OBSERVATORIO

Observatorio | No todo es culpa de la 4T

MARIO MARTINI

Hay una escena de los primeros años de Todos Somos Sinaloa. No ocurrió en alguna oficina de gobierno, en una reunión de especialistas y mucho menos -como muchos aseguran- en una tertulia cantinera en el legendario Club 30- 60-90. Ocurrió en medio del patio de la desvencijada escuela primaria pública Francisco González Bocanegra, en los linderos de la temible y temida colonia Ricardo Flores Magón, al oriente de Mazatlán, considerado entonces como el polígono de mayor violencia por el gobiernos municipal.

Por aquellos días no tenía ni la más remota idea de las honduras de esas aguas pantanosas que el periodista Francisco Chiquete describió con el optimismo muy suyo: “es imposible cruzarlas sin hundirte mientras Elva Esther sea la dueña de la educación en México”

Yo había escrito un reportaje sobre la educación en Sinaloa -que ocupaba los últimos lugares de la tabla nacional, compartiendo honores con Oaxaca donde la CNTE decide cómo y cuándo impartir clases. Topé con los resultados de PISA 2009 y la perspectiva escaló a otro nivel: Sinaloa no era el problema, era un asunto estructural del sistema educativo nacional, pues México ocupaba entonces el penúltimo lugar de los países asociados a la OCDE.

A partir de entonces seguí los resultados de las evaluaciones trianuales solo para confirmar que no nos movíamos de la tabla y que, al contrario, cada vez íbamos peor por una razón muy entendible: los gobiernos priistas o panistas se pasaban por el arco del triunfo las recomendaciones de la OCDE: la educación mexicana ya llevaba una tendencia a la baja sin Morena. No existían la Nueva Escuela Mexicana. Andrés Manuel López Obrador ni el infumable Max Arriaga que luego ayudaron a seguir cayendo con mucho éxito, por cierto.

Providencialmente un amigo de COPARMEX me regaló unos CD’s con las conferencias de Sergio Fajardo que gobernó Cali, la ciudad más violenta del mundo, y la dejó en santa paz. Me enganché (en otro Observatorio les contaré lo que algunos conocen como “el milagro de la Bocanegra”.

¿Culpa de la 4T?

Analizar solo los periodos de López Obrador y Sheimbaum es impreciso e injusto. Pero por supuesto, ambos tomaron medidas que alentaron en muchos sentidos el declive. No fue lo mejor desaparecer al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, ni cambiar la arquitectura institucional de la evaluación y mucho menos dejar los libros de texto en manos de un resentido y oportunista marxista de los 70,

Memoria de los números

Los números, por supuesto, tienen memoria: en 2009 México obtuvo 419 puntos en matemáticas, 425 en lectura y 416 en ciencias. En 2025 fueron 388, 408 y 414. En matemáticas perdimos 31 puntos; en lectura, 17; en ciencias, apenas dos. No es la fotografía de un sexenio, pero sí es la película de una generación.

Y en esa película han fracasado gobiernos de todos los colores, secretarios de Educación, sindicatos, 5 reformas constitucionales, planes de estudio “de vanguardia”, nuevos libros de texto, “novedosos” sistemas de evaluación y mas promesas. Pero tampoco es completamente su responsabilidad.

Durante años, los padres convirtiendo a la escuela pública en guardería, donde dejan a sus hijos por la mañana, como diamante en bruto, para que por la tarde recojan seres humanos brillantes, educados, bien alimentados, disciplinados, preparados y hasta felices.

Pero la escuela no puede cargar sola con toda esta responsabilidad y así lo reconoce la propia Ley General de Educación que no solamente habla de derechos y obligaciones del Estado sino también-y de manera muy importante- de la corresponsabilidad social en el proceso educativo.

Los consejos de participación en la educación fueron la clave legal para anclar la iniciativa Todos Somos Sinaloa:

La ley les atribuye objetivos mucho más ambiciosos: contribuir a que los resultados de las evaluaciones sirvan para mejorar la educación; apoyar acciones para reducir condiciones sociales adversas que afectan a los estudiantes; participar en la protección de la comunidad educativa; contribuir al mejoramiento y dignificación de los planteles; impulsar actividades que favorezcan la formación de los alumnos y fortalecer la relación entre escuela y comunidad.

Incluso se contempla la participación de la sociedad en asuntos que van desde la seguridad y protección civil hasta la obtención de recursos complementarios para el mantenimiento y equipamiento escolar. Es decir, la fórmula no está escondida.

Partimos de una pregunta simple: ¿qué necesita un niño que vive en un entorno de pobreza y violencia para permanecer en la escuela y tener una oportunidad distinta Necesitaba una jornada más amplia, alimentación, atención psicológica, estudios socioeconómicos, participación de la instituciones de educación superior, cómo la Universidad Autónoma de Sinaloa, maestros de la era digital, padres de familia comprometidos, empresarios socialmente responsables y sociedad civil activa.

La escuela comenzó a ser algo más que el edificio donde se daban clases. Se convirtió en una comunidad. Los resultados que registramos entonces fueron extraordinarios: la deserción prácticamente desapareció, el desempeño escolar mejoró y muchos de aquellos alumnos pudieron continuar sus estudios.ñ en los niveles siguientes.

Para explicar el tamaño del desafío utilizaba una imagen que aún conservo:

(…) mientras los niños de Corea del Sur competían en una lancha de fibra de carbono, con doble motor fuera de borda y comunicación satelital, los nuestros lo hacían en una chalupa xochimilca, con un remo y tratando de orientarse con saliva en el índice para saber de qué lado soplaba el viento…”

Así, ¿pues cómo?

En 2025 México obtuvo 388 puntos en matemáticas, frente a 463 del promedio de la OCDE; 408 en lectura, frente a 461; y 414 en ciencias, frente a 482. ¿De quién es la culpa?

Saludos cordiales

MM