ESPECIALES

Presiones sobre la costa: contaminación, sobre explotación y cambio climático

• Sobrepesca, deterioro de los hábitats, contaminación y cambios ambientales comprometen ecosistemas costeros y la estabilidad de las comunidades que dependen de ellos.-

• Un país que vive de sus mares tiene pendiente la tarea de protegerlos: pesca y la acuacultura aportaron 40 mmdp al PIB de 2023.-

• En Sinaloa, el desafío tiene dimensión económica, histórica y social.-

Mazatlán , Sinaloa| 18 de octubre de 2026 | Director: Mario Martini | Publicación original: Oceana | Texto: Eugenio Fernández Vázquez | Redacción P23 | Ilustraciones: Mariana Villanueva Segovia

I. OCÉANO BAJO PRESIÓN

México mira al mar como fuente de alimentos, empleo, actividad económica y atractivo turístico. Sin embargo, la riqueza de sus litorales no garantiza por sí misma la conservación de los ecosistemas ni el bienestar de quienes viven de la pesca.

El documento Pescar con todos, pescar por todos, publicado por Oceana en 2025, plantea una contradicción de fondo: el país dispone de una extensa riqueza marina, pero las comunidades costeras enfrentan problemas acumulados de regulación, inversión, contaminación, pérdida de biodiversidad y competencia por el territorio.

La publicación refiere más de 11 mil kilómetros de costas, más de 700 especies comerciales y una aportación conjunta de la pesca y la acuacultura de 40 mil millones de pesos al producto interno bruto en 2023. También estima en más de 350 mil las personas que trabajaban directamente en el sector pesquero. Estas cifras corresponden al periodo documentado por la fuente y requieren actualización antes de utilizarlas como indicadores del presente.

El problema no puede reducirse a cuánto pescado se captura. También importa cómo se aprovechan los recursos, qué ocurre con los hábitats donde se reproducen las especies y qué capacidad tienen las autoridades y las comunidades para impedir que la extracción supere la recuperación natural de las poblaciones.

La salud del mar y la economía pesquera están vinculadas. Cuando se deterioran los ecosistemas, se pone en riesgo no solamente la biodiversidad, sino también el ingreso de las familias, el abasto de alimentos y la continuidad de una actividad que forma parte de la identidad de numerosas poblaciones mexicanas.

II. SOBREPESCA: EL LÍMITE DE LA EXTRACCIÓN

La pesca permite aprovechar los recursos del mar, pero su continuidad depende de que las capturas sean compatibles con la capacidad de recuperación de las especies.

La sobrepesca aparece cuando la extracción rebasa los niveles que pueden sostener las poblaciones a largo plazo. Sus consecuencias dependen de cada especie, de las condiciones ambientales, de las artes utilizadas y de la eficacia de las medidas de manejo.

El libro de Oceana advierte sobre la necesidad de mejorar la evaluación de las pesquerías y coordinar los permisos, las cuotas, la vigilancia y las políticas de conservación. También señala que las decisiones administrativas pueden quedar rezagadas frente a los cambios que ocurren en el mar.

La Carta Nacional Pesquera constituye una referencia fundamental para examinar el estado de los recursos y orientar su aprovechamiento. El Gobierno federal publicó en 2025 una actualización que incorporó información sobre diez especies de importancia comercial. La situación debe analizarse por especie y región: no es correcto afirmar que todas las pesquerías mexicanas presentan el mismo grado de deterioro.

Para Sinaloa, el análisis exige revisar las fichas técnicas aplicables a cada recurso, las recomendaciones de manejo, las temporadas de veda, los permisos y las evaluaciones científicas disponibles.

La pregunta no es únicamente cuánto se pesca, sino cuánto puede extraerse sin comprometer la actividad futura.

III. CONTAMINACIÓN: LO QUE LLEGA AL MAR DESDE TIERRA

La contaminación marina no comienza necesariamente en el agua salada. Una parte importante de la presión sobre los ecosistemas costeros se origina en las ciudades, las actividades industriales, la agricultura y el manejo inadecuado de los residuos.

Los plásticos, las descargas de aguas residuales, los residuos químicos y otros contaminantes pueden llegar a esteros, lagunas, bahías y zonas marinas a través de drenajes, arroyos y ríos.

