OBSERVATORIO

Observatorio | ¿A quién le habla Harfusch?

Mario Martini

Durante los últimos años de su gobierno, Andrés Manuel López Obrador repitió desde el púlpito presidencial que en México no se fabricaba fentanilo. Lo dijo una y otra vez, frente a los mexicanos y frente al gobierno de Estados Unidos.

Este 4 de septiembre ocurrió algo que obliga, cuando menos, a revisar aquella letanía. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, que no está en el catálogo de los afectos del líder moral de la 4T, anunció -casi en tiempo real- el desmantelamiento de un mega laboratorio clandestino que ocupaba más de media hectárea y donde fueron aseguradas ¡16 toneladas de metanfetaminas! Un golpazo financiero a las arcas criminales, calculado en unos 347 millones de dólares, más de 6 mil millones de pesos, y que tenía años funcionando, pero que nadie del gobierno había visto. Según el mensaje del propio secretario de Seguridad, es el segundo laboratorio más grande destruido en la era de Claudia Sheinbaum.

Hay otro dato que brinca: la operación fue resultado de información de inteligencia proporcionada a la Secretaría de Marina por la DEA, unos días después de que su director se deshizo en elogios para Harsfuch, a quien, supongo, lo mandó de regreso a México con este regalito para meterle leña al caldero político y marcar diferencia entre un mandatario y la otra.

Durante años se ha venido hablando de colaboración con Estados Unidos, pero también de soberanía sin sumisión. Este es el discurso político correcto a la nación. Pero en la realidad, la narrativa va por otro rumbo: la cooperación en materia de inteligencia y seguridad existió en la captura y muerte del Mencho y ahora en el aseguramiento de este mega laboratorio que antes nadie vio. Hay, pues, un golpe de timón en materia de seguridad y, al alimón, un mensaje claro con destinatario conocido.

Ahora bien. Una cosa es golpear la infraestructura criminal, así sea de manera espectacular, pero otra muy distinta prevenir la violencia de las calles que es intermitente, eficaz y fugaz. Y a la que no podrán combatir con patrullajes de disuasión sino con fino trabajo de inteligencia militar..

Ahí está Escuinapa.

Por primera vez en su historia, el municipio no conmemorará su aniversario. No habrá fiesta popular, actividades culturales, deportivas ni la celebración que durante 111 años ha formado parte de la vida social de los escuinapenses. La razón es tan sencilla como dolorosa: el terror impuesto por los grupos criminales se hace cargo ahora del calendario cívico.

Escuinapa no es una plaza cualquiera. Es la frontera sur del estado y, por lo que estamos viendo, también se ha convertido en el epicentro de la disputa criminal para controlar esa región estratégica, pues por ahí se pueden colar otros cárteles de la droga.

Por cierto, el próximo 9 de septiembre se cumplirán dos años de una guerra intestina que ha dejado miles de víctimas y sacado de sus casas a miles de familias. Tan solo en Escuinapa, municipio modesto, más de 3,600 familias han sido desplazadas y ha perdido más de 27 mil empleos formales en este trágico periodo.

El gobierno asegura que la violencia homicida ha disminuido más del 50 por ciento. Puede ser si admitimos que las estadísticas tienen su propia lógica. El asunto es que los números no caminan por las calles.

La destrucción de grandes laboratorios, los espectaculares decomisos de droga y el certero trabajo de inteligencia representan golpes importantes en la estructura operativa de las organizaciones criminales, pero en municipios como Escuinapa, Concordia, El Rosario y Mazatlán los ciudadanos siguen pagando un precio muy alto por no perder la tierra.

Durante 111 años, Escuinapa decidió cuándo y cómo celebrar su historia. Este año los grupos criminales son los que marcaron la logística de la celebración: a puerta cerrada y entre cuatro paredes.

Un pueblo que ha sobrevivido a ciclones, crisis económicas, gobiernos de quinta y muchas calamidades más, ahora tiene que vivir con miedo.

Y eso, por sí solo, dice mucho más que el decomiso de 16 toneladas de droga.

Saludos cordiales.

Mario Martini