Necesariamente Incómoda | La debacle del Caribe Mexicano, un capricho que descalabró al turismo nacional
• El Aeropuerto Internacional de Tulum nunca respondió a un estudio de mercado a largo plazo, a un análisis de oferta-demanda ni a la planeación técnica que exige la aviación comercial
GRACIELA MACHUCA MARTÍNEZ
La ilusión del “milagro caribeño” finalmente chocó contra la cruda realidad financiera y operativa. Lo que durante décadas fue la joya de la corona del turismo mexicano y la locomotora de divisas para el país hoy atraviesa por una de sus crisis más agudas y preocupantes.
Mientras la narrativa oficial intentó vender una infraestructura de vanguardia, el arranque del último trimestre del año desnuda un escenario desolador: al menos 5,000 habitaciones de hotel cerradas en la entidad, un desplome en las tarifas hoteleras que raya en el remate para intentar captar algo de demanda, y el retiro sistemático de frecuencias aéreas clave en el recién inaugurado Aeropuerto Internacional de Tulum.
La noticia de la reducción y cancelación de operaciones por parte de aerolíneas como Volaris y Aeroméxico, sumada al repliegue de varias rutas internacionales de la terminal tulumense, no es una simple fluctuación de mercado. Es la consecuencia predecible de una ocurrencia sexenal.
El costoso capricho de Tulum
El Aeropuerto Internacional de Tulum nunca respondió a un estudio de mercado a largo plazo, a un análisis de oferta-demanda ni a la planeación técnica que exige la aviación comercial. Fue, como tantas otras obras de la administración del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, un capricho político.

Hoy, ante la falta de flujo turístico real, el costo de mantener una terminal subutilizada e ineficiente volverá a caer de lleno sobre los hombros y el erario público de todos los mexicanos. Sin un plan serio que dictamine en qué año o bajo qué condiciones este aeropuerto podría alcanzar un punto de equilibrio, el gasto corriente devorará los recursos que deberían destinarse a la promoción turística internacional o a la infraestructura básica municipal.
La desbandada aérea encendió todas las alarmas entre los prestadores de servicios de la Riviera Maya y Cancún. En palabras de Tony Chaves, presidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya:
La disminución de operaciones aéreas no es una buena noticia, particularmente en un contexto en el que el sector turístico enfrenta otros factores que presionan la demanda y la competitividad… Estamos solicitando al gobierno federal que sea consciente de que esto nos hace perder competitividad y no es el momento de hacer un incremento del DNR (Derecho de No Residente)”.
Chaves ha subrayado además la urgente necesidad de revisar el esquema bajo el cual comenzó a operar el aeropuerto de Tulum, exigiendo el retorno de los incentivos y tarifas competitivas en turbosina y servicios aeroportuarios que al inicio atrajeron a las empresas de aviación.
Por su parte, el empresario José Chapur, integrante del reconocido Grupo Palace, apuntó a los incrementos en los insumos estructurales:
Cuando las aerolíneas enfrentan mayores costos, como el precio de la turbosina, deben rediseñar sus rutas para evitar pérdidas”.
En el ámbito operativo, el impacto en Quintana Roo para octubre de 2026 se refleja de manera crítica en el cierre masivo de hospedajes. Se contabilizan más de 5,000 cuartos fuera de servicio, repartidos entre 2,694 habitaciones cerradas temporalmente en el corredor Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres, 2,000 en la Riviera Maya y alrededor de 1,000 cuartos en Tulum.
Ante esta caída de viajeros, se ha desatado una severa guerra de tarifas en la que hoteles de cinco estrellas ofrecen paquetes todo incluido por tarifas de hasta 4,500 pesos mexicanos, mientras que establecimientos de tres y cuatro estrellas han caído hasta los 1,200 pesos. En medio de este panorama, Costa Mujeres destaca como la única excepción regional al mantener el 100% de sus 11,763 cuartos operando con un 52,4% de ocupación. Todo esto transcurre bajo la constante incertidumbre por el retiro de rutas aéreas de Volaris y Aeroméxico, a la espera de concretar frecuencias sustitutas para la temporada de invierno.
Múltiples factores para un colapso anunciado
La debacle de la actividad turística en Quintana Roo no se explica únicamente por la conectividad aérea. Se trata de una “tormenta perfecta” donde convergen factores macroeconómicos, fiscales e inoperancia gubernamental:
Aumento de Impuestos y Pérdida de Competitividad
La constante intención de incrementar derechos como el DNR (Derecho de No Residente) y los derechos aeroportuarios encarece de forma artificial el costo total del boleto de avión frente a destinos competidores del Caribe (como República Dominicana o Jamaica).
