El mar recupera, en silencio, cada centímetro que alguna vez fue suyo
• Durante casi dos siglos, el océano ha erosionado el principal patrimonio urbano de Mazatlán.
• El reciente socavón no sería un hecho aislado, sino la manifestación visible de un proceso silencioso que exige un diagnóstico integral antes de que ocurran nuevos colapsos.
Mazatlán, Sinaloa | 6 de julio de 2026
Mario Martini | Paralelo 23
El día que el malecón habló
El mar siempre estuvo ahí.
Mucho antes de que existieran hoteles frente a Playa Norte, antes de que el malecón se convirtiera en la postal turística más fotografiada de Mazatlán e incluso antes de que Olas Altas fuera un paseo recreativo, el océano golpeaba la misma línea de costa con una paciencia inagotable.
Cada ola retiró un puñado de arena.Cada marea encontró una grieta nueva. Cada temporal movió imperceptiblemente las piedras que sostienen uno de los símbolos urbanos más importantes de México.
El reciente socavón registrado frente al malecón sorprendió a miles de personas.

Para los ingenieros costeros, sin embargo, fue otra cosa: fue una advertencia.
La reparación… ¿o el verdadero problema?
Mientras organizaciones ciudadanas solicitan transparencia sobre la aplicación de los cinco millones de pesos destinados a reparar el tramo colapsado, especialistas consultados por Paralelo 23 consideran que el verdadero debate apenas comienza.
El debate público debe partir de la pregunta ¿cuál es el estado real del malecón? Porque reparar únicamente el punto donde apareció el daño podría equivaler a cambiar una teja cuando toda la estructura del techo requiere inspección.
Un gigante construido durante casi dos siglos
Pocos saben que el malecón no nació de una sola obra. Es, en realidad, una suma de infraestructuras construidas bajo condiciones completamente distintas.
Su historia comienza en la década de 1830, cuando el Paseo Olas Altas fue levantado como un muro de protección contra las marejadas que amenazaban al antiguo puerto, ya poblado por mansiones de los ricos comerciantes que llegaron de todas partes del mundo. Aquel primer dique de mampostería -levantado con piedra basáltica y morteros de cal- continúa formando parte de la estructura que hoy sostiene uno de los paseos más bellos y emblemáticos del país.

Décadas después surgió el Paseo Claussen, concebido durante las celebraciones del Centenario de la Independencia en 1910, mientras que la actual Avenida del Mar corresponde al gran impulso turístico de las décadas de 1950 y 1960.
En consecuencia, el corredor costero que hoy parece una sola obra está integrado por estructuras con edades, materiales y comportamientos completamente diferentes.
Algunas, como el primer malecón, se acercan a los 200 años de antigüedad.

Tres malecones distintos
Para los especialistas, el corredor comprendido entre el Escudo de Sinaloa y la glorieta del Valentino’s -unos 7.8 kilómetros- concentra la mayor complejidad estructural del puerto. No existe un solo malecón. Existen tres.
Olas Altas, construido sobre roca natural y mampostería histórica.

