Hijos del Poder | Educación élite para los suyos
Sinaloa | 16 mayo 20/6 | Valentina Ramírez | Parte II
Millones de familias mexicanas hacen fila cada año para recibir uniformes y útiles escolares gratuitos. El gesto ayuda, pero no alcanza para transporte, alimentación, cooperaciones “voluntarias”, reparaciones escolares de urgencia ni el costo silencioso de un sistema educativo que enseña poco tiempo y entrega resultados cada vez más pobres.
Desde José Vasconcelos, la escuela pública mexicana aprendió a sobrevivir administrando carencias: baños inutilizables, ventiladores averiados, aulas saturadas, dobles turnos a matacaballo, jornadas fragmentadas para sostener la ficción burocrática de cobertura universal y 5 reformas que no atendieron lo esencial: los alumnos.
Veredicto de las cifras
Mientras el discurso describe otro mundo, la OCDE sigue colocando a México en el sótano educativo: en la reciente prueba PISA 2022, el país cayó 14 puntos en Matemáticas respecto a 2018, 9 en Ciencias y 5 en Comprensión Lectora. En Ciencias quedó último entre los países evaluados del organismo. La caída fue tan severa que devolvió a México a niveles comparables con sus peores años del siglo. Este es el sistema educativo que el poder administra, pero no necesariamente el que prefiere para los suyos.
La verdadera convicción ideológica no se mide cuando los hijos llegan a la universidad y tienen capacidad para tomar decisiones propias. Se mide mucho antes, cuando son niños y los padres deciden por ellos, imponiendo el sello ideológico familiar. Ahí es cuando se pone a prueba la fe o la lealtad al sistema que se predica desde la tribuna.
Expediente López Obrador
La élite morenista administra una educación pública deteriorada mientras educa a su descendencia en circuitos privados premium, internacionales o hiperselectivos.
José Ramón López Beltrán, hijo mayor del expresidente Andrés Manuel López Obrador, es licenciado en Derecho por la Universidad de las Américas A.C., institución privada, según el Registro Nacional de Profesionistas, donde aparece con la cédula 4845617. El dato no implica irregularidad alguna; cualquier padre con ingresos legales puede elegir educación privada para sus hijos.
Pero lo políticamente interesante está en otro lado: el dirigente que durante décadas construyó una narrativa de izquierda basada en justicia social, defensa del pueblo y crítica al privilegio no colocó a su familia dentro del sistema educativo público que años después su movimiento administraría.
Pero el archivo ofrece un dato más revelador que la universidad. Diversos reportes periodísticos ubican a José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán en la Escuela Logos, un colegio privado de la colonia Del Valle, en Ciudad de México, donde cursaron secundaria y preparatoria con un costo por inscripción y colegiaturas de unos 100 mil pesos al año por los tres (pesos de 2000 y unos 300 mil a pesos actuales). El dato no es anecdótico porque la contradicción política empieza cuando el padre decide por los adolescentes cuya formación depende enteramente de las creencias familiares.
Durante esos años, López Obrador no era un empresario liberal defendiendo libertad irrestricta de elección educativa sino todo lo contrario: ya era una de las figuras más visibles de la izquierda mexicana, con un discurso construido sobre justicia social, educación popular y reivindicación de lo público, universal y gratuito para todos. Si esa convicción era estructural ¿por qué los hijos del dirigente que hablaba en nombre del pueblo se formaron en colegios privados?