El incremento generalizado en el precio de la turbosina obliga a las aerolíneas a recortar rutas marginalmente rentables; los brotes de violencia en zonas clave de la entidad han deteriorado la percepción del destino en los mercados emisores clave (Estados Unidos y Canadá).
La falta de un fondo nacional de promoción turística obliga a las asociaciones locales a malbaratar tarifas para arañar puntos de ocupación.
Las cifras del INEGI y la reconfiguración del mapa nacional
De acuerdo con las mediciones oficiales del INEGI (a través de la Cuenta Satélite del Turismo y los Indicadores de la Actividad Turística) y los reportes trimestrales de la Secretaría de Turismo (SECTUR), el tablero del capital turístico en México ha sufrido una sacudida histórica.
Aunque la cartera nacional de inversión turística superó los 47,530 millones de dólares en el segundo cuatrimestre de 2026, el reparto del pastel ya no favorece ciegamente al Caribe Mexicano.
Quintana Roo, que históricamente concentraba más del 20% de la inversión privada turística del país, ha visto una desaceleración relativa ubicándose en un 15% del total nacional (acumulando 7,099.68 millones de dólares distribuidos en 67 proyectos).
Estados como Nayarit han arrebatado la batuta de la captación de grandes capitales, alcanzando el 20% de la cartera nacional (9,281 mdd) en corredores de ultralujo como Riviera Nayarit y Punta Mita.
El auge del nearshoring catapultó a Nuevo León al “top 3” nacional con un 10% de la bolsa de inversión turística, mientras que Baja California Sur se consolida en el cuarto sitio con el 8% de los recursos.
Reconfiguración de la Inversión Turística Estatal
Al analizar la dinámica de los diez principales estados en captación de capital turístico, Nayarit se coloca a la cabeza nacional al concentrar el 20% de los recursos gracias a una fuerte atracción de proyectos hoteleros de ultralujo. Quintana Roo ocupa la segunda posición con el 15% del total, experimentando un retroceso relativo motivado por la contracción de su flujo aéreo y el desplome de tarifas. Por su parte, Nuevo León dio un salto disruptivo hasta el tercer lugar acumulando el 10% de la cartera impulsado por el turismo de negocios y el nearshoring, seguido por Baja California Sur que sostiene entre un 8% y 9% mediante un desarrollo estable en Los Cabos.
En el resto del mapa nacional, Jalisco quedó desplazado fuera de los primeros cuatro lugares debido a la desaceleración de proyectos masivos, mientras que Guerrero atraviesa por un periodo de reconstrucción tras el impacto de fenómenos meteorológicos severos. En el sur y sureste, Yucatán muestra un crecimiento constante apoyado en el turismo cultural y la conectividad peninsular, en tanto que Oaxaca registra una captación estable centrada en nichos de ecoturismo en Puerto Escondido y el Istmo. Finalmente, Sinaloa mantiene un crecimiento inercial enfocado en Mazatlán y Baja California sostiene un avance especializado en turismo médico y gastronómico.
Efecto dominó en la economía nacional
La caída en Quintana Roo no es un problema aislado de Cancún o la Riviera Maya. El turismo de sol y playa representa más del 27% del PIB turístico del país. La reducción de la derrama económica en el Caribe frena la demanda de insumos agropecuarios provenientes del centro y sur de México, afecta la recaudación fiscal federal vía IVA y TUA, y liquida miles de empleos directos e indirectos que dependían del flujo constante de visitantes.
Mantenemos una infraestructura aérea deficitaria basada en caprichos políticos, mientras los destinos reales se desangran en una competencia feroz con el resto del mundo. La factura de la improvisación ha llegado, y la pagaremos todos.
Poco a poco se van retirando aerolíneas comerciales nacionales e internacionales del Aeropuerto de la 4T en Tulum y ahora lo que más se nota es el arribo de aviones procedentes de Estados Unidos con carga “humana”: son miles de personas mexicanas y de otras nacionalidades que son expulsadas del vecino país del norte y los vienen a dejar a Tulum. Las aeronaves del gobierno estadounidense atraviesan todo México para abandonar a los deportados lo más lejos posible de su frontera sur y a México no le queda otra más que abrirles las puertas del Aeropuerto de Tulum.
Otra de las ocurrencias de la 4T fue entregarle la operación del llamado Parque del Jaguar en Tulum a los militares, quienes desconocen cómo se operan los servicios turísticos y prueba de ello es la baja en la afluencia a esa zona. Tanto turistas nacionales como internacionales prefieren irse a otros destinos del Caribe antes que pagar no solo las altas tarifas de los destinos mexicanos, sino la incapacidad y negligencia de las empresas militares para dar servicios turísticos de calidad.