Paseo Claussen, asentado sobre acantilados sometidos a enorme presión hidráulica.
Avenida del Mar, edificada sobre arenas costeras que constantemente pierden soporte por efecto de las corrientes y del mar de fondo.
Cada uno requiere soluciones diferentes.
Enemigo invisible
La erosión casi nunca se observa desde la superficie. Mientras la ciudad contempla únicamente banquetas, jardines y ciclovías, debajo del concreto ocurre otro fenómeno: el oleaje penetra por pequeñas fisuras y al retirarse, arrastra arena, sedimentos y parte del material que sostiene la cimentación. Los ingenieros llaman a este fenómeno socavación.
Con el paso de los años aparecen cavidades internas invisibles y cuando esas cavidades alcanzan un tamaño crítico, la estructura colapsa repentinamente. Eso fue precisamente lo que ocurrió recientemente.
No fue un accidente inesperado sino el desenlace visible de un proceso que llevaba años desarrollándose bajo tierra.
Olas Altas: paciente de 196 años
La sección más antigua representa también uno de los mayores desafíos. Su núcleo no está formado por concreto armado moderno. Está construido con piedra volcánica unida mediante morteros elaborados hace casi dos siglos.
El agua salada penetra lentamente entre las juntas. Con cada marea desaparecen pequeñas partículas del antiguo mortero. Los ingenieros llaman a este fenómeno lixiviación.
El resultado es un muro aparentemente sólido que comienza a vaciarse desde el interior.
Otro enemigo baja por el Roosevelt
La erosión marina no trabaja sola. Cada temporada de lluvias, el colector Roosevelt descarga enormes volúmenes de agua directamente sobre la playa de Olas Altas.
Ese flujo actúa como un río artificial que corta la arena y acelera la pérdida del perfil natural de la playa.Sin esa barrera de arena, las olas impactan directamente contra el muro histórico.
Además, durante las mareas altas el mar puede penetrar parcialmente en las líneas de descarga, lavar el subsuelo y generar cavidades bajo banquetas y vialidades.
El problema es doble porque el agua llega desde el océano y también desde la ciudad.
La tecnología ya existe
Hoy ningún gran puente del mundo espera a colapsar para saber que tiene problemas. Las herramientas de monitoreo permiten detectar deformaciones milimétricas antes de que sean visibles.
Especialistas consultados por Paralelo 23 consideran que un corredor costero de la importancia del malecón de Mazatlán debería incorporar tecnologías utilizadas en infraestructura crítica alrededor del mundo:
- LiDAR para generar modelos tridimensionales de alta precisión y detectar desplazamientos del muro costero.
- Radar de Penetración Terrestre (GPR) para localizar cavidades bajo el pavimento sin necesidad de romper el concreto.
- Drones submarinos (ROV) para inspeccionar la cimentación sumergida y verificar procesos de socavación.
- Sensores geotécnicos permanentes capaces de medir presión, inclinación y deformaciones en tiempo real.
- Un Gemelo Digital (Digital Twin) que integre información del oleaje, mareas, lluvias y comportamiento estructural para anticipar zonas de riesgo y orientar el mantenimiento preventivo.
Utilizar la tecnología puede ahorrarnos muchos dolores de cabeza y…muchos millones de pesos.
Cambio de paradigma
La investigadora Raquel Briseño, del Instituto de Limnología y Ciencias del Mar de la UNAM, ha insistido en que la conservación del litoral requiere abandonar la lógica reactiva y adoptar una visión integral del comportamiento de la costa.
Su planteamiento coincide con las conclusiones presentadas durante el Congreso Nacional de Ingeniería Civil celebrado recientemente en Mazatlán: el mantenimiento de la infraestructura costera ya no puede limitarse a reparar daños visibles. Debe sustentarse en monitoreo permanente, evaluación científica y planeación de largo plazo.
Antes del próximo socavón
El reciente colapso obligó a cerrar un tramo del malecón. El siguiente podría comprometer una vialidad, una glorieta o una franja de la zona turística.
La diferencia entre una emergencia y una política pública consiste en actuar antes de que ocurra el siguiente daño porque el mar seguirá haciendo su trabajo, el que ha hecho durante casi doscientos años.
La verdadera decisión corresponde ahora a la ciudad: seguir reparando heridas cuando aparecen… o comenzar, por fin, a entender el organismo vivo que sostiene uno de los patrimonios costeros más importantes de México.
EDITORIAL P23
Más que un paseo turístico, el malecón es la infraestructura pública más valiosa de Mazatlán y una pieza esencial de su identidad. Su conservación no puede depender de reparaciones aisladas tras cada temporal. La evidencia científica y la ingeniería moderna apuntan hacia un modelo de mantenimiento predictivo, basado en datos y monitoreo continuo. Invertir en conocimiento hoy puede evitar pérdidas mucho mayores mañana. Ese es el verdadero debate que el socavón ha puesto sobre la mesa.
Foto de portada: Niel Ferguson
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