Oscar 2026 premia el discurso sobre el cine: One Battle After Another y Sinners, ganadoras entre la corrección política y la simplificación narrativa

Por Mario Martini y Valentina Ramírez | P23

Hay años en que el Oscar no distingue al mejor cine, sino al más oportuno.

Y 2026 quedará marcado como uno de ellos.

Las victorias de One Battle After Another y Sinners no son escandalosas por su calidad —ambas son películas sólidas—, sino por lo que revelan: una Academia más interesada en premiar discursos que en reconocer complejidad cinematográfica.

🧠 One Battle After Another: la pureza como impostura

En el centro de la película habita una idea poderosa: la persistencia de la supremacía racial “pura” como mito contemporáneo.

Encarnado por Sean Penn, el personaje central articula un discurso de pureza que, en realidad, se desmorona desde dentro: su deseo por mujeres negras lo coloca en una contradicción irreconciliable con la ideología que predica.

Esa dualidad —hipócrita, reprimida, profundamente humana— es el verdadero hallazgo de la cinta.

Ahí, la película roza algo importante:

que la supremacía no es una convicción sólida, sino una ficción sostenida por negación y miedo, una máscara que se rompe en el terreno del deseo.

Pero One Battle After Another no se atreve a profundizar en esa grieta. Prefiere el subrayado político, la consigna, el discurso evidente.

A eso se suma otra línea problemática: la migración como telón de fondo presentada más como presión social o amenaza latente que como fenómeno humano complejo. La película dramatiza antes de comprender.

El resultado: una obra pertinente, sí… pero ideológicamente plana.

🔥 Sinners: estética poderosa, desvío narrativo

Sinners apuesta por la atmósfera. Su fotografía, su tono y su construcción visual tienen momentos de verdadera potencia.

La película parece explorar la relación entre identidad, religión y herencia cultural. Pero en ese camino introduce un elemento que termina por desfigurar su propuesta: la vinculación del blues con lo demoníaco.

Sí, puede leerse como recurso simbólico.

Pero la película no se queda ahí.

Al insistir en esa asociación, cruza hacia un terreno más literal y menos sugerente, donde lo cultural se convierte en lo monstruoso. Y entonces la cinta, que prometía complejidad, deriva hacia algo más rudimentario: una especie de relato vampírico estilizado.

No es el uso del horror lo que falla.

Es su falta de contención.

La metáfora deja de dialogar y comienza a imponer.

🏛️ El Oscar y la tentación del mensaje

Ambas películas comparten un mismo problema:

simplifican conflictos complejos para hacerlos digeribles.

Migración convertida en tensión narrativa.

Supremacía reducida a contradicción superficial.

Identidad cultural transformada en imaginería demoníaca.

En tiempos de alta sensibilidad política, Hollywood parece haber optado por el camino más seguro: hacer películas que se entiendan rápido, se premien fácil y se discutan en titulares.

Y en ese proceso, el cine —el verdadero— pierde espesor.

🎯 VEREDICTO

One Battle After Another y Sinners tienen ideas.

Tienen oficio.

Tienen momentos.

Pero no tienen la profundidad que sus temas exigen.

Una convierte la supremacía en discurso sin explorar del todo su fractura interna.

La otra transforma una exploración cultural en una alegoría que termina rozando lo caricaturesco.

El problema no es que hayan ganado.

El problema es que -en una opinión estrictamente personal- no eran las que debían ganar.

Tal vez en otros tiempos, Hamnet sería la gran ganadora de la noche, compitiendo incluso con Sueños de Trenes.