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Mazatlán enfrenta temporada ciclónica con un Atlas de Riesgo de 2021

• Cinco años después de su actualización, el instrumento municipal enfrenta el reto de una ciudad que ha cambiado aceleradamente.

• Mientras el IMPLAN desarrolla herramientas digitales y Conselva ofrece explorador de vulnerabilidad, urge contar con información territorial actualizada para la prevención.-

MAZATLÁN, SINALOA | 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026 | JOAQUÍN RODRIGUEZ | P23

Con Polo avanzando por el Pacífico mexicano, Mazatlán vuelve a mirar al cielo durante una temporada ciclónica que pone bajo presión una pregunta que las autoridades tratan de evadir: ¿qué tan vigente e importante es el mapa con el que la ciudad identifica sus riesgos?

El Atlas Municipal de Riesgo presentado en enero de 2021 fue elaborado después de una década sin actualización y requirió 11 meses de trabajo de campo y una inversión de 8 millones de pesos. El documento incorporó riesgos hidrometeorológicos, geológicos, químicos y tecnológicos, y fue diseñado como herramienta para la prevención y el ordenamiento urbano. 

Cinco años después, el problema no es solamente la edad del documento. Mazatlán ya no es el mismo territorio que fue cartografiado entonces.

El boom que cambió el territorio

Durante este lustro, el crecimiento inmobiliario y turístico ha transformado distintos sectores de la ciudad: torres de departamentos, desarrollos condominales, infraestructura comercial y expansión hacia nuevas zonas urbanas.

La cuestión de fondo es cuánto de esa transformación ha sido incorporado a los instrumentos de prevención y planeación territorial.

El propio Atlas identifica 8 mil 600 hectáreas susceptibles de inundación y alrededor de 60 mil habitantes potencialmente afectados cada temporada de lluvias; otras referencias derivadas del Atlas ubican 289 colonias con niveles altos y muy altos de peligro y riesgo por inundación. 

No obstante, estas cifras corresponden a la información disponible en esos instrumentos y no permiten afirmar por sí mismas que cada nuevo desarrollo haya sido autorizado utilizando mapas obsoletos, ni que las nuevas construcciones hayan eliminado vasos reguladores o desviado flujos de agua. Para sostener esas afirmaciones se requieren expedientes de permisos, estudios hidrológicos, manifestaciones ambientales y comparativos cartográficos.

Ahí está precisamente uno de los puntos que esta investigación plantea.

El riesgo no desapareció; cambió la ciudad

El Centro Nacional de Prevención de Desastres define los atlas de riesgo como sistemas que integran información sobre fenómenos perturbadores, exposición, vulnerabilidad y escenarios de riesgo. Su función es aportar elementos para la prevención, la mitigación y la toma de decisiones. 

Por eso, la actualización territorial no es un asunto meramente cartográfico.

Es información para decidir dónde construir, qué proteger, por dónde evacuar, dónde invertir en infraestructura y qué zonas requieren medidas especiales de prevención.

En Mazatlán, el diagnóstico socioambiental elaborado por Conselva y especialistas identificó como principales peligros las inundaciones fluviales y costeras, la inestabilidad de laderas y la erosión costera. El estudio estima que más de 102 mil habitantes están expuestos a peligros relacionados con el clima. 

Parches digitales

Ante este escenario han surgido herramientas que permiten actualizar la lectura del territorio sin sustituir necesariamente al instrumento oficial.

Conselva desarrolló su Explorador de Vulnerabilidad Socioambiental de Mazatlán, una plataforma que permite consultar capas de inundación, inestabilidad de laderas, erosión, marea de tormenta, exposición de población e infraestructura y vulnerabilidad socioambiental. 

La herramienta representa un esfuerzo de información pública y acceso ciudadano. Pero un visor digital no equivale automáticamente a una actualización integral del Atlas Municipal de Riesgo.

Son instrumentos distintos y con funciones diferentes.

Por su parte, el IMPLAN ha reconocido la necesidad de hacer más accesible la información. En agosto de 2026, su directora, Leticia Alvarado Fuentes, planteó instalar señalización en zonas inundables y rutas de evacuación, y señaló que aunque Mazatlán cuenta con un Atlas de Riesgo, su consulta resulta difícil. 

Una ciudad que necesita actualizar sus mapas

El propio CENAPRED señala que los atlas deben servir para identificar amenazas y vulnerabilidades, priorizar acciones de prevención y orientar la planeación territorial. En 2026, el organismo federal volvió a destacar el valor estratégico de invertir en estas herramientas para reducir riesgos. 

Mazatlán cuenta además con herramientas complementarias. El Explorador de Conselva incorpora información más reciente sobre vulnerabilidad socioambiental y proyecciones de crecimiento urbano, mientras el Atlas Municipal continúa siendo un referente institucional para la gestión del riesgo. 

El desafío, entonces, no consiste solamente en tener más mapas. Consiste en que los mapas, los estudios ambientales, la información hidráulica, los permisos de construcción, las rutas de evacuación y las decisiones de obra pública hablen entre sí y correspondan al territorio que realmente existe en 2026.

Porque una ciudad puede crecer en cinco años mucho más rápido que sus instrumentos de prevención.

Y cuando llega la lluvia extraordinaria, el problema deja de ser cartográfico y se convierte en riesgo.

Imagen de portada creada por Laboratorio IA | P23 con fines ilustrativos y dramáticos