OPINIÓN

Balón Cuadrado | Duda razonable: ¿Y sí, no?

Cdmx | 05 julio 2026 | Stephen Crane | P23

Mientras en el estadio Azteca los dioses del balón tienen un intenso romance con el Tri, que -en un espejismo esférico ya está entre las 16 mejores selecciones- los hace parecer héroes imbatibles, en las calles de la ciudad de México se han soltado los demonios de la desgracia como perros rabiosos.

Ya hubo cuatro muertos por culpa de los desaforados festejos futboleros-patrioteros de un millón 400 mil celebrantes en torno al endemoniado Ángel de la Independencia, alada desgracia.

 Porque coincido con el fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor del célebre libro El Futbol a Sol y Sombra, entre otras obras -también suele atribuirse al histórico director técnico italiano Arrigo Sacchi-: 

El futbol es lo más importante de las cosas que menos importan.»

O lo que alertó el escritor alemán Gerhard Vinnai, en su libro Futbol como Ideología, publicado en 1970 por Siglo XXI Editores:

Los goles convertidos en la cancha son los goles contra los dominados.” 

Ambas simbolizan la esférica estupidez humana: balón como eficaz opio social. 

Más que cualquier religión.

Si lo vemos desde la psicología, cuando los mexicanos celebramos desaforadamente es reflejo de un mar de ancestrales frustraciones sociales y personales y profundos vacíos existenciales.

Llenamos nuestros eternos vacíos con más vacío: una inmunda pelota.

El festejo de triunfos pírricos nos hace, como país, grandiosamente pequeño.  

Porque México es una de las naciones más violentas del planeta, que no está en guerra. Ojalá con esa vehemencia festiva futbolera, exigiéramos erradicar la inseguridad, eliminar la peste de la narcopolítica, acabar con la corrupción o, cuando menos, intentar solidarizarnos con las desamparadas madres buscadoras.

De 2018 a lo que va del 2026 hay más de 130 mil personas desaparecidas; jóvenes en su mayoría. Y, en septiembre, Sinaloa cumplirá dos kafkianos, infaustos, años de imparable narcoviolencia.  

Pero que siga la fiesta del balón.  

Visto con gélida frialdad, sin apasionamiento ninguno, por el motivo que sea, el Tri no ha tenido un rival que lo exija: ni Sudáfrica, ni Corea del Sur, ni República Checa, ni Ecuador. Será otro cantar contra Inglaterra, el próximo domingo.

Sé que se vale soñar con un título mundialista, por supuesto. Pero con los pies en la tierra. 

La maniquea pregunta: «y, si, sí?», tiene antítesis:

Y si, no?” 

Como cada cuatro años sucede, desde la década los 70, la publicidad y la propaganda han envenenado el corazón y el alma de los mexicanos con la cicuta de la manipulable ilusión: muchos ya se sienten campeones mundiales. Y se ha estructurado para crear una narrativa casi inenarrable hazaña heroica, localía y fe, destacando otras arengas:

¿Y si creemos en este momento? ¿Y si esta vez es diferente?»

Otra: «México no necesita cumplir con las expectativas, necesita romperlas».

La última: «Somos México».

Un anodino balón no puede simbolizar un país: porque no es la patria. Representa los intereses de un puñado de empresarios crápulas, dueños del balón, que tienen el signo de pesos dibujado en los ojos, hasta cuando duermen.  

Hay un alto porcentaje de riesgo: el balón podría convertirse, de nuevo, en una sangrienta piedra de los sacrificios de la afición, si los leones ingleses devoran a los súper Ratoncitos Verdes.

 Aunque en el Coloso de Santa Ursula tienen saldo a favor sobre los ingleses: dos victorias y un empate. Donde por cierto, el juego cambió de horario: será a las 12 del día.

 Si bien el baloncito ha tenido la virtud de unir, desde el pasado 11 de junio, a un país polarizado, entre fifis y chairos, gracias a triunfos fatuos, hay riesgo cuando México sea eliminado de que ocurra lo indecible.

 La turba, herida por la derrota, equivale a una manada de elefantes asustada: es incontenible.

El anuncio de la presidenta Claudia Sheimbaun de que haya más pantallas gigantes -el llamado Fan Fest- sobre Avenida Reforma, además del Ángel Independencia, conlleva un riesgo mayúsculo si eliminan a México.

Equivale a echar gasolina al fuego.

Rezo porque ganen los súper Ratones Verdes.