El documento de Oceana identifica la expansión urbana desordenada, el crecimiento de la industria y la agroindustria, la gestión deficiente de los residuos y el desarrollo turístico entre los factores que pueden agravar el deterioro de las costas.

Los efectos no son iguales en todos los sitios. Dependen del tipo de contaminante, su concentración, la frecuencia de las descargas y las características de cada ecosistema. Por ello, cualquier señalamiento sobre un punto específico requiere muestreos, análisis de agua y sedimentos, identificación de las fuentes y resultados verificables.

En Sinaloa, una investigación sobre contaminación costera debe considerar los sistemas lagunares, los esteros, las bahías y las zonas donde coinciden asentamientos humanos, actividades productivas y ecosistemas de alta importancia ecológica.

La existencia de un problema general no demuestra por sí misma que una descarga determinada sea responsable de un daño particular. Esa relación debe documentarse.

IV. CAMBIO CLIMÁTICO: UNA PRESIÓN ADICIONAL

Las comunidades costeras enfrentan también los efectos de un clima cambiante. El aumento de la temperatura del océano, los cambios en las condiciones ambientales y los fenómenos meteorológicos extremos pueden alterar los ecosistemas y aumentar la vulnerabilidad de las poblaciones asentadas junto al litoral.

Los manglares cumplen una función esencial en este escenario. Sus raíces contribuyen a estabilizar los sedimentos y reducir la erosión, mientras que sus hábitats ofrecen refugio y zonas de desarrollo para numerosas especies. También almacenan carbono y forman parte de la protección natural de las costas.

La pérdida o alteración de estos ecosistemas puede reducir sus beneficios ambientales. No obstante, para determinar la magnitud de los cambios en una localidad se necesitan estudios y registros comparables a lo largo del tiempo.

La relación entre cambio climático y pesca tampoco es automática ni uniforme. Las variaciones de temperatura, la disponibilidad de alimento y las condiciones de reproducción pueden influir en la distribución y abundancia de algunas especies, pero sus efectos deben establecerse mediante evidencia científica específica.

En Sinaloa, la adaptación climática requiere vincular la protección de los ecosistemas con la planeación costera, la prevención de riesgos y la capacidad de las comunidades pesqueras para responder a las variaciones ambientales.

V. SINALOA: ECONOMÍA LIGADA AL MAR

La dimensión ambiental adquiere especial importancia en Sinaloa por el peso económico de la pesca y la acuacultura.

Las estadísticas estatales elaboradas con información de CONAPESCA reportan que, en 2024, Sinaloa produjo 115 mil toneladas de atún, con un valor de mil 175 millones de pesos. La entidad también encabezó la producción nacional de camarón, con 47 por ciento del volumen reportado para ese año. Estas cifras corresponden a actividades y categorías estadísticas específicas, por lo que no deben confundirse con el estado de conservación de las poblaciones silvestres.

La relevancia productiva del estado vuelve indispensable distinguir entre pesca de captura, acuacultura, pesca ribereña y pesca de altamar. Cada modalidad tiene necesidades, impactos, costos y condiciones de manejo diferentes.

El reto consiste en conciliar la rentabilidad de la actividad con la conservación de los recursos, el cumplimiento de las normas y la estabilidad económica de quienes dependen de ella.

Una política pesquera eficaz no puede limitarse a aumentar la producción. Debe procurar que la actividad siga siendo viable, que las comunidades tengan capacidad de organización y que el aprovechamiento de los recursos se sustente en información científica.

VI. MEMORIA HISTÓRICA: ESCUINAPA Y LAS RAÍCES DEL COOPERATIVISMO

La historia pesquera de Sinaloa ofrece una perspectiva indispensable para comprender los desafíos actuales.

Oceana documenta que en 1928 se constituyó en Escuinapa una sociedad pesquera autorizada para capturar camarón y realizar pesca general en aguas comprendidas entre las desembocaduras de los ríos Cañas y Baluarte.

El antecedente es relevante porque sitúa a Sinaloa dentro de la historia temprana de la organización pesquera mexicana. La publicación también refiere que, para 1945, existían 116 cooperativas pesqueras en el país, con casi diez mil socios, concentradas principalmente en Baja California, Sonora y Sinaloa.

Durante buena parte del siglo XX, las cooperativas fueron un instrumento de organización productiva y acceso a recursos. Sin embargo, el propio libro describe transformaciones posteriores, problemas de gestión, endeudamiento y cambios regulatorios que afectaron a distintas agrupaciones.

