OBSERVATORIO

Observatorio | La puerta hacia el no me acuerdo

• La tarde de recuerdos percudidos en que la memoria empieza a convertirse en la última trinchera.-

Cabalgue a todo galope por la vida, en estampida,
sin rienda ni brida, por galerías de abismos suicidas,
empujado por gozosos vientos de impertinencia.
Vida nada reclamo, vida, estamos a mano…

MM

MARIO MARTINI

Nota del autor: al conmemorarse el Día Internacional contra el Alzheimer, recupero este texto publicado en el libro A confesión de Parte de mi autoría.

Hay enfermedades que llegan haciendo ruido y otras que tienen la delicadeza perversa de tocar la puerta sin que nadie las escuche. Así, silenciosamente como la humedad, se va metiendo la desmemoria.

Empieza con una palabra que no encuentras, con un nombre que tarda en aparecer, con las llaves que sabe dios donde están… Luego viene una pregunta necia o una fecha que se confunde o una calle que de pronto es extraña. Nada espectacular.

Hasta que una tarde uno se pregunta si tomar las medicinas en el orden indicado era importante o si lo importante es que olvidaste tomarlas.

El Día de Muertos de 2022 amanecí con una carga expositiva de filosofía existencial, partiendo de la pregunta: ¿cuál es la facultad física que más temo perder o, visto desde otra arista, cómo sería mi transmutación hacia el Chicnauhmictlán?

Cuando todo funciona, no pensamos en estas variantes inevitables de la vida. Pero el mundo cambia cuando llega un torzón paralizante en la zona lumbar que hace del breve espacio de la cama al baño una epopeya como conquistar el Everest en andadera. O cuando te acuestas pesando 90 kilos y despiertas con 120, en tétrica metamorfosis kafkiana. Es entonces cuando surgen soliloquios sobre lo que puede resultar más complicado al envejecer.

Perder la vista sería duro, pero no fatal, a menos que seas relojero, controlador aéreo o agente de tráfico urbano. Borges escribió —los dictó más bien— sus libros sin ver.

Perder el oído va por el mismo rumbo incómodo, pero tampoco es esencial, a menos que seas operador de call center, piloto aviador o músico (y a la mejor ni eso, ahí está Bethoveen).

Quedar mudo está muy lejos de ser la fatalidad mayor, a menos que la hagas de locutor, cronista de boxeo o toros, profesional del karaoke o animador de septuagenarios en alberca turística. Sin embargo, la vida no se detiene e incluso puede haber amigos, familiares o vecinos agradecidos.

Perder la movilidad debe ser terrible, sobre todo si eres gimnasta, militar, bailarín, futbolista o escritor; dramático sí, pero tampoco fatal. Steve Hawkins es una inspiración. A mi padre lo tiraron con intenciones criminales del puente de Tlatelolco, sufrió 9 fracturas en una pierna y 6 en otra, estuvo atornillado a una cama de hospital por más de un año con cables, pesas de tracción y yeso, pero siguió construyendo historias fantásticas y compartiendo sabiduría hasta que el cáncer se lo llevó en 1979.

• Mi madre también quedó dolorosamente inmóvil por un agresivo tumor que reptó por la columna vertebral como trenza de caballo andaluz, pero en ningún momento perdió lucidez y deseo de montar en un avión para regresar a su añorado Mazatlán.

Perder la memoria, eso sí, sería demoledor. Salir de espacio y tiempo, olvidando amores y proyectos, irse a negros como dicen en cine y TV, ni para atrás ni para adelante, atrapado en la enajenación, eso sí, creo yo, sería la pérdida más lamentable.

Guardamos en la memoria el primer beso, la primera borrachera, el regaño del padre, la voz de la madre, la derrota que todavía duele, el amigo que se fue pronto, la canción que nos devuelve veinte años en tres minutos y aquella mesa donde alguna vez bebimos un buen vino convencidos de que el mundo podía arreglarse antes del segundo café.

Por eso, que dejara de cantar, bailar e incluso escribir, pasa. Sufrir esas pérdidas sería irrelevante frente a la tristeza inmensa de olvidar. A como yo lo veo, el corto circuito de los recuerdos me obligaría a bajar de mi 7 Leguas que monto eventualmente, a ni dudarlo. Un torzón lumbar, como quiera… Después de una batería de inyecciones Dolo Neurobrion Forte voy bajando del Everest con todo y andadera.

PD:

• Gracias a todos amigos, seguidores de redes y personas generosas que se preocuparon por mi contractura vertebral que me acercó al dolor de un parto macrosómico.

• Gracias por compartir experiencias, recetas, terapias, régimen alimenticio, pócimas, ejercicios de calistenia y hasta plegarias a San Rafael, el santo curador.

• Gracias a quienes programaron fisioterapias en la Clínica Viva.

• Gracias por estar atentos a la evolución del mal.

• Gracias a quienes cuidan a familiares con Alzheimer, con la esperanza de que algún día la ciencia nos sorprenda con un milagro.

Saludos cordiales

MM