POLÍTICA

La narcoelección de 2021 vuelve a la agenda: Zamora revive denuncia en pleno estreno de «La caída de El Mayo»

• ¿Coincidencia mediática, reposicionamiento político o aprovechamiento de una coyuntura que vuelve a colocar a Sinaloa bajo los reflectores nacionales?

Mazatlán, Sinaloa | 30 de octubre de 2026 | Director: Mario Martini | Observatorio P23

Hay historias políticas que esperan el momento oportuno para volver a salta a la cancha mediática.

La denuncia de Mario Zamora Gastélum sobre la presunta intervención del crimen organizado en las elecciones de Sinaloa de 2021 es una de ellas y no es nueva. El entonces candidato a gobernador impugnó los resultados, denunció amenazas y privaciones ilegales de la libertad contra operadores políticos y electorales, y sostuvo que el ambiente de intimidación fue tan grave que ningún abogado en Sinaloa quiso firmar su recurso.

También es conocido el respaldo que, según su testimonio, recibió de Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, quien envió un abogado desde la Ciudad de México para acompañar la impugnación.

Lo que merece atención ahora no es la repetición de aquellos acontecimientos, sino el momento y el contenido con que vuelven a difundirse.

Otro contexto

El 7 y 8 de agosto pasado, Zamora llevó a Nueva York su conferencia «El candidato a gobernador que compitió contra el crimen organizado: La historia no contada de la elección de Sinaloa 2021», durante la XXVI Cumbre Latinoamericana de Marketing Político.

Sin embargo, en la difusión periodística de su participación, el 29 de octubre, apareció una afirmación que trasciende el relato de su impugnación.

Zamora sostuvo que, después de cinco años, no existe un indicador que permita afirmar que Sinaloa va bien. Por el contrario, relacionó el deterioro de las condiciones del estado con lo que considera las consecuencias de aquella elección.

Su planteamiento fue particularmente contundente:

Un grupo delictivo se roba una elección, se queda con el gobierno, y una vez que se queda con el gobierno termina pasando un desastre para toda una comunidad, para toda una sociedad».

No se trata solamente de recordar una derrota electoral. Es una interpretación política que vincula directamente el proceso de 2021 con la crisis de seguridad y sus consecuencias sociales y económicas actuales.

Una afirmación de esa dimensión exige algo más que memoria testimonial: pruebas, documentos, resoluciones y una revisión de las responsabilidades institucionales.

Netflix y la coyuntura

El 29 de octubre, Netflix estrenó «La caída de El Mayo», serie documental de tres episodios dirigida por Darren Foster y Miguel Fernández Flores.

La producción reconstruye la trayectoria de Ismael Zambada García, las circunstancias de su detención en Estados Unidos el 25 de julio de 2024 y las interrogantes sobre una posible traición u operación detrás de su captura.

La plataforma anunció el estreno desde el 15 de octubre. La coincidencia con la reaparición mediática del testimonio de Zamora es, por tanto, verificable.

Ambos contenidos, aunque distintos en naturaleza y propósito, vuelven a colocar a Sinaloa en el centro de una discusión nacional e internacional: el poder del narcotráfico, sus redes de influencia y las consecuencias de su relación con las instituciones.

El documental aborda la estructura criminal y la caída de uno de sus principales dirigentes. Zamora recupera una denuncia sobre la presunta intervención de grupos criminales en la competencia por el poder político e incluye, por supuesto, la supuesta reunión en la que El Mayo sería mediador entre Rubén Rocha Moya y el diputado electo Héctor Melesio Cuén Ojeda, asesinado en este encuentro al que no asistió el gobernador. .

Son historias diferentes, pero convergen en un mismo territorio: Zamora ha sostenido que Rocha Moya llegó con apoyo del crimen organizado. En la serie de Netflix, El Mayo es dibujado como el negociador político del Cartel de Sinaloa.

En política no hay coincidencias

No hay elementos documentales para afirmar que la publicación del testimonio de Zamora haya sido planeada para circular con el estreno de Netflix, ni que exista una estrategia concertada entre ambos contenidos, pero tampoco puede ignorarse la oportunidad mediática.

Zamora es hoy diputado federal y su relato recupera una experiencia electoral que puede adquirir nueva relevancia en la discusión política rumbo a 2027. Presentarse como el candidato que denunció la intervención criminal desde 2021 también contribuye a reconstruir su perfil público en un momento en que la seguridad y la relación entre política y narcotráfico ocupan un lugar central en la agenda sinaloense.

Cinco años después de aquella elección, la discusión no debería agotarse en quién respaldó a Mario Zamora ni en quién se negó a firmar su impugnación sino en qué mecanismos existen hoy para impedir que el crimen organizado vuelva a condicionar la voluntad ciudadana.

Porque si algo demuestra la experiencia de Sinaloa es que la democracia no se defiende únicamente durante las campañas ni termina cuando se cuentan los votos.

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