Por Francisco Chiquete

Si el prócer prometió llevarnos a Dinamarca en materia de salud, las redes sociales nos ofrecen una navidad tan austriaca, que nos prevenimos para el frío intenso posterior a las nevadas.


Cualquier cocina económica de barrio nos ofrece pavos horneados que hacen palidecer al ganso con que se redimió Ebanezer Scrooge, mientras los tutoriales dicen que preparar bacalao a la vizcaína es más fácil que enchinar unos frijoles refritos, o que no hay nada más sencillo que improvisar una cena con filetes de salmón o con un espagueti a la putanesca., incluidas las anchoas y las alcaparras, por supuesto.

Pero la realidad no se detiene en las recetas de las redes. Este martes la carnicería del barrio,siempre bien surtida, declaró agotado el espinazo de puerco, la cabeza o las costillas de esos animales. El pozole sigue siendo una preferencia mayoritaria para la cena navideña, y no se digan los tamales, aunque aquí ya hay más variaciones, principalmente con los infaltables camarones.


A pesar de la modernidad, las piñatas se mantienen en primera línea, aunque eso sí: algunos artesanos jóvenes y creativos cambiaron ya la imagen del Santa barrigón por un modelo más estilizado, tocado con lentes oscuros y brindando con un tarro de cerveza en la mano que debía llevar las riendas de los renos.

Entre cambios y novedades, la tradición se mantiene. Esta noche repetí el ritual de comprar dulces típicos con mi amigo el Chato Juárez, que anualmente saca su mesa con nueces, higos, dátiles, gomitas y colaciones, cocadas y gomitas, pero también paletas de malvaviscos y de arroz inflado cubierto de chocolate.


Al amparo de bocinas coreanas y papel de China picado (que ahora sí viene de China), la navidad mantiene y renueva su ambiente fraterno.


Mi familia se reúne otra vez en torno al gran patriarca don Carlos Hernández, y luego hay que partir la noche para alcanzar a cantar la posada con los Chiquete, que mantenemos esa costumbre porque a mi madre le gustaba ver a sus hijos, nietos y bisnietos reviviendo el legendario peregrinar de María y José, para luego arrancar a la misa de gallo.

Se volveràn a encender las luces de bengala y otra vez recordaremos que mi hermano Chito solía cantar de niño “entren Santos femeninos/ femeninos…”

Con el dulce dolorcillo de la nostalgia, conmemoraremos un cumpleaños más de nuestra madre, doña Chuyita Cristerna y desearemos paz y felicidad a todo el mundo.
Que así sea.