OPINIÓN

DominGrilla |¿Reaparición, la de AMLO? | Francisco Chiquete

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Mazatlán, Sinaloa, 7 de junio de 2026 | Francisco Chiquete

Sin duda, el mayor impacto noticioso de la semana fue lo que se conoce como la reaparición del expresidente Andrés Manuel López Obrador, a través de una carta de cinco páginas en la que reclama al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, porque ya no es tan buena onda como era antes, durante su primer mandato.

Cada quien da la interpretación que considera más apropiada y algunos defienden su derecho a expresar lo que a su criterio convenga, pero nada que diga un expresidente tiene carácter de neutralidad ni mucho menos de inocuidad. López Obrador salió a advertir que sus muchachos se han portado bien y no tienen por qué llevárselos a juzgar en los Estados Unidos, como formalmente pretenden con Rubén Rocha Moya, y como ahora se insinúa que quieren hacer también con Alfonso Durazo y Américo Villarreal, gobernadores de Sonora y Tamaulipas, respectivamente.

Pero al margen de eso, lo que nos queda claro es que no se trata de una reaparición. Las reapariciones de López Obrador son como aquellas películas mexicanas en que el héroe triunfaba plenamente y, a pesar de eso, había una siguiente entrega llamada “La venganza de fulano de tal”.

López Obrador, en realidad, no se ha ido nunca. Su destierro en Palenque, Chiapas, en la finca La Chingada, es escenario de una activa movilización de cuadros morenistas que tienen aspiraciones electorales y buscan el respaldo de aquel a quien siguen viendo como su guía.

Nomás para el caso Sinaloa, que antes del 29 de abril era de los menos importantes en el concierto nacional, se pueden contabilizar dos o tres entrevistas del expresidente con el hoy alcalde de Culiacán con licencia, Juan de Dios Gámez, cuyo padrino, Rubén Rocha Moya, lo estaba impulsando para la candidatura al gobierno del estado.

Pero no fue el único. También la senadora Imelda Castro hizo su viaje a aquella zona maya para buscar el apoyo de AMLO en su búsqueda de la misma candidatura. Obviamente, a ella no la llevó Rocha Moya, quien, por el contrario, había desplegado un intenso esfuerzo por eliminarla. Imelda es parte del establo del Señor de las Ligas, René Bejarano, quien tiene acceso directo al búnker de AMLO y cuenta con una cuota de candidaturas diversas, como las dos que han colocado a Imelda en el Senado de la República de 2018 a 2024 y de 2024 a la fecha.

Imagínese usted cómo estarán las visitas de aspirantes de estados con mayor cercanía a los afectos del expresidente.

Uno de los intentos de Maximato más abiertos de los últimos tiempos fue el de Luis Echeverría Álvarez, quien se dio el lujo de mantener una terminal de la red presidencial (el famoso teléfono rojo) y, por supuesto, daba audiencia a los personajes priistas que tenían aspiraciones electorales.

Eso fue detenido finalmente con una frase simplona del dirigente formal del partido tricolor, que entonces estaba en el gobierno. Gustavo Carvajal Moreno se quejó en rueda de prensa de aquellos que “hacen la visita de las siete casas” y advirtió que quienes se aparecen por la residencia de San Jerónimo (donde vivía Echeverría) reciben “el beso del diablo”. Como por invocación de hechicería, desaparecieron las apariciones y todo se canalizó por los conductos lopezportillistas.

El problema es que en la Cuarta Transformación no hay quien advierta contra el beso del diablo. Por el contrario, ante las críticas contra la carta del expresidente, la presidenta Claudia Sheinbaum se lanzó en una ardorosa defensa que tenía demasiado calor para ser fórmula protocolaria.

Por lo pronto, el país está en vilo por lo que vaya a pasar con los gobernadores cuestionados. No es que les preocupe mucho la suerte de Rocha Moya y Enrique Inzunza Cázarez, o la de Durazo y Villarreal. Sobre ellos ya hay opiniones inculpatorias, de acuerdo con las encuestas más recientes. Lo que preocupa es el costo que deberá pagar el país por esa defensa a ultranza.

