1996: El año en que el Carnaval de Mazatlán decidió contarse desde el origen
Por Mario Martini | Especiales P23
En 1996, a dos años del centenario del Carnaval moderno (1898-1998), Mazatlán hizo algo más profundo que organizar una fiesta: decidió explicar su fiesta.
La edición especial Carnaval Mazatlán 1996 – Los Orígenes fue un ejercicio de identidad, divulgado por Paralelo 23. No un programa de eventos, sino una reconstrucción cultural que conectó Dionisio con el Papaqui, la peste con la cerveza, la Revolución con las reinas, los Juegos Florales con Jaime Sabines.
El mensaje era claro: el Carnaval no nació en 1898.
En 1898 se ordenó.
Del rito antiguo al puerto mestizo
El texto arranca lejos del Pacífico: Grecia, Roma, Saturnales, Bacanales. El Carnaval como inversión del orden. Monarquía efímera. Burla tolerada. Exceso ritual antes del recogimiento.

Pero luego baja la mirada hacia Sinaloa.
Ahí aparece el Papaqui, voz náhuatl asociada a júbilo, celebración y desahogo colectivo. En Matatán y en el sur del estado se celebraban “relates” entre moras y cristianas, con versos, desafíos, machetes simbólicos y guerra de cascarones.
El Carnaval mazatleco no es copia europea.
Es mestizaje.
1898: el ordenado desorden
La Junta Patriótica encabezada por Martiniano Carvajal sustituyó la harina por el confeti. Se institucionalizó la fiesta. Carruajes, bicicletas, reina, organización.
El pueblo aceptó cambiar el caos por el espectáculo.
Ahí nace el Carnaval moderno.
En 1898, una Junta Patriótica integrada por notables del puerto —encabezada por el doctor Martiniano Carvajal— organizó una procesión de carruajes y bicicletas con el propósito de erradicar la “inmoral harina” e imponer el casto y regulado confeti. El carnaval, legitimado e institucionalizado, ingresaba así a la modernidad. El pueblo aceptó cambiar la harina por el confeti y, convertido ya en asunto de interés público, abrazó con entusiasmo aquel “ordenado desorden carnavalero”.

1903: la peste apaga las velas
La crónica no evita el episodio incómodo: la peste bubónica de 1903.
El barco “Curazao” desde San Francisco.
El miedo.
La suspensión.
El Carnaval tuvo su primera interrupción.

Y no sería la única: 1906-1907 por falta de fondos; 1912 por epidemia; 1915-1916 por inestabilidad; 1944 por el asesinato del gobernador Rodolfo T. Loaiza.
La fiesta ha sobrevivido a la enfermedad y al poder.
Cerveza y progreso
La Cervecería del Pacífico (1900) entra en escena como actor central. La crónica lo dice sin rubor: el Carnaval y la industria caminaron de la mano.
Un millón y medio de cervezas en una sola edición.
Exclusividades pagadas en cientos de miles de pesos.
Modernidad líquida.

Jolgorio y Charleston
El charleston fue amo y señor hacia el final de los años veinte, y los carnavales de la época no permanecieron ajenos a su influjo. Las reinas mazatlecas competían en belleza y elegancia con las rutilantes estrellas de Hollywood; podían pasar por ellas en cualquier escenario del mundo.
Los galanes no se quedaban atrás: trajes impecables, sombrero al ángulo justo y el último grito de la moda.
La modernidad —que arriba puntual con cada década— se instaló con fuerza en los treinta. El carnaval exhibía entonces los avances tecnológicos y el pulso industrial de su tiempo, orgulloso de su aire cosmopolita.

Revolución… pero con reina
Mientras el país ardía con la revoluciones maderista, Mazatlán coronaba sin congoja.
El Carnaval avanzaba mientras la Revolución pasaba como ruido de fondo.
Ni los sitios revolucionarios de 1911 y 1914 lo pararon


En 1913: Elena Coppel Rivas y Tomás de Rueda fueron coronados. No fue indiferencia social sino resistencia cultural. Como lo sigue siendo en este 2026.

Juegos Florales: la “Atenas del Pacífico”
En 1925 nacen los Juegos Florales dentro de la Exposición Regional del Noroeste. El puerto soñaba con convertirse en la “Atenas del Pacífico”.
- Amado Nervo.
- Heriberto Frías.
- José Ferrel.
- Esteban Flores.
Décadas después, en 1996, el homenaje es para Jaime Sabines.

El Carnaval no solo baila: escribe.
Estamos haciendo un libro,
testimonio de lo que no decimos.
Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,
nuestros ojos, las manos que tuvimos,
los corazones que ensayamos;
nos traemos al libro,
y quedamos, no obstante,
más grandes y más miserables que el libro.
El lamento no es el dolor.
El canto no soy yo, ni es mi hijo,
ni es la sombra de mi hijo.
El libro es sólo el tiempo,
un tiempo mío entre todos mis tiempos,
un grano en la mazorca,
un pedazo de hidra.
(JAIME SABINES. TARUMBA 1956)
Reinas, modas y década del 30
El recuento desfila nombres: Julieta González (única reina dos veces), Ernestina Vargas, Concepción Vega Millán, las soberanas de los años veinte.

Luego llegan los treinta.

El mundo cambia, pero Mazatlán sigue bailando al son del Papaqui.
“¡A darle, que es Carnaval!”
Esteban Flores y la crónica del 1900
La inclusión íntegra de la crónica del primer gran baile de fantasía en el Casino es un gesto editorial fino. Describe vestidos, personajes, referencias shakesperianas, más de 500 asistentes y un fotógrafo disparando con luz de magnesio pasada la medianoche.
Baile de Fantasía”.
“Este baile fue, en nuestro concepto, la nota sobresaliente de los festejos del carnaval.”
“Los corredores del Casino fueron convertidos en un hermoso salón decorado con guirnaldas de flores en forma de artísticos lazos y coronas, espejos, banderas y máscaras.”
“Las concurrencias fueron tan numerosas que llenó por completo todos los departamentos del casino y se tuvo que poner doble fila de asientos para las familias invitadas.”
“Rosalva Levín lucía un espléndido traje de Hija del Faraón.”
“Oh tú, caballero del misterioso ensueño que cruzas la serena onda del lago en que buscas un ideal sublime, acerca a la playa tu poética navecilla…”
“Una guitarra cruzaba el salón cautivando corazones y conquistando afectos: María Bustamante…”
“Romana de la Peña vestía de Cleopatra.”
“Romanita tenía toda la distinción y la majestad del personaje que representaba.”
Eso no es turismo.
Es archivo vivo.
Homenaje a García Cuevas

El homenaje al caricaturista García Cuevas recuerda que el Carnaval también quema al Mal Humor. Que la sátira es indispensable.
El humor es catarsis política.
La tragedia

En 1944 el carnaval hubo de suspenderse por el asesinato del coronel Rodolfo T. Loaiza, gobernador del estado, quien cayó bajo las balas de una disputa entre militares por el poder político en el estado.
1996: antes del centenario
Lo más interesante es el subtexto: en 1996 Mazatlán estaba preparándose para el centenario moderno.
Necesitaba legitimidad histórica.
Necesitaba raíces indígenas.
Necesitaba tradición literaria.
Necesitaba memoria sanitaria y política.
La crónica cumplió esa función.
Dos años después vendría la celebración mayor.
Pero en 1996 ocurrió algo más profundo:
Mazatlán se reconoció mestizo, resiliente, festivo y literario.
Y entendió que el Carnaval no es solo desfile.
Es relato.
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