- El Estadio Teodoro Mariscal se volvió océano.
Por Margarita Ebanogorrea | P23
Mazatlán, Sinaloa, 16 de febrero de 2026.-Bajo un cielo domesticado por luces azules y gaviotas proyectadas, la tarde cayó como cae el telón en los teatros antiguos: despacio, con ceremonia. Y entonces el mar —ese mar que aquí es personaje— empezó a respirar en bocinas. Así inició la coronación de Eeilen I, Reina Infantil del Carnaval Internacional Mazatlán 2026 “Arriba la Tambora”, y de Noelia I, Reina de la Poesía.
La escena llevaba por nombre “Cuando el mar trajo la tambora”. Y no fue metáfora gratuita. Desde la penumbra surgió una voz narrativa que recordó que en Mazatlán las historias se bailan. Nacen entre olas al ritmo de tuba y tarima.
Telas en gamas de azul profundo ondulaban como marejada mansa; los cuerpos infantiles dibujaban corrientes marinas; las coreografías respiraban al ritmo del vaivén. La fantasía no era artificio: era memoria disfrazada de juego.

Eeilen I recibió sus atributos reales de manos de Eneyda Rocha, presidenta del Sistema DIF Sinaloa. Noelia I fue coronada por la presidenta municipal, Estrella Palacios Domínguez. Dos gestos de protocolo que, en escena, parecieron ritos antiguos: la transmisión simbólica de una alegría que no caduca.
La música fue brújula y oleaje. Sonaron Mazatleco Tradicional, Palillos Chinos, Tuba Chicoteada, La Pachuca, El Cable, La Cuichi. Cada pieza acompañó un instante: la aparición del “niño del mar”, la entrada de instrumentos que parecían nadar entre olas humanas, la irrupción de la tambora marcando el pulso colectivo.
Hubo un instante en que el tiempo se dobló. El homenaje a las reinas infantiles de hace 25 y 50 años recordó que el carnaval no es sólo espectáculo: es archivo emocional. Aida García Verde, Reina Infantil 2001, e Isaura Rendón, Reina Infantil 1976, regresaron al escenario como quien vuelve a casa después de una larga travesía. El aplauso no fue cortesía; fue reconocimiento.

También se despidieron las soberanas infantiles 2025, Ximena II, Reina de la Poesía, y Ángela I, Reina Infantil. Gratitud en los ojos, nostalgia apenas contenida y esa dignidad pequeña —y enorme— que sólo las niñas coronadas saben sostener.
Entonces llegaron las gaviotas iluminadas, surcando la penumbra como presagio. El estadio contuvo el aliento. El protocolo real desplegó su liturgia y el estallido de los papaquis selló el instante: Eeilen I fue proclamada Reina Infantil del Carnaval 2026. La tambora no acompañó; condujo.

El mar escénico volvió a abrirse para recibir a Elisa, Princesa Real, y a Noelia I, Reina de la Poesía. El cortejo infantil quedó completo, como un poema coral escrito con lentejuelas y salitre.
Antes, la fiesta había iniciado con Lara Campos, que encendió el ánimo de niñas y niños con esa energía que sólo la infancia entiende sin traducción. Y el cierre corrió a cargo de Belinda, cuya presencia convirtió el estadio en un coro multitudinario: la euforia como idioma compartido.

Así, entre luces, poesía y tradición, Mazatlán recordó que su carnaval no empieza en la nostalgia adulta ni termina en la madrugada. Comienza en la mirada asombrada de una niña coronada, en el latido firme de una tambora que parece surgir del fondo del mar.

Porque aquí —como diría cualquier dramaturga que haya mirado este puerto con ojos de escena— el carnaval no se organiza: se encarna.
Y la infancia, en Mazatlán, también reina.














