La corona cayó como relámpago sobre el Teodoro Mariscal
Por Margarita Ebanogorrea | P23
Mazatlán, Sinaloa, 14 de febrero de 2025.—La noche no fue noche: fue estruendo.
El estadio “Teodoro Mariscal” dejó de ser diamante y se convirtió en trono.
Más de veinte mil almas respiraron al mismo tiempo cuando Eneyda Rocha Ruiz, Presidenta del Sistema DIF Sinaloa —en representación del gobernador Rubén Rocha Moya— y la Presidenta Municipal Estrella Palacios Domínguez levantaron la corona y la depositaron sobre la cabeza de S.G.M. Anahí I, Reina del Carnaval Internacional Mazatlán 2026, Arriba la Tambora.

No fue un gesto protocolario.
Fue un acto ceremonial frente al mar invisible que también estaba allí.
La tambora no acompañó la escena: la dictó.
Cada redoble fue un pulso colectivo.
Cada aplauso, una afirmación de pertenencia.
Anahí I recibió los atributos reales bajo un cielo que se incendió en fuegos artificiales. A su lado, sus princesas —Andrea García, Marbella Medina, Joanna Castillo y Marbella Rivera— formaron el cuadro perfecto de la corte, como si el puerto entero hubiera decidido vestirse de gala.
El estadio vibró.
No era sólo coronación: era espejo.
En medio de la ceremonia, el Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán rindió homenaje a Eleonora Margarita Aguilar por su 50 aniversario como Reina del Carnaval. Medio siglo después, la memoria subió al escenario y recordó que las coronas no se apagan: se heredan.
El espectáculo fue un mosaico de identidad.
La Compañía de Ballet Clásico del Instituto de Cultura, la Escuela Municipal de Ballet Clásico, Astros Dance Center, el Ballet Folclórico del Instituto de Cultura y la Compañía Folclórica El Mazatleco desplegaron coreografías que tejieron tradición con disciplina, raíz con escenario.
Y cuando la noche parecía haberlo dicho todo, apareció la voz.
Yuridia subió al escenario con su Tour 2026 Sin Llorar. La multitud dejó de ser multitud para convertirse en coro. La cantante no cerró la velada: la elevó. Cada nota fue una prolongación del orgullo mazatleco.
La coronación de Anahí I no fue sólo el tercer día de fiesta.
Fue la confirmación de que el Carnaval no se improvisa: se construye con memoria, poder institucional, arte y tambora.
Mazatlán no pidió permiso para brillar.
Brilló.
Y cuando la corona quedó fija, el mensaje fue claro:

Aquí la alegría es soberana.
Aquí la tambora manda.
Aquí el puerto se corona a sí mismo.
Arriba la Tambora.





