OBSERVATORIO | En busca de un lienzo | Mario Martini
OBSERVATORIO
En busca de un lienzo
Por Mario Martini
Hay ciudades que recuerdan y ciudades que prefieren olvidar. Mazatlán, puerto que mira al sol como si lo hubiera inventado, camina todos los días entre ambas orillas: la memoria y el silencio.
Y, sin embargo, cada cierto tiempo aparece un gesto —pequeño, modesto, pero firme— que nos recuerda que la memoria es también una forma de dignidad.
Hoy, familias de periodistas asesinados y desaparecidos buscan algo tan simbólico como profundo: un muro. Un simple lienzo donde pueda pintarse el rostro de quienes informaron hasta su último aliento. No es una exigencia. No es un reclamo airado. Es una invitación a colaborar, a sumar voluntades, a reconocer que el espacio público también tiene la obligación moral de hablar.

Mural en Morelia, Michoacán
- Las paredes de una ciudad cuentan su verdadera historia. A veces lo hacen a gritos —balazos, ausencias, nombres pronunciados a media voz—. Otras veces, con una ternura inesperada: flores, pinceles, manos extendidas, memoria compartida.
El mural que hoy buscan Tejidos Solidarios y quienes acompañamos esta causa no sólo pretende recordar a periodistas: pretende rescatar la dignidad de sus familias, esas que han cargado con la impunidad como si fuera un segundo luto.
Yo lo veo así:
Un muro no es una afrenta.
Un muro es un espejo.
Y en ese espejo la ciudad puede verse como realmente es: generosa o indiferente, empática o desmemoriada.
En tiempos donde el olvido parece política de Estado, pedir un lienzo es casi un acto de resistencia cívica. Un gesto mínimo, sí… pero cargado de sentido. No se trata de dividir. No se trata de señalar. Se trata de cumplir con algo que nos humaniza: recordar.
Porque la memoria no exige venganza. La memoria pide respeto. La memoria invita a iluminar lo que el país ha dejado en penumbra.
Por eso acompañamos esta búsqueda. Porque Mazatlán puede —y debe— ser la ciudad que abra un espacio para honrar a quienes ejercieron el periodismo como se debe ejercer: con el corazón por delante y el miedo doblado en el bolsillo.
Un muro puede parecer poca cosa. Pero un muro con memoria puede salvarnos del silencio.
Y eso, en un país como México,
es casi un acto de fe.
Saludos cordiales
— MM
OG: mural en Culiacán, Sunaloa
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