La mina exige algo más que persistencia: exige respuestas y quizá hasta un milagro que, aunque poco probable, aún flota en el aire .-
El Rosario, Sinaloa | 21 abril 2026 | Por Mario Martini
La mina Santa Fe se ha negado a devolver a Leandro Isidro Beltrán. Han pasado 27 días con sus noches desde el colapso de la presa de jales del 25 de marzo y, en el fondo de la tierra, lo único que persiste es la incertidumbre y afuera, en cambio, lo que queda se va apagando de a poquito: la fe de una familia que no se mueve, suspendida en el tiempo y la esperanza.
Trescientos metros arriba, en el Puesto de Comando, autoridades federales y estatales diseñan, discuten, intercambian conocimientos y propuestas. Diagraman, buscan huecos con tecnología de punta, mantienen alerta a los perros rastreadores, toman decisiones de seguridad para no hacer más grande el drama y mantienen la operación activa.
La coordinadora Laura Velázquez Alzúa vive en la zona minera y está al frente de todas las reuniones de estrategia. Ha puesto su su presencia como ejemplo y motivación. Se le reconoce.



al frente de las decisiones
Los informes de la Coordinación Nacional de Protección Civil se repiten, son copia de ayer, antier, anteayer….: “operativo continúa hasta encontrarlo”, es la orden desde la presidencia de la república.



El último reporte agrega solo algunos elementos técnicos de esperanza a los anteriores: usan binomios caninos, refuerzan la bocamina, llegan más expertos, continúan los trabajos en la zona del rebaje 48-2, meten maquinaria, inspección especializada y presencia firme de Sedena, Marina, CFE y equipos locales. El mensaje es técnico y constante: la búsqueda no se detiene.



para no crecer el drama
Pero el tiempo no perdona. Cada día sin respuesta es una presión distinta: sobre la tierra, sobre las decisiones, sobre quienes esperan. La familia de Leandro -“el último minero”, como ya lo nombran en voz baja- no pide explicaciones sofisticadas. Pide lo esencial: que vuelva.



Mientras las brigadas avanzan con pies de plomo, dando pasos certeros, tanteando el terreno, metro a metro, la mina se convierte en un símbolo incómodo. De un lado, el empuje de hombres y máquinas; del otro, lo intangible, lo que no se ve pero se siente: la esperanza que niega extinguirse. Y en medio de ruidos de taladros gigantes que rompen la tierra para reclamarle a uno de los suyos, el silencio que se alarga y no se apaga. La operación sigue. La fe también.

Editorial P23
Cuando la técnica se va apagando, queda la voluntad humana que por más empeñosa que sea no sustituye resultados. La mina Santa Fe exige algo más que persistencia: exige respuestas y quizá hasta un milagro poco probable.. Cada día sin Leandro Isidro no solo prolonga la búsqueda, pone a prueba la credibilidad del sistema y el poder de la fe. Hasta encontrarlo.
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