Es que, además, tanto la presidenta como su antecesor han puesto el acento de su negativa en el carácter político de las acciones estadounidenses. “No vamos a permitir que de fuera se decida quiénes ganen y quiénes pierdan”, advirtió la doctora Sheinbaum. “Es la ultraderecha la que trae una andanada mediática”, advierte López Obrador. Pero nadie se pone a reflexionar sobre la posible culpabilidad de los señalados, y ahí dejan un hueco por el que las maniobras gringas ganan espacios evidentes.

¿CUÁNTO CUESTA y QUIÉN LO PAGA?

La senadora Imelda Castro fue responsabilizada de una infracción: promoción personalizada, dijo el Tribunal Estatal Electoral, que de todos modos la liberó de acusaciones como campaña anticipada, uso de recursos para la promoción y violación de los tiempos y procesos electorales. Nada de eso existe, según el Instituto Estatal Electoral y el Tribunal Estatal Electoral.

Pero sale usted a la calle y desde la puerta de su casa se encuentra con volantes (perdón: flyers, según la comunicación actual). Son impresos en papel de buena calidad, de alto gramaje, que brigadas pagadas lanzan hasta de a tres por vivienda; luego, saliendo de las colonias o fraccionamientos, se encuentran bardas coloridas que nos recuerdan que “Es Imelda”; por si fuera poco, en las redes sociales abundan los videos en que la senadora explica sus orígenes, sus motivaciones, sus aspiraciones, o se le describe como un ser increíble. Algún posteo llega al ridículo extremo de dibujarla como Mujer Maravilla, emparejada con la presidenta Sheinbaum.

En fin, es una inversión cuantiosa. La senadora no tiene a su alcance recursos públicos que pudiese mal utilizar, pero tampoco se sabe que tenga recursos personales que sostengan un tren de gastos de ese tamaño. ¿Quién paga entonces, y con qué propósitos?

¿Y EL INZUNZA?

Oficialmente no se le puede dar por desaparecido al senador Enrique Inzunza Cázarez. Su encuentro publicitado con Javier Corral y su asistencia a la fiesta familiar del Country Club lo cubren de la ausencia en las sesiones de la Permanente del Congreso y en el periodo extraordinario para el que se excusó por 22 horas.

De todos modos, se pregunta uno: ¿cuál puede ser su plan? ¿Esperar a que lo exoneren formalmente en México? ¿Evitar para siempre cualquier viaje a Estados Unidos?

UNA DESPEDIDA MUY DOLOROSA

Este sábado falleció nuestra compañera Nelly Rejón Ortiz, periodista con décadas de experiencia, pero sobre todo, un ser humano que se ganó el cariño del gremio y de todos aquellos que tuvieron el privilegio de su trato.

Nelly fue esposa del periodista Sergio Galindo Valle, quien desafortunadamente falleció en un accidente automovilístico en plena juventud, cuando las tres hijas del matrimonio eran muy pequeñas. Aunque Nelly ya tenía su tiempo ocupado como maestra -muy comprometida con su carrera-, se dio espacio para trabajar la corresponsalía de Excélsior que Sergio dejó vacante. Estuvo en radio y en diversas publicaciones, siempre con una meta básica: sacar adelante a sus hijas, lo que logró con sobrado éxito.

Hoy nos despedimos de ella, abrazamos a sus hijas y recordamos los muchos momentos luminosos que compartimos con ella, siempre dispuesta al disfrute del momento a pesar de las vicisitudes, incluso a nivel de travesura, como cuando confeccionó una bata de satín rosa para que la usara su compadre Engelberto Esquerra, a quien cotorreábamos en su propia casa por su tendencia a la medicina basada en la buena vibra.

Y la usó.


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