico, pero de eso a una amistad íntima con un bandolero, hay mucha distancia.

Por otra parte -agregó- en mi despacho fue donde públicamente recibí al Gitano, que siempre llegaba acompañado de uno de los dos de sus allegados y en presencia de mis ayudantes. Habiendo visto Valdez una pistola “izquierdilla” sobre mi mesa, quiso comprarla, le dije que no la vendía y como no me hacía falta se la regalé.

Agregó en la entrevista:

En torno a ésto se ha pretendido bordar una intriga presentándome como entregando el arma asesina para matar a una persona cuya desaparición no me interesaba, no significaba nada políticamente, ni me causaba daño presente ni futuro.

Dijo más adelante:

Además por propia convicción y sentimiento personal, rechazo usar el homicidio como un procedimiento. Califiqué y seguiré calificando el asesinato del coronel Rodolfo T. Loaiza con la palabra de asqueroso.

Me extraña la actitud y digo que es falso lo que asienta el general Cerón Medina, que le di órdenes de traer por medio del Gitano, vivos o muertos, a los hermanos Lizárraga y a Ignacio Calvillo, pues sólo di órdenes de perseguirlos por el asesinato del señor Millán.

Estimo como causa probable de la muerte del coronel Loaiza, el asesinato de Alfonso Tirado, Poncho Tirado, líder de los agricultores del Sur de Sinaloa, que fue asesinado en Culiacán. Este pasante de medicina gozaba de una amplia popularidad y representaba la oposición a la política seguida por Loaiza.

Todo Sinaloa sabía que sobre el sepulcro de Poncho sus partidarios juraron que vengarían su muerte, y que ésta se atribuía al coronel Loaiza.

Estimo como una calumnia infame el que se me atribuya que yo, en un momento de furor haya declarado que al coronel Loaiza era a quien le debía todas mis desgracias.

A la muerte de Loaiza, Macías Valenzuela asumió la gobernatura provisional del Estado, de Sinaloa,

Todo quieto

—Que Loaiza nunca le hizo ningún daño, que al contrario, siempre le prestó servicios y ayuda, a cambio también de servicios que el de la voz le prestó a su gobierno.

La fuga

Transcurridos algunos años, El Gitano escapó de la prisión militar de Mazatlán y nunca se supo nada de él. Algunas versiones lo ubican como guardaespaldas de la familia del gobernador Leopoldo Sánchez Celis

EN 16 FOJAS UTILES Y PARA LOS EFECTOS DE MI RESOLUCION DE ESTA FECHA, REMITO A USTED LAS DILIGENCIAS PRACTICADAS EN CONTRA DE JUAN HEREDIA Y ALFREDO MORENO BUCHARD, COMO PRESUNTOS RESPONSABLES DEL DELITO DE EVASION DE PRESOS, EJECUTADO POR RODOLFO VALDEZ VALDEZ, ALIAS EL GITANO, Y COMETIDO EN PERJUICIO DE LA SOCIEDAD.

Mazatlán, Sinaloa mayo 20 de 1949.

Agente del Ministerio Público

Adalberto Alvarez G.

El Gitano: una vida de leyenda ligada al carnaval sangriento

La vida de El Gitano se convirtió en leyenda.

Después de su escapatorio de la prisión poco o nada se supo de Rodolfo Valdez. Existen muchas versiones que aseguran que murió envenenado en Culiacán y otras que desmienten lo anterior y aseguran que aún vive.

Lo cierto es que Valdez Valdez fue un tipo muy hábil para persuadir y servir a las autoridades civiles y militares en turno y a cambio recibió todo tipo de facilidades para realizar sus negocios.

Aunque no se menciona en ninguna parte del proceso instruido en su contra por el asesinato de Rodolfo T. Loaiza, se presume que uno de los causas de la violencia ocurrida en esa época marcaba el inicio de una ilícita actividad para Sinaloa: el narcotráfico.

Es obvio decir que con el arribo del General Pablo Macías Valenzuela al gobierno de Sinaloa, se dio carpetazo al asunto y nunca se dictó sentencia a ninguno de los funcionarios involucrados.

Incluso, los generales Pablo Macías Valenzuela y Rafael Cerón Medina, directamente acusados por el pistolero de participar de algún modo en el asesinato de Loaiza, recurrieron al presidente del país, Manuel Avila Camacho y al entonces secretario de la Defensa Nacional, Lázaro Cárdenas, quienes les reiteraron su apoyo y, de alguna forma no conocida públicamente, influyeron para que el asunto quedara olvidado.

Al mes de la muerte de Loaiza, Cerón Medina fue cesado del cargo como comandante del 15avo. batallón con sede en Mazatlán y enviado a Sonora a atender un regimiento desmantelado, a manera de castigo.

Sin embargo, a respuesta de una carta suya enviada a Lázaro Cárdenas para saber las causas de su cambio, se le dice:

Si hubiera sospecha de que algo tuvo que ver con la muerte de Loaiza, no se le hubiera conferido nuevo mando de fuerzas, sino que se le hubiera consignado.

A Macías Valenzuela se le suspendió el proceso por órdenes superiores, pero aún así se amparo antes de ir a declarar.

Con los años todo se olvidó, y sólo de vez en cuando El Gitano se recuerda.

En 1944 hubo tres asesinatos en la madrugada del domingo de Carnaval que siguen en la impunidad.

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