Comunidades indígenas exigen participar en el destino de Ohuira
Cuarta mesa de diálogo confronta visiones ambientales, científicas y sociales sobre la planta de amoniaco; persisten reclamos por derechos indígenas y riesgos ecológicos
Culiacán m, Sinaloa | 21 julio 2026 | Redacción P23
La discusión sobre el futuro de la Bahía de Ohuira entró en una nueva etapa este lunes con la realización de la cuarta mesa de diálogo convocada por el Gobierno de México, donde comunidades Mayo-Yoreme, especialistas, académicos, organizaciones civiles y representantes de la empresa Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) confrontaron argumentos científicos, ambientales y sociales alrededor del proyecto de la planta de amoniaco en Topolobampo.
La sesión estuvo centrada en los impactos ambientales, el ordenamiento ecológico y la conservación del sistema lagunar, considerado uno de los ecosistemas más relevantes del noroeste del país por su biodiversidad, actividad pesquera y valor cultural para los pueblos originarios.
Comunidades piden ser parte de las decisiones
Representantes Mayo-Yoreme reiteraron que la Bahía de Ohuira constituye parte esencial de su territorio, identidad y forma de vida, por lo que insistieron en que las decisiones públicas no pueden limitarse a criterios técnicos o económicos, sino incorporar de manera efectiva el conocimiento tradicional y la participación directa de las comunidades indígenas.
Durante la mesa solicitaron además la realización de un encuentro específico sobre derechos humanos, con la participación de las 11 relatorías de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, al considerar que el proyecto también involucra derechos colectivos, ambientales y culturales.
Empresa expone programas ambientales
Gas y Petroquímica de Occidente presentó un balance de las acciones ambientales desarrolladas alrededor del proyecto, entre ellas monitoreo permanente de agua y aire, conservación y reforestación de manglares, rescate y reubicación de fauna silvestre, seguimiento de tortugas marinas, aves y delfines, además de programas de biodiversidad sustentados —según la empresa— en 311 estudios ambientales.
La compañía reiteró su disposición para mantener esquemas de monitoreo con participación comunitaria y continuar fortaleciendo medidas de mitigación ambiental.
Académicos cuestionan estudios técnicos
Especialistas y académicos participantes sostuvieron que aún existen interrogantes relevantes sobre la viabilidad ambiental del proyecto.
Entre los principales cuestionamientos destacaron los modelos hidrodinámicos utilizados, los tiempos de renovación del agua en la bahía, la protección del sitio Ramsar, los posibles impactos acumulativos sobre pesquerías y biodiversidad, así como la necesidad de evaluar conjuntamente todos los desarrollos industriales previstos para la región.
También señalaron la importancia de incorporar los conocimientos generados por las propias comunidades que históricamente han habitado el sistema lagunar.
Gobierno reconoce la complejidad
Al cierre de la jornada, el Gobierno de México reconoció que el caso reúne intereses legítimos que deben equilibrarse: la protección ambiental de la Bahía de Ohuira y los derechos del pueblo Mayo-Yoreme, frente a las expectativas de inversión, producción de fertilizantes y desarrollo económico que representa la planta de amoniaco.
Las autoridades sostuvieron que las mesas de diálogo no constituyen un trámite administrativo, sino un espacio para contrastar información, construir confianza y garantizar que cualquier decisión futura se adopte con apego al Estado de derecho y con base en la mejor evidencia disponible.
La polémica va más allá del impacto ambiental

La controversia sobre la industrialización de la Bahía de Ohuira no se limita únicamente al proyecto de amoniaco.
Como ha documentado Paralelo 23, en la misma zona también se proyecta el complejo de metanol Pacífico Mexinol, lo que ha incrementado la preocupación entre especialistas por los efectos acumulativos de ambos desarrollos sobre uno de los sistemas lagunares más importantes del Golfo de California.
A ello se suma un elemento que ha cobrado mayor relevancia durante los últimos meses: el riesgo sísmico.
Diversos especialistas recuerdan que la región forma parte del sistema tectónico asociado al Golfo de California y su conexión con la Falla de San Andrés. El Servicio Sismológico Nacional ha documentado cientos de movimientos telúricos en esa zona, incluidos sismos de magnitud cercana a 6 registrados frente a Topolobampo en 2009 y 2012.
Investigadores consultados por organizaciones opositoras consideran que la combinación de actividad sísmica y suelos lagunares poco consolidados podría favorecer fenómenos de licuación del terreno, con posibles implicaciones para cimentaciones, ductos y tanques de almacenamiento de instalaciones industriales de gran escala.
Mientras continúan las mesas de diálogo federales, el debate sobre el futuro de Ohuira permanece abierto entre quienes privilegian el desarrollo industrial estratégico para la producción de fertilizantes y quienes consideran que el patrimonio ecológico, pesquero y cultural de la bahía debe mantenerse como prioridad nacional.


