OPINIÓN

¿A quién le habla la presidenta?

• “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”; ¿hora del deslinde?

  • Hay movimientos en política que parecen pequeños hasta que uno mira quién los hace y, sobre todo, quién se pone el saco.-

Mazatlán, Sin. | 22 agosto 2026 | Crónica de opinión | Mario Martini

El regreso de Rubén Rocha Moya al Palacio de Gobierno de Culiacán tiene algo de eso. No parece un simple trámite administrativo ni una reincorporación rutinaria después de una licencia para limpiar la honorabilidad.

Rocha Moya conoce las reglas del viejo poder porque es un político formado en la disciplina, en la administración de los tiempos largos para saber cuándo hablar y cuándo esperar. Por eso resulta difícil pensar que su regreso haya sido un movimiento improvisado, en solitario, solo consultado a su familia y allegados en Sinaloa.

Aunque se veía venir tarde o temprano, la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum no parece una llamada de atención de las que se hacen para cubrir el expediente o dar un jalón de orejas. Parece, más bien, un manotazo sobre la mesa y un golpe de timón que recibió el inmediato e incondicional respaldo de los gobernadores de Morena.

¿Llegó la hora?

Tal vez no sea el tiempo para que Sheinbaum rompa con Andrés Manuel López Obrador ni con el proyecto político que la llevó a Palacio Nacional. No tendría sentido, pero una cosa es continuar con un proyecto y otra cargar con todo el Sr vivo muerto. Aquí puede estar la verdadera diferencia.

Durante el sexenio pasado, la confianza personal del presidente funcionó muchas veces como blindaje político. Bastaba aquello de 90 por ciento de lealtad para cerrar discusiones que, en otro escenario, habrían exigido explicaciones y despidos.

Hoy parece que la jefa de la nación está jugando con otras cartas. No necesariamente contra el obradorismo, sino contra la idea de que la pertenencia al movimiento obliga al gobierno a defenderlo todo, incluso aquello que sea absolutamente indefendible.

Ventaja del regreso

La presidenta puede decir, sin necesidad de decirlo, que una cosa es la lealtad política y otra muy diferente la responsabilidad constitucional.. Y bajo este prisma, el juego cambia.

¿Y Andy?

Hay otra coincidencia que tampoco conviene perder de vista. Rocha regresó a la gubernatura en la misma semana en que el Departamento de Justicia de Estados Unidos puso nuevamente bajo los reflectores a Andrés Manuel López Beltrán, con la revocación de su visa.

En política, las coincidencias son eso: coincidencias, hasta que alguien demuestra totalmente lo contrario, pero también sabemos que el poder tiene una vieja costumbre: cuando una noticia incomoda, otra sirve para desplazarla, ardid conocido en la política como “caja china”.

¿Fue el regreso de Rocha una forma de sacar a Andy de la conversación? No tengo elementos para afirmarlo, pero la hipótesis sigue ahí. Y si ésa fue la intención, todo lo hicieron mal.

Porque Sheinbaum no aceptó convertirse en parte del distractor. Al contrario, hizo público su desacuerdo y terminó colocando nuevamente el asunto de Sinaloa en el centro de la conversación nacional.

La cortina de humo, si existió, terminó iluminada por los reflectores del púlpito presidencial

Si Rocha no le avisó a la presidenta, ¿a quién si le avisó?

Cuando Adán Augusto dejó

A coordinación del senado, respondió a pregunta expresa;

Le avise a quien le tenía que avisar…”

Hoy la escena parece repetirse, pues el gobernador Rocha sabe perfectamente que regresar a la gubernatura después de una licencia no es solamente cruzar la puerta del Palacio. Hay formas, tiempos, interlocutores y lealtades por escalafón..

¿A quién le habla realmente la presidenta?

El mensaje de hoy parece tener varios destinatarios:

Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.
Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”.

A la línea dura del obradorismo le dice que las decisiones de Estado tienen una ventanilla institucional y que esa ventanilla está en Palacio Nacional.

A Washington le dice que las investigaciones siguen su curso y que el gobierno mexicano no está dispuesto a presentar como resuelto aquello que las instituciones todavía investigan.

Y a los gobernadores de Morena les recuerda algo que quizá no necesitaba recordatorio: la lealtad política no sustituye la autoridad constitucional.

El respaldo inmediato de los gobernadores a Sheinbaum y el llamado a Rocha a actuar con madurez tienen, por eso, un significado mayor al de una disputa local

Ahora falta que los destinatarios del mensaje presidencial acusen de recibido.