SEDENA releva mando militar en Sinaloa tras entrega del general Gerardo Mérida
Sinaloa | 18 mayo 2026 | Redacción P23
La Secretaría de la Defensa Nacional realizará un relevo en la comandancia de la 9/a Zona Militar con la llegada del General Julio César Islas Sánchez en sustitución del General Santos Gerardo Soto, en un movimiento que ocurre en medio de la crisis política y de seguridad detonada tras la entrega del exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, General en retiro Gerardo Mérida Sánchez, ante autoridades estadounidenses.
El cambio ocurre en un momento especialmente delicado para la estructura de seguridad estatal. Mérida no fue una designación política surgida del círculo cercano de Rubén Rocha Moya, sino un perfil impulsado desde el ámbito castrense, como ha ocurrido en múltiples entidades donde la conducción de las secretarías de seguridad estatales ha quedado bajo influencia directa de mandos militares o de la Guardia Nacional.
Aunque no existe posicionamiento oficial que vincule ambos hechos, el relevo es leído en círculos políticos y de seguridad como una maniobra de contención institucional y control de daños dentro del propio aparato militar, ante el impacto político que ha generado que uno de sus cuadros recomendados terminara bajo proceso fuera de México.
La llegada de Islas Sánchez se da además en un contexto de violencia persistente, disputas criminales y cuestionamientos sobre la eficacia del modelo de militarización de la seguridad pública en Sinaloa.

Contexto
Desde hace varios años, los gobiernos estatales han cedido espacios estratégicos de seguridad a perfiles provenientes de SEDENA o Guardia Nacional bajo la lógica de fortalecer control territorial y coordinación federal. El caso Gerardo Mérida abre ahora preguntas incómodas sobre filtros internos, responsabilidad institucional y costos políticos de ese modelo.
Editorial P23
Cuando un mando recomendado desde la estructura militar termina bajo investigación internacional, el problema deja de ser exclusivamente político y se vuelve sistémico. Cambiar nombres puede contener el golpe mediático; responder por los mecanismos que fallaron es otra historia.