Esta memoria no debe convertirse en una idealización del pasado. Las cooperativas tuvieron experiencias diferentes y también enfrentaron conflictos, prácticas clientelares y problemas administrativos.

Su valor periodístico está en permitir una pregunta de fondo: ¿qué condiciones hicieron posible la organización de los productores y cuáles contribuyeron a debilitarla?

Responderla exige recuperar archivos, actas, permisos, testimonios de antiguos cooperativistas y registros de las comunidades que construyeron su economía alrededor de la pesca.

La historia de Escuinapa puede ser el punto de entrada para reconstruir una memoria regional más amplia, desde la pesca ribereña hasta la industrialización y los cambios recientes del sector.

VII. SOLUCIONES: CONSERVAR, PRODUCIR Y ORGANIZARSE

La recuperación de los mares no depende de una sola medida. Requiere combinar regulación efectiva, conocimiento científico, participación comunitaria y políticas públicas sostenidas.

La primera tarea es mejorar la información sobre las pesquerías. Sin evaluaciones actualizadas, monitoreo y vigilancia, resulta difícil determinar los niveles de extracción compatibles con la recuperación de los recursos.

La segunda consiste en prevenir la contaminación desde sus fuentes. Esto implica mejorar el tratamiento de aguas residuales, controlar las descargas, gestionar adecuadamente los residuos y vigilar las actividades que pueden afectar los ecosistemas costeros.

La tercera es proteger y restaurar los hábitats. Manglares, esteros, lagunas y otros ecosistemas deben incorporarse a la planeación territorial, con medidas sustentadas en diagnósticos y resultados medibles.

La cuarta es fortalecer a las comunidades pesqueras. La organización de los productores puede facilitar el acceso a conocimientos, recursos, mejores prácticas y mercados, siempre que exista transparencia y capacidad de gestión.

El documento de Oceana menciona experiencias de almejeras organizadas en Altata, Sinaloa, y otras iniciativas comunitarias en diferentes estados. Estos casos ofrecen puntos de partida para investigar qué prácticas han adoptado, qué resultados han obtenido y qué condiciones permitirían reproducirlas.

No basta con presentar una experiencia como exitosa porque así se la describe. P23 deberá comprobar sus resultados, documentar sus limitaciones y escuchar tanto a sus participantes como a especialistas independientes.

Finalmente, las políticas de adaptación climática deben incorporarse a la planeación pesquera y costera. La prevención, la restauración y la diversificación económica pueden reducir vulnerabilidades, pero sus beneficios dependen de las condiciones locales y de la continuidad de las acciones.

VIII. EL MAR COMO RESPONSABILIDAD PÚBLICA

Los mares mexicanos no son solamente un espacio de producción. Son ecosistemas que sostienen biodiversidad, alimentación, empleo, cultura y vida comunitaria.

Su deterioro no puede explicarse por una causa única ni resolverse mediante una medida aislada. La sobrepesca, la contaminación, el cambio climático, la presión sobre los hábitats y las deficiencias institucionales interactúan de formas distintas en cada región.

Sinaloa tiene razones económicas e históricas para situar esta discusión en el centro de su agenda pública. Pero la importancia de la pesca no exime de examinar sus impactos ni permite atribuir responsabilidades sin evidencia.

El desafío consiste en asegurar que el aprovechamiento de los recursos marinos no destruya las condiciones que hacen posible su continuidad.

El futuro de la costa dependerá de las decisiones que se tomen ahora: qué se protege, qué se regula, qué se restaura y qué lugar ocupan las comunidades en esas decisiones.

El mar no es un recurso inagotable. Es un patrimonio natural y social cuya conservación exige conocimiento, responsabilidad pública y participación colectiva.


FICHA EDITORIAL P23

Título: Sobrepesca, contaminación y cambio climático: las presiones sobre la costa.

Serie: Especial P23 | El futuro de nuestros mares.

Fuente documental: Oceana, Pescar con todos, pescar por todos. Una visión de los mares, de la pesca y del futuro para México (2025).

Fuentes de contraste consultadas: Carta Nacional Pesquera y estadísticas de CONAPESCA; Gobierno del Estado de Sinaloa; documentación oficial sobre manglares y ecosistemas costeros.

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Ilustración portada: IA-